ALBERTO AYALA-EL CORREO

Los movimientos políticos de estos días es obvio que no han sentado precisamente bien ni en la ‘vieja guardia’ socialista, con Felipe González al frente, ni entre los ‘barones’ con menor sintonía política con Pedro Sánchez, como Vara, Page o Lambán. Pero los desencuentros no acaban ahí. El entendimiento con ERC y EH Bildu que permitirá al Ejecutivo sacar adelante las Cuentas de 2021 tampoco habrá sido con seguridad del agrado de un ‘peso pesado’ del Gobierno de coalición como es la vicepresidenta tercera y titular de la cartera de Asuntos Económicos, Nadia Calviño. La ministra con mejor interlocución con Bruselas y con los grandes poderes económicos, y la que probablemente ha tenido también más encontronazos con compañeros de gabinete, socialistas y podemitas, llegó a reconocer hace unos días que prefería el pacto con el PP antes que con secesionistas.

Aún así no parece que exista mayor inquietud en Ferraz por ERC. Al contrario. Sánchez y los suyos están más que satisfechos de que los republicanos hayan pasado de la confrontación con España a implicarse en la gobernabilidad del Estado. Y confían en que las cesiones que les ha hecho el Gobierno les ayuden a ganar las elecciones del 14 de febrero -si la pandemia no impone un retraso- y que ello permita avanzar en algún tipo de salida al conflicto catalán.

No sólo. Sánchez parece decidido a jugar fuerte y apostar por el indulto de los políticos condenados por el fallido ‘procés’ tras la cita con las urnas. Y ya veremos si llega algún tipo de acuerdo postelectoral entre ERC, los comunes y el PSC. Por más que el president sustituto, Pere Aragonès, y el líder del socialismo catalán, Miquel Iceta, hayan vuelto a rechazar este fin de semana tal eventualidad.

Lo que sí inquieta, y parece que seriamente, a Sánchez y a su partido son las consecuencias del paso dado con EH Bildu, que hace unas semanas tenía como antecedente el acuerdo presupuestario de Navarra. Pruebas de ello, la carta del líder socialista a la militancia de hace diez días, el vídeo-mitin desde Ferraz de este fin de semana y la insistencia del presidente de tratar de escurrir el bulto cada vez que es cuestionado sobre el asunto.

Pero es que, además, significativos cuadros del PSOE se dedicaron el fin de semana a hacer pedagogía sobre el tema. Unos, como los vascos Denis Itxaso y Eneko Andueza, con una cierta mesura. Y digo lo de cierta porque hablar de ‘perestroika de Bildu hacia la institucionalidad’, como hacía Itxaso el domingo en EL CORREO, puede sonar un tanto exagerado. Iceta se deslizaba unos cuantos pueblos más allá al pedir a los suyos que salgan a defender esos acuerdos «con la cara bien alta».

El PSOE intenta hacerse trampas al solitario en este asunto y confundir. Claro que se prometió a la izquierda abertzale que sin violencia se podía defender cualquier idea desde las instituciones. Así lo viene haciendo desde hace años. Otra cosa es considerarla como una formación más pese a que Sortu siga sin condenar a ETA ni a sus asesinos a la hora de pactar unos Presupuestos y no digamos ya de compartir gobierno. De momento el PSOE ha dado el primer paso sin ninguna explicación plausible. El segundo aún no.