Teodoro León Gross-ABC

  • Peramato es tan sanchismo como sus dos antecesores, que inauguraron la Fiscalía Frankenstein tras el pacto del insomnio con Pablo Iglesias para la XIV Legislatura

Algunos recibieron el nombramiento de la fiscal general Peramato con cierta esperanza. La pregunta, entonces y ahora, es por qué. Después de haber nombrado fiscal general a una ministra con puente directo de Moncloa al cargo, y más tarde a su albacea tramposo, que acabaría recibiendo el apodo poco ambiguo de Don Alvarone, ¿por qué tener la esperanza de que Sánchez repentinamente iba a hacer un nombramiento digno? Iría contra la serie estadística incluso como hipótesis. Con María José Segarra, en aquel primer gabinete llamado ‘Gobierno bonito’, ya salió escaldado y por eso dijo «¿De quién depende la Fiscalía? ¿Eh?». Poco después llegaron los comisarios políticos al cargo: Dolores Delgado y García Ortiz. La serie difícilmente podía ir a peor, pero confiar en que Sánchez sufriera un ataque de dignidad institucional para restituir el prestigio a la Fiscalía chocaba contra las evidencias.

Ahora Peramato ha acreditado su sumisión perruna a Moncloa. Se presentó hablando de «sanar la profunda herida» en la Fiscalía pero se ha dedicado a hurgar en ella. Más que castigar a Aldama vetando la atenuante muy cualificada por confesión y colaboración con la Justicia, se ha retratado con sus nombramientos para promocionar al clan sanchista de Fortuny. Con todo el cuajo, ha promovido a la mujer de Don Alvarone saltándose ochocientos puestos en el escalafón, y a Lady Cianuro al Tribunal Supremo con pértiga. También se ha cargado a la fiscal que no se le plegó y denunció sus maniobras contra la pareja de Ayuso. A la mafia siempre le ha gustado regalar cabezas cortadas de buena mañana. En definitiva, la fiscal Peramato se ha confirmado como sucesora lógica. Es como Belén Esteban con su «yo por mi Andreíta mato», pero en su caso por Pedro. A Aldama no le va a perdonar que mencionase a Sánchez como el número uno de la organización criminal derivada de La Banda del Peugeot. La X.

La fiscal general Peramato, o Porpedromato, no tiene la arrogancia natural de Dolores Delgado, con ese deje con que bajaba a las cloacas de Villarejo, ni el servilismo de Don Alvarone, capaz de exhibir sus plumas de ‘cheerleader’ del sanchismo ante Évole. Antes parece una viuda negra con un vial de arsénico en la manga que una cimarrona; pero cualquier equívoco es un pecado de ingenuidad. Peramato es tan sanchismo como sus dos antecesores, que inauguraron la Fiscalía Frankenstein tras el pacto del insomnio con Pablo Iglesias para la XIV Legislatura. Dolores Delgado marcó la pauta de lo que espera la Moncloa de estos ‘apparatchiks’, pasando de largo por sus reprobaciones con escarnio en el Congreso tras ser devuelta a los corrales como fiscal de sala por el Supremo por abuso de poder. Han creado una casta de la Asociación Progresista de Fiscales, menos del 10 por ciento de la carrera pero portadores de la rosa de Ferraz. Con todo lo que representa.