Fernando Navarro-El Español
  • Tal vez las vías ferroviarias españolas estén deficientemente mantenidas, pero los medios gubernamentales están engrasados a la perfección.

Tras la tragedia de Adamuz, el ministro de Transportes echó mano al manual.

No exactamente al de transporte ferroviario, sino al de propaganda. Y así encontró la recomendación número uno: echar la culpa a alguien de derechas.

La cosa no era fácil. En la dana de Valencia se pudo tapar la carencia de infraestructuras hidrológicas, competencia gubernamental, con las competencias regionales de emergencias y la incompetencia general de Mazón.

Pero, se mire como se mire, tanto el gestor de la infraestructura ferroviaria (Adif) como el operador de transporte (Renfe) dependen del Ministerio.

Puente intentó entonces, tímidamente, culpar al operador privado. Así empezó a decir que los trenes de Iryo eran más pesados, e incluso que podían llevar algo colgando que habría arrancado los raíles. Los trenes privados son obesos, y en cambio los de Renfe se deslizan por la vía como elfos, parecía sugerir el relato.

Tampoco funcionó.

Lo importante, para alejar la responsabilidad, era dejar claro que no había existido ningún problema con las vías, ni en su instalación ni en su mantenimiento, y por eso el ministro Óscar Puente afirmó tajante que «esta línea, la Madrid-Sevilla, ha sido renovada completamente a partir del año 2021».

«Nos ha costado seiscientos millones», añadió.

Pero el panorama mediático ha cambiado drásticamente, y ahora pululan por la red, entre gente muy rara, verdaderos expertos. Estos enseguida mostraron que, en las fotos del accidente, podía verse que uno de los raíles había sido fabricado en 1989, es decir, que no se había renovado desde la inauguración de la vía.

Así que Puente tuvo que volver a salir a los medios para insultar a la obtusa derecha que había entendido que «completamente renovada» quería decir renovada por completo.

En esto recordó al Milagroso Max de La princesa prometida cuando explicaba la diferencia «entre estar totalmente muerto y muerto en su mayoría».

Pero RTVE salió inmediatamente a defender al ministro. Lo que ha habido es una «renovación integral» que no afecta a todos sus elementos, explicó Javier Ruiz con una serie de gráficos. Que no os enteráis, fachitas.

Luego, Silvia Intxaurrondo le hizo una entrevista tan suave que al ministro se le escapó una frase inconveniente al final: «así da gusto». Si da gusto no es una entrevista sino un masaje, recordó Elisa Beni. Y no uno cualquiera.

Todo esto demuestra que tal vez las vías ferroviarias estén deficientemente mantenidas, pero los medios gubernamentales están engrasados a la perfección. A fin de cuentas, el coste de la renovación completa ma non troppo de la vía Madrid-Sevilla fue de seiscientos millones de euros, mientras que el presupuesto de RTVE es de 1.200.

Por eso el presidente Pedro Sánchez insistió desde el primer momento en que había que informarse por los medios oficiales para evitar la desinformación.

Mientras tanto, en el medio oficial RTVE, una tertuliana explicaba el accidente diciendo que las ruedas de los trenes son «una especie de cuadrado», y en el medio oficial La SER se decía que un maquinista que acababa de pasar por el lugar del accidente no había notado nada en las vías (recordemos: había que alejar la sospecha de ellas), omitiendo que circulaba por una vía distinta.

Tal vez Javier Ruiz podría haber explicado la diferencia entre desinformación total y desinformación integral, en la que no se cambian todos sus elementos.

En las redes, fuera de los medios oficiales, un friki, el experto en accidentes ferroviarios Gareth Dennis, señaló desde el primer momento que el origen del accidente podría estar en una soldadura entre un raíl nuevo (posiblemente el de un cambio de agujas) y uno antiguo, y esta posibilidad fue recogida el lunes por El Mundo.

«De nuevo un bulo como una catedral, y en portada. Pasan los años y todo sigue igual: desgracia, seguida de intoxicación». Eso dijo el ministro por la mañana en un indignado tuit, y esa misma tarde confirmó exactamente la versión de El Mundo en una entrevista.

Es decir, el Gobierno está perdiendo el control del «relato», cuando lo único que puede ofrecer a la ciudadanía es relato. Por eso en Davos, mientras algunos líderes europeos hacían discursos de estadista, Sánchez consideró prioritario acabar con los trolls en las redes, a pesar de que el mayor ejército es el suyo.

Fuera del relato, en el mundo real, es indiscutible la percepción de deterioro del servicio público que tienen los ciudadanos.

En lo que se refiere a la Alta Velocidad, que era la joya de la corona del transporte, ahora parece un anciano sometido a los achaques de los retrasos, los trenes parados en las vías, y ahora la evidencia de que estas son menos seguras de lo que creíamos.

A esta última percepción ha contribuido eficazmente el propio ministro al asegurar que el defecto de Adamuz era indetectable (así que puede haber muchos otros sin detectar) y al empezar una errática política de reducción de las velocidades que parece confirmar que las advertencias de los maquinistas, hasta ahora ignoradas, podían tener algún fundamento.

Y los frikis de las redes siguen zascandileando, y ahora han descubierto que los pliegos con los que Adif licitó las obras del tramo de Adamuz contenían errores que contradecían la propia normativa ferroviaria.

Y los frikis progubernamentales (véase al experto ferroviario Roger Senserrich) permanecen ominosamente callados, lo que indica que la cosa está mal para Puente y Sánchez.