Ignacio Camacho-ABC
- Convencido de que nunca pasa nada, Sánchez ha dejado atrás la tragedia ferroviaria para iniciar la contraofensiva táctica
Son maestros de la distracción. Como no tiene que preocuparse de gobernar sino sólo de mantener el poder, el sanchismo se ha especializado en la política espectáculo, un género cuya base consiste en mantener la atención del público-electorado mediante continuos giros de guion, cambios de escenario y demás recursos dramáticos. Una mezcla de narrativa y de teatro, de trucos comunicativos destinados a dominar la conversación pública a través de la propaganda y el relato. Es fácil, aunque la oposición no acaba de hacerse cargo: una vez descartada la necesidad de gestionar asuntos de Estado basta con convertir cada decisión en un elemento de debate capaz de polarizar a la sociedad, desconcertar a los adversarios y achicar el campo al diálogo.
La iniciativa popular sobre regularización de inmigrantes fue aceptada hace casi dos años por la inmensa mayoría del Congreso (excepto Vox) pero el Gobierno congeló su tramitación a la espera de mejores tiempos. Y ahora parece haberlos encontrado en el contexto de sus propios aprietos. A saber: aleja del foco la polémica sobre el accidente de Adamuz; acerca a Podemos –de hecho Moncloa ‘regaló’ a Irene Montero la primicia del acuerdo– a cambio de que levante su veto a la cesión a Cataluña de las competencias sobre control de extranjeros, y proporciona combustible electoral a Abascal para poder luego explotar el miedo a su ascenso. Tres objetivos de un solo golpe: negocio perfecto.
Pues no era suficiente. Sacar del primer plano la tragedia requiere un mayor esfuerzo en el contrataque. Así que metieron en un mismo decreto la revalorización de las pensiones y la protección a los ‘inquiokupas’ para forzar el voto en contra de los populares. Aunque esta maniobra ya la han repetido otras veces sin resultados notables, durante unos días mantendrá a Feijóo ocupado en explicar su postura a unos jubilados inquietos por su nómina menguante. Y para redondear la jugada le han ofrecido un par de cabezas subalternas a los independentistas catalanes, que ante el caos de la red de cercanías habían empezado a cabrearse. Un explícito mensaje de que no todos los españoles son iguales a la hora de exigir responsabilidades.
El resumen es que Sánchez ha pasado página. Ha tenido una semana mala pero en su cabeza ya ha dejado atrás la catástrofe ferroviaria. Se va a ausentar del funeral de Huelva –el galgo de Paiporta transformado en el fantasma del Odiel– no vaya a sucederle lo que a Mazón en el de las víctimas de la dana; en ciertas circunstancias es mucho más seguro quedarse en casa. Afuera la tormenta durará un tiempo y Puente tendrá que seguir poniendo la cara a riesgo de que se la partan, pero siempre que llueve escampa y además sus colaboradores ya saben que han de vivir bajo un tren de borrascas. Para eso les pagan. La estrategia de la resistencia se fundamenta en la convicción de que nunca acaba ocurriendo nada.