Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Habría sido sensible a casi todos los grupos británicos de los sesenta y setenta, a muchos estadounidenses de la misma época, a Serrat y a Humet. Háblame de Genesis y tendrás toda mi atención. La puntería de Apple al segmentar o definir targets es nula

El Gran Reemplazo parecía una teoría conspirativa de extrema derecha y ha resultado ser una conspiración real de extrema izquierda. El control de las grandes tecnológicas sobre nuestras vidas parecía una conspiración real del capitalismo y resulta ser una teoría conspirativa de la izquierda de todos los partidos, parafraseando a Hayek. Los argumentos son variados, aunque a mí me basta uno. Después de ser cliente de Apple durante 18 años, el reclamo que la empresa utiliza para que me una a su servicio de música –lo que sería una estupidez existiendo Spotify– es la presencia de Bad Bunny en el Apple Music Super Bowl LX Halftime Show. Supongo que en el intermedio de una competición (que no vería ni que me pagaran mil euros) va a hacer sus cosas un artista (al que no iría a ver ni que me pagaran dos mil euros).

Ni entiendo el fútbol americano ni me complace la manera en que ese pesado pervierte la sensibilidad musical de la juventud. Por lo demás, no creo que, por edad, encaje en el segmento de consumidores ni en el target publicitario del conejo malo. Pero, según nos dijeron, existía un peligro muy grande con la microsegmentación del mercado, y había que estar muy asustados y muy indignados porque las tecnológicas lo sabían todo sobre nosotros. Un poquito de sentido común. Usted o yo no le importamos tanto a las tecnológicas. No le importamos nada, de hecho. Es la confusión de los agregados. Puede que les interesen las tendencias. Sí, claro. Pero no dan una, como lo demuestra que me pongan a Bad Bunny de señuelo. Situación imposible, pero aceptable como hipótesis de trabajo: si me pillan planteándome pasar de Spotify al abuso musical de Apple (que estuvo unos años cobrándome un euro por canción cuando los suecos no se habían establecido adecuadamente en España), lo habría descartado por mencionarme a Bad Bunny.

Habría sido sensible a casi todos los grupos británicos de los sesenta y setenta, a muchos estadounidenses de la misma época, a Serrat y a Humet. Háblame de Genesis y tendrás toda mi atención. La puntería de Apple al segmentar o definir targets es nula. Y si semejante gigante tecnológico, que ha cambiado la vida de tanta gente, no sabe hacer esas cosillas a la hora de vender sus productos y servicios, imagínate tú lo que acertaría si se tratara de impulsar intereses ajenos. El peligro de la microsegmentación, a la que se viene culpando de grandes males políticos desde el éxito del Brexit, es un mito. Una trola más para interferir en la soberanía de las naciones desde el multilateralismo. Los ursulinos quieren fiscalizar las «campañas de desinformación extranjera» para que los gobiernos de la UE, que son unos mandados, desoigan a sus pueblos, que son los soberanos. Véase Rumanía. Las tecnológicas, las grandes plataformas, no saben microsegmentar, pero los bots rusos que usaron los separatistas catalanes sí. ¡Anda ya! Otra cosa es que hagan ruido. Cualquiera puede gritar en el ágora