Enrique Portocarrero-El Correo

  • Trump y las grandes tecnológicas norteamericanas están muy molestas con el modelo regulatorio de la Unión Europea en el ámbito digital

Ya se atisba la siguiente guerra de Donald Trump contra sus sufridos aliados europeos. En efecto, tras el comercio y Groenlandia ahora toca el universo digital. Trump y las grandes tecnológicas norteamericanas están muy molestas con el modelo regulatorio de la Unión Europea en el ámbito digital. En concreto, no solo rechazan las normas europeas que previenen y sancionan los abusos de posición dominante, sino también la Ley de Servicios Digitales que garantiza un entorno digital más seguro, justo y transparente.

Ni que decir tiene que Trump y los gigantes tecnológicos ya están afilando sus armas, especialmente tras haber intensificado últimamente la Unión Europea sus multas a esas empresas, como los 2.950 millones de euros impuestos a Google por abuso de posición dominante en publicidad, los 500 millones a Apple o los 200 millones a Meta por vulnerar la Ley de Servicios Digitales y los 120 millones a X por incumplir normas de contenido.

El preludio de la batalla se sustancia por parte norteamericana en las críticas a multas y sanciones, en amenazas de aranceles y represalias comerciales, en advertencias públicas del regulador estadounidense y en posibles sanciones a los responsables europeos. Por supuesto, este choque se explica por la colisión de dos modelos digitales diferentes: El norteamericano, con prioridad a la innovación, al mercado y al crecimiento empresarial; y el europeo, con una regulación que trata de evitar abusos y perjuicios.

Como posible arma frente a un ataque, la UE tiene el «bazooka» de la anti coerción, es decir, el instrumento de represalia nunca utilizado que podría afectar a los servicios digitales y tecnológicos norteamericanos en Europa. ¿Llegará la sangre al río? Quien sabe, pero la guerra sería mala para todos. Para Estados Unidos, sí, porque es superavitario en servicios digitales con Europa; y también para esta última, porque su dependencia tecnológica de los Estados Unidos es evidente. Digamos, entonces, que sigue vigente el viejo adagio de Raymond Aron: La paz es imposible, la guerra improbable.

¡A robar!

El videojuego ‘Relooted’ parece una distopia imaginada por el inefable Manolo Borja Villel, el ex director del Reina Sofía que esta semana ha vuelto a la carga con las restituciones de obras de los museos, diciendo «que hay que devolver todo lo que se robó». Bueno, pues vean este videojuego «Relooted», creado por el sudafricano Nyamakop para Xbox y Microsoft Windows, donde los jugadores intentan recuperar piezas culturales africanas reales que se encuentran en museos occidentales. ¿Es robar recuperar lo robado? La pregunta se formula en el trailer de ‘Relooted’. Por supuesto, sus desarrolladores afirman que no debe tomarse en serio la idea de robar piezas culturales, aunque su iniciativa sí busca reflejar la frustración por el expolio cultural africano. El juego incluye 70 objetos para robar, algunos bien conocidos en el debate sobre las restituciones. Pues nada, ¡a robar!

Suspense anticipativo

El suspense, la curiosidad y el deseo anticipativo mueven montañas. Lo saben bien los magos del marketing, sumos sacerdotes a la hora de estimular el consumo mediante adelantos dosificados. Un teaser, se dice ahora, aunque el anglicismo no sea otra cosa que un adelanto, un señuelo o simplemente un trailer en el caso del cine. Pues sí, todo ello lo están manejando ahora con sabia mercadotecnia Steven Spielberg y la Universal a cuenta de ‘Disclosure Day’, la película que estrenarán el próximo mes de junio. Tratándose de la vuelta de Spielberg a la ciencia ficción, nada como un segundo trailer opresivo en la publicidad emitida el pasado domingo en la Super Bowl, generando suspense y curiosidad, expectación e intriga, con una narrativa que alude al descubrimiento de una verdad extraterrestre que conmocionará a la humanidad. Pero, ¿se garantiza con ello el éxito en la taquilla? Pues siento decir que eso no lo puede asegurar ni el mismísimo Spielberg, cuya última película, ‘Los Fabelman’, no fue sino un fiasco económico.