Editorial-El Correo
- Trump obstaculiza la defensa del país invadido y colma de concesiones a Putin para obtener a cambio una mísera simulación de negociaciones
En absoluto puede considerarse una novedad el acuerdo de Volodímir Zelenski en congelar la guerra en el actual frente. Lo aceptó cuantas veces le instó a hacerlo Estados Unidos y no constituye cesión alguna de soberanía sobre el territorio ocupado por Rusia en casi cinco años de invasión. Solo sería un paso para empezar a hablar y, más importante aún, para detener las matanzas que Vladímir Putin perpetra cada día en su implacable propósito de apoderarse de Ucrania o hacerla inhabitable mediante la destrucción de su sistema energético. El gran obstáculo para explorar un final dialogado del conflicto no está en Kiev, sino en Moscú.
Hasta Donald Trump acusará la humillación que representa la última visita de su enviado a San Petersburgo. Steve Witkoff distinguió al autócrata ruso con el calificativo de «humanitario» por liberar a un preso estadounidense, oportuno abono para la vanidad del republicano. A cambio, el jefe del Kremlin consintió en reanudar, a partir del día 10, las conversaciones trilaterales interrumpidas desde febrero. Apenas horas después del anuncio de este nuevo simulacro de negociación cayeron en la capital ucraniana tres misiles balísticos con ojivas de racimo, una munición controvertida para usarla contra objetivos militares y un crimen de guerra si se lanza sobre blancos civiles en una ciudad de tres millones de habitantes.
Rusia esconde tras el estruendo de los bombardeos su fracaso expansionista. La abierta colaboración de EE UU para chantajear a Ucrania y forzar su capitulación no mueve un milímetro al Kremlin de sus originales objetivos. Y el esfuerzo de Washington para rendir a los ucranianos pasa por reventar el sistema de sanciones internacionales a Rusia, exigir elecciones en plena guerra, la asfixia financiera y militar y la privación de la inestimable ayuda de los satélites para defenderse.
Putin y Trump trabajan para dictar la paz, sin Ucrania y sin Europa. Ambos trazan un horizonte de encuentros con Xi Jinping y en el G20 en los que sentar las bases de una arquitectura de seguridad para el continente que combinaría el abandono de los compromisos de EE UU y los apetitos de dominación de Rusia. La próxima cumbre extraordinaria de la UE deberá encontrar el modo de afrontar las crecientes necesidades financieras de Kiev. Y lidiar con la beligerancia que anticipan Marine Le Pen o la líder de la AfD alemana desde lo alto de las encuestas.