Editorial-El Correo

  • Trump moviliza a la oposición, defrauda a sus seguidores y carga sobre el mundo una costosísima factura con la guerra contra Irán

Los organizadores del movimiento ‘No Kings’ (reyes no) congregaron el sábado a siete millones de estadounidenses en 3.000 concentraciones por todo el país. La movilización, visiblemente más seguida que las dos anteriores del mismo signo, se resiste al argumento clásico que la reduce a las grandes ciudades costeras gobernadas por el Partido Demócrata, porque prende también en núcleos rurales más conservadores. Los manifestantes ven la Constitución amenazada por su 47 presidente, que desprecia la división de poderes, abusa de las órdenes ejecutivas y ha embarcado a la nación en dos operaciones militares en el extranjero en los últimos tres meses.

Los seguidores de MAGA (‘Make America Great Again’) no se echan a las calles, pero censuran también al mandatario que prometió en campaña no implicar a EE UU en más guerras de desarrollo incierto. En elecciones parciales, los votantes castigan a los conservadores en feudos clásicos, que Donald Trump ganó en 2024 por dos dígitos. La bendición presidencial puede convertirse en veneno de cara a las legislativas de medio mandato. En esa cita, el inquilino de la Casa Blanca suele sufrir un revés, y ahora además 39 republicanos renuncian a renovar su escaño en la Cámara de Representantes. No falta tampoco quien pide no depositar demasiada esperanza en noviembre, con el argumento de que Trump sorteará con decretos un Congreso adverso.

A opositores y seguidores más o menos frustrados del presidente les une la decepción por la marcha de la economía -inflación y combustibles disparados, insuficiente creación de empleo-, que empeorará si el conflicto bélico en Oriente Medio se prolonga. En este punto, el ímpetu autoritario y polarizador del mandatario se extiende por el resto del mundo, en particular entre aliados europeos vapuleados por su extorsión comercial y su beligerancia contra los socios en la OTAN. La negativa del Gobierno español a prestar el espacio aéreo para atacar a Irán, por más que persiga réditos electorales, encuentra mayor eco en las opiniones públicas del continente que la contemporización de otras capitales y de la propia UE. El Parlamento británico alerta a su Ejecutivo de que Washington ya no es fiable. Y el discurso incoherente de Trump, que mezcla la promesa de una salida negociada a la guerra con amenazas de destruir la infraestructura eléctrica y desalinizadora iraní, invita a prepararse para un ‘shock’ de alcance desconocido.