José Alejandro Vara-Vozpópuli
- Sánchez rescata su argumentario del bulo para camuflar la información sobre de la catástrofe ferroviaria de Adamuz
Con un colador de café se presentó Yolanda Díaz, hace dos veranos, en la Playa de la Corna (La Coruña), para recoger dos o tres bolitas de plástico llamadas pellets, que se escaparon de los contenedores del buque Contonao de bandera liberiana y llegaron mansa y tímidamente a la orilla. Casi con lupa tuvieron que rebuscar los asistentes de la lideresa gallega estas menudencias con las que pretendían alertar de ‘la ‘marea blanca’ que anegaba el litoral de su región. Eran vísperas electorales. El intento de montar una ‘marea negra’, al estilo del Prestige, derivó en fracaso. Rueda, el candidato del PP, logró mayoría absoluta y prosiguió en la presidencia de la Xunta tan pancho.
Estamos ante una nueva edición de un clásico infame de la izquierda. Lo que llama ‘politizar la tragedia’. Una hipocresía impostada con vocación de mordaza, de manto de silencio sobre lo que no interesa. Lo correcto sería que quienes tal aconsejan se apliquen el cuento. Llevan décadas chapoteando con vileza en los episodios más dolorosos, en los momentos más terrible de nuestra reciente historia. “No nos merecemos un gobierno…” (Rubalcaba que está en los cielos, o no) cuando el 11M; el Yak 42, el mentado Prestige, el Metro de Valencia (fusilamiento civil de Rita Barberá); las residencias en pandemia (competencia que eran de Pablo Iglesias); el Alvia de Galicia, el mayor accidente ferroviario de Alta Velocidad aquí registrado y hasta los incendios de este verano, con estruendosa participación de Óscar Puente desde su ametralladora X.
El apagón sin dueño
Ya no engañan a nadie. Le dicen politizar a algo tan imprescindible como reclamar que se averigüen las causas de un siniestro y se asuman las responsabilidades políticas o penales, algo inusual en estos oscuros tiempos. El Gobierno, por ejemplo, todavía no ha aclarado el porqué del fatídico apagón de abril. Se salió por la tangente con argumentos tramposos, excusas de fullero. Fue un poco culpa de todos, en especial de las eléctricas, que son empresas privadas y, por lo tanto, hijas del diablo y hermanas del mal. Toda Europa sabe que fue el efecto de un osado experimento con las renovables, como sentenció el análisis de Entso-e de Bruselas.
Ojo con los bulos
Van por el mismo camino. Hablan de que el informe técnico de las causas se demorará un mes. Otras versiones insinúan que un año. No hay prisas, que el impacto se diluya, que la ira amaine, que la propaganda oficial hipnotice a los rebeldes. Que cuaje el mensaje de Sánchez contra ‘la desinformación y los bulos’, que es lo primero que mencionó desde Córdoba mientras trataba a Juanma Moreno como a un apestado y dedicaba su tradicional desplante a los medios en su comparecencia ‘sin preguntas’. Ojo con los bulos, advirtió también el ministro Marlaska en el mismo momento y escenario. Un remake de la apoteósica intervención de aquel general de la Guardia Civil, José Manuel Santiago, un tipo con cara de pobre y de cabreado, que comparecía en las ruedas de prensa cuando la pandemia para advertir que habían habilitado una sistema de vigilancia en las redes para rastrear comentarios adversos al Gobierno. Luego lo ascendieron.
Basta un vistazo a los titulares que ayer publicaba Vozpópuli sobre la catástrofe de Adamuz para concluir que hay demasiados puntos oscuros y excesivos indicios que conducen al territorio de la sospecha. Que delatan a un Gobierno que oculta y miente, que manipula los datos y manosea la realidad. He aquí alguna muestra:
“Puente suprime en julio la unidad de emergencias y prevención de accidentes de Transportes”. “Adif reutilizó material que absorbe las vibraciones en el tramo ferroviario del accidente”. “Una soldadura rota en la vía se perfila como causa probable de la tragedia”. “Los maquinistas pidieron bajar la velocidad a 100 km/h por el mal estado de las vías”. “Adif, campeón en recibir fondos europeos, en el disparadero por la inversión en sus vías”. “La inversión de Adif en Alta Velocidad crece la mitad que el tráfico de los viajeros”. “Adif informó desde septiembre de tres fallos en las infraestructuras en el tramo del accidente”. Y hay más. Mucho más.
Derribar al Gobierno
Ni politización, ni bulos, ni monsergas. La información es la kriptonita para Sánchez. Por eso la oculta, la distorsionan, la sepultan. “Es un accidente extraño”, dijo el ministro Puente, que dejó un ratito su vicio nefando del tuiteo salvaje para ocuparse de lo suyo. Más extraño resultó cuando, tras el robo de cable en la línea Madrid-Sevilla, se lanzó, sin contar hasta diez, a airear la versión de ‘un sabotaje’. Pese al desmentido de la versión oficial de la Guardia Civil, sus bots bombardearon las redes con la alarma democrática de un intento de la fachosfera de derribar al Gobierno.
Diez años se demoró la CIAF en diseñar su informe sobre la tragedia del Alvia de Angrois, ochenta muertos. Un fallo humano, sentenció el tribunal. La culpa fue del conductor. Nada se dijo entonces de las prisas de Zapatero y Blanco por inaugurar aquel tramo de Alta Velocidad al que le faltaban ocho kilómetros para estar terminado. La CIAF es el organismo técnico que escruta los desastres ferroviarios. Se dice ‘independiente’ en sus siglas y depende del Ministerio de Transportes. Juez y parte. Bruselas dio un toque, Reclamó el relevo de esta oficina tenebrosa. El Gobierno promulgó una ley por la que creaba un organismo en verdad neutral, salvo el presidente, que será un mandao. Debía haber entrado en vigor el pasado año. A la espera seguimos. Total, quedan quince meses de gobierno basura.
Nota bene.– Álvaro Fernández Heredia, presidente de Renfe desde hace un año, presidente de la EMT de Madrid en tiempos de la alcaldesa Manuela Carmena, es, amén de militante de la extema izquierda, doctor en Infraestructuras de Transportes por la Politécnica de Madrid con una tesis titulada El potencial de las Variables Latentes en Modelos Explicativos del Uso de la Bicicleta. La vía natural hacia el ferrocarril