Jesús Cuadrado-Vozpópuli
- En este momento crítico, qué importa la suerte de un partido cuando está en riesgo el futuro del país
El expresidente no votará al PSOE de Sánchez porque está destruyendo España y votará en blanco porque no podría optar por otro partido. Algo no encaja. Hace un diagnóstico correcto, pero, sin tratamiento, no hay cura posible para el país enfermo. No es una simple posición personal. Lo que diga González importa, y mucho, no para los sanchistas acérrimos, que le odian, sí para millones de electores del centroizquierda ante los que conserva una auctoritas indiscutible. Cuando, para conservar el poder, el Partido Socialista pacta excarcelar al sanguinario terrorista Txeroki, y a otros 200 más, en serio, ¿el voto en blanco es la respuesta? En este momento crítico, qué importa la suerte de un partido cuando está en riesgo el futuro del país.
Se ha instalado en la mayoría de los análisis políticos la idea de una supuesta derechización de los españoles. Grave desenfoque, que lleva a justificarlo todo en el juego derecha-izquierda. Es notable cómo resiste el paso del tiempo esta clasificación de la opinión pública, hoy inservible para entender qué preocupa a los españoles, pero central como recurso sanchista de manipulación. Hace unos días oía a una jubilada ex militante socialista explicar por qué tenía decidido no votar más al PSOE. Había dedicado los ahorros de su vida a comprar una vivienda para alquilarla y completar así su escasa pensión. Lleva años sin cobrar el alquiler y el Gobierno socialista, explicó, no la protege porque la familia que no le paga es vulnerable. Ella no va a votar en blanco. ¿Se ha derechizado?
El llamado ‘frente antifascista’
Nunca estuvo el debate político tan alejado de las preocupaciones de los ciudadanos. Cuando España lidera en Europa el denominado “índice de miseria”, la conversación en los medios está protagonizada por cuestiones como quién va a liderar las ultraizquierdas, o por si hay o no críticos dentro del PSOE. Se ignora que la centralidad política no es un asunto geométrico, sino la capacidad de los partidos para conectar con las preocupaciones de los ciudadanos. Frente a la dura realidad social, la narrativa del frente antifascista solo engaña a los predispuestos. Asociar Vox con movimientos políticos de hace casi cien años suena a ripio. Y a desesperación, ante la deriva electoral que amenaza al arca de Noé de izquierdistas e independentistas amalgamados, con Rufián pidiendo el voto de Algeciras para lograr la independencia de Cataluña. ¡Qué maravilla!
Fuera de la efervescencia mediática, lo cierto es que la opinión pública tiene interiorizado que la alternativa al desastre depende de la relación entre PP y Vox. Podría ser de otro modo, pero eso es lo que anticipan elecciones y estudios de opinión. En democracia, los electores mandan. Mientras Felipe ha decidido votar en blanco, lo decisivo hoy es si el partido de Abascal se compromete con la gobernabilidad o no. En ese tejado está la pelota. La experiencia de las presidenciales de Portugal encierra lecciones impagables. El candidato del radical Chega, André Ventura, con una campaña incendiaria contra todo y contra todos, logró pasar a la segunda vuelta, pero provocó una reacción masiva de los portugueses en su contra. El resultado final fue de un 67% para el candidato socialista Antonio Segura y un 33% para el candidato homólogo de Abascal.
Para su supervivencia, a la “coalición negativa” de un Sánchez en apuros le viene de perlas la descalificación de pactos entre PP y Vox como antidemocráticos, nada menos. En la práctica eso significaría que los populares solo podrían gobernar con mayorías absolutas. ¡Qué seguro de vida para un PSOE que veta cualquier acuerdo con ellos! Núñez Feijóo aspirará a lograr, con proyecto autónomo, los votos necesarios para formar un Gobierno en solitario. A diferencia de lo que ocurre en Europa, su partido, cuando menos, dobla en votos al de Abascal. Lo que, en coincidencia con una opinión pública mayoritaria, no le libera de la obligación democrática de subordinarse al mandato que decidan las urnas. Es una hipótesis razonable, frente al caos provocado por los socialistas, esperar que Feijóo y Abascal ofrezcan al país un acuerdo de mínimos que garantice la gobernabilidad. España no resistiría otros ocho años de inestabilidad. En fin, no está el horno para votos en blanco, señor González.