Ignacio Camacho-ABC

  • Aún nos quedaba por ver al tipo que entregó el Sahara posando de defensor de Groenlandia, Venezuela o Ucrania

Ves a Pedro inflando el pecho –’pechojierro’ se dice en Andalucía– en la cumbre por Ucrania y te preguntas si sus colegas recordarán que se ha escaqueado del aumento de gasto en defensa. Un asunto que ahora, con Groenlandia en el punto de mira de Trump y Zelenski dispuesto a tragarse una paz con pérdidas territoriales sin vuelta, adquiere una importancia distinta en el marco de la seguridad europea. Porque todo eso queda muy lejos de España, pero en la frontera sur late un problema que si alguna vez se plantea en serio, Dios no lo quiera, habría que abordar no sólo sin ayuda externa sino con los Estados Unidos empujando en dirección opuesta. Es decir, con nuestras propias –y escasas– fuerzas en medio de lo que el Rey ha llamado un orden global sin reglas.

Para no salir mal retratado, Sánchez ha ofrecido, y ha hecho lo correcto, tropas de supervisión de la futura y aún incierta paz ucraniana. Pero no podrá contar con sus socios de referencia a la hora de convalidar esa decisión en la Cámara y tendrá que ser el odioso PP el que a costa de su propio desgaste le saque del fuego las castañas de su soledad parlamentaria. Inconvenientes de ser el único adulto en la sala. Menos mal que siempre están ahí los fachas para compartir las consecuencias antipáticas de los asuntos de verdadera importancia mientras el Gobierno más progresista de la historia se dedica a muñir –hoy mismo– la nueva ronda de prebendas fiscales catalanas.

El contencioso de Groenlandia, que puede poner la OTAN boca abajo, le viene muy bien al presidente para disimular su papelón ante el nuevo (?) horizonte venezolano. Se apresuró a condenar el arresto de Maduro pero todavía no se le ha oído una palabra de ánimo a los opositores aquí exilados ni una toma de posición sobre el plan trumpista de dejar al chavismo intacto. En el silencio se intuye el alivio: de momento están a salvo las turbias relaciones del sanchismo con el régimen bolivariano, y es muy probable que sigan así mientras Delcy y su siniestra corte de torturadores estén al mando. De hecho Zapatero ya está trabajando en el blanqueo político y diplomático del clan de testaferros del dictador derrocado.

Por ese lado, pues, no hay de qué preocuparse, excepto de la investigación judicial sobre ciertos rescates inexplicados e inexplicables. Y si la Casa Blanca aprieta en el Ártico, ahí estará el paladín de la legalidad internacional alineado de boquilla con Macron, Merz o Starmer; en esa foto de la dignidad no se apartará como en la del compromiso de rearme. Pero pagar, que paguen los franceses, los alemanes o los polacos, que son los que tienen a Putin delante, y si es menester aparentar responsabilidad ya enviará Robles a la zona caliente un puñadito de militares. Qué pueden importarle las amenazas globales a un tipo cuya única medida relevante de política exterior consistió en dejar vendidos a los saharauis.