Editorial-El Correo

  • El arreón electoral del populista Nigel Farage en las municipales supone un paso atrás en el intento de Keir Starmer por acercarse a Bruselas

El arreón electoral del populista Nigel Farage en las municipales del Reino Unido supone un paso atrás en el intento que lidera el laborismo de Keir Starmer por acercarse a la Unión Europea. El espaldarazo conseguido por Farage, firme defensor del Brexit y de las políticas ultranacionalistas, se puede interpretar como un frenazo a la recuperación de la armonía que debe presidir las relaciones entre Gran Bretaña y la casa común europea de la que fue parte hasta el fatídico referéndum de junio de 2016, en el que se ratificó su salida. Una involución que agudizará si Farage, antieuropeísta y antiinmigración al frente de Reform UK, prolonga su racha en las generales que determinarán la composición de la Cámara de los Comunes en Westminster. El triunfo de la extrema derecha en los comicios locales es también un varapalo para el bipartidismo británico, especialmente «duro» para el partido laborista al cuestionar el liderazgo como primer ministro de un Starmer que se resiste a la dimisión. Farage, aliado de Trump, recoge el descontento social incluso de las clases trabajadoras por el aumento del coste de la vida. Pero está por ver, como ocurre con la ola ultra, si está capacitado para gestionarlo al asumir el poder.