Gabriel Sanz-Vozpópuli
- El presidente debería apartar de su lado a todos aquellos que le susurran “en el 27 le damos la vuelta a esto”, con tal de seguir cobrando una suculenta nómina
Llámenme raro pero a mí lo que más me ha impactado de las elecciones aragonesas no es ni la victoria insuficiente y amarga de Jorge Azcón (PP) ni el desastre sin paliativos de esa Pilar Alegría (PSOE) enviada al matadero electoral por Pedro Sánchez, sino el cuajo de ñeste, de todo un presidente del Gobierno defendiendo a la mañana siguiente ante la Ejecutiva Federal de su partido que quien realmente ha perdido en Aragón -y en Extremadura hace dos meses- es Alberto Núñez Feijóo porque Vox no sé qué… Me entran ganas de gritarle eso que soltaba mi madre cuando llegaba del colegio con excusas baratas: «¡A mí lo que haga fulanito me importa un pito!».
El PSOE está en coma político y va Sánchez y se planta ante los suyos a hacerse un Paco Martínez Soria, aquel inolvidable actor maño que simbolizaba al baturro del chiste caminando por la vía que oye el silbido del tren y suelta: «¡Chifla, chifla, que como no te apartes tu!». Todo con tal de no reconocer lo obvio: el rechazo del electorado es a él y a su muro, intransferible y que si no convoca elecciones generales es por eso, porque se vería obligado a salir de La Moncloa con total seguridad, saque el resultado que saque el PP en esos comicios y suba lo que suba la formación de Santiago Abascal. Caretas fuera.
Podemos concluir que a Feijóo le faltan punch político y definir su proyecto para España -a raudales por lo que se ve en las urnas-, pero, al mismo tiempo, admitir que no hay encuesta ni trabajo demoscópico hoy que pronostique una suma de las dos derechas por debajo de 190 diputados (la mayoría absoluta son 176); es más, algunos de esos estudios elevan esa suma de las derechas por encima de los 200. Todo un tsunami que hasta el Gabriel Rufián inquieto de los últimos días barrunta y que el inquilino de La Moncloa no puede despachar tomándonos por tontos, echando balones fuera, contándose/contándonos que en unas elecciones generales no será igual el comportamiento de los electores. No se lo cree ni él.
Ya no «somos más»
Es más, si yo fuera Pedro Sánchez apartaría de mi lado a todos quelos que me sigan susurrando al oído “en el 27 le damos la vuelta a esto”, con tal de seguir cobrando una suculenta nómina del erario público, sencillamente porque no es verdad; Primero, porque la derrota en Aragón el domingo es aún más grave que la de Extremadura el 21 de diciembre en tanto que aquí se presentaba la ministra de Educación y portavoz del Ejecutivo, no el procesado Miguel Ángel Gallardo, y, segundo, porque la participación este 8F en Aragón fue del 68%, casi seis puntos por encima de Extremadura.
Es decir, nadie con un mínimo de solvencia ni en La Moncloa ni en esa sede de la madrileña calle Ferraz puede seguir sosteniendo aquello de «es que los nuestros se han quedado en casa». No, no es verdad eso de «somos más» que argumentó Pedro Sánchez tras las elecciones de 2023 para justificar el pacto de todos contra el PP y Vox; ya no. Hoy, estos dos partidos suman más de la mitad del electorado y al PSOE le conviene no seguir haciéndose trampas al solitario. En realidad, no le conviene ni a Pedro Sánchez. Las victorias, como las derrotas, cuando son tan rotundas y tan seguidas son performativas, condicionan el comportamiento del electorado en el futuro inmediato.
Esto es lo que debería empezar a tener en cuenta el presidente del Gobierno, incluso para su objetivo de permanecer en la Secretaría General del PSOE tras una dulce derrota y con Feijóo ya en La Moncloa, que el PSOE no puede acabar siendo una sigla vacía sin capacidad de alternancia con el PP y va camino de ello con ese mapa de reparto de voto que comienza a dibujarse en el horizonte: 30/35% de voto para los de Feijóo, por 24/26% de los socialistas y 18/20% de Vox.
Alguien debe decir «¡Basta ya!»
Alguien en esas reuniones inanes de la Ejecutiva debería proclamar, como hizo este lunes el ex ministro Ramón Jauregui, y ayer mismo Jordi Sevilla de nuevo, un «¡Basta ya!» al autoengaño, a la censura y a la autocensura del debate interno en una formación que ha sido y es clave en la democracia española durante el último medio siglo. Alguien debe decirle al emperador Sánchez que va desnudo, que la legislatura no ha servido para nada y no da más de sí, y que la mejor prueba de ello es que no ha podido sacar ni un solo presupuesto adelante ni lo ha intentado.
Y concluir que, en democracia, cuando uno no puede gobernar, y eso es lo que significa no tener presupuesto, cuando uno sólo puede sacar adelante alguna medida aislada si el Congreso se la aprueba -solo hay que ver el follón del decreto ómnibus, en febrero y todavía sin convalidada la subida de las pensiones-, uno está obligado a convocar elecciones y que los electores se pronuncien. Salga el resultado que salga, saquen el PP y Vox el resultado que saquen. Lo contrario es una anomalía democrática que ningún país que se tenga respeto a sí mismo debería admitir.
¿Quién es Pedro Sánchez, presidente del Gobierno durante los últimos ocho años, para decidir que no convoca elecciones solo porque cabe la posibilidad de que los electores, no Vox, lo desalojen de La Moncloa? quien es Pedro Sánchez para decir por todos nosotros que solo queda seguir con el actual bloqueo hasta el fin de esta legislatura imposible? ¿Qué concepto de la democracia es ese? Pienso que a todos los seres humanos, no solo a Sánchez, nos resulta difícil asumir la realidad por tozuda que sea; pienso que, cuando uno lleva subido a lo más alto del Olimpo durante una década, codeándose con los Donald Trump y Elon Musk, con los Emmanuel Macron, Xi Jin Ping, Zelenski y Putin de este mundo, cuando decenas de personas a tu alrededor pugnan todas las mañanas por hacerte la pelota sin rubor, cuando todo eso ocurre, digo, asumir tu final debe ser difícil y doloroso… Pero eso es lo que diferencia a un estadista, aquel que piensa en su país y en las próximas generaciones, de un líder político cortoplacista y prescindible en la historia. Nuestro presidente, el de todos, aún está a tiempo de elegir.