- Trump subraya el daño que la droga que les inyecta Venezuela ha infligido a sus compatriotas. Sin embargo, rigurosamente aséptico, posterga la justificación de la guerra híbrida. Señala delitos: narcotráfico y terrorismo de Estado
La captura de Maduro ha sido una operación impecable de legitimidad indiscutible. Les guste o no a Guterres y a la izquierda española, cuya opinión solo es relevante como fondo, para resaltar lo real, el Cartel de los Soles existe, su superposición con instituciones estatales es un hecho, y su impacto en los Estados Unidos está más que verificado. Trump pudo buscar otra justificación. Por ejemplo, que su país está siendo objeto de ataques de guerra híbrida. Acciones hostiles propias de una época, de unas tecnologías y de un marco internacional que el sistema de ordenación mundial salido de la Segunda Guerra Mundial no podía prever. A la UE le resultaría difícil negar la guerra híbrida, realidad o mandanga que a la Comisión Europea le ha servido para interferir en las elecciones rumanas, por ejemplo. Ahí era mandanga. La realidad: la UE aplaude y estimula la efectiva invasión de Europa por millones de inmigrantes ilegales.
¿Qué es hoy conquistar? ¿Lo de los Reyes Católicos en Granada? Bueno, las formas tradicionales siguen ahí a disposición, pero lo suyo desde hace cuarenta años es desanimar al adversario, debilitar la cohesión de su sociedad, envenenar su cultura de culpa, injerir en sus aparatos culturales, copar sus sistemas de salud y protección social. Trump subraya el daño que la droga que les inyecta Venezuela (Cuba, Colombia, esperen turno) ha infligido a sus compatriotas. Sin embargo, rigurosamente aséptico, posterga la justificación de la guerra híbrida. Señala delitos: narcotráfico y terrorismo de Estado. Al reo Maduro lo ha extraído para que la DEA proceda y lo lleve ante la Justicia. Al querer manejar con tanta limpieza la legitimación y ejecución, basándose en lo puramente penal, Trump ha dejado en el cuerpo operado un montón de cosas extirpables, y los cirujanos aficionados del público, los que nunca han operado, se lo afean. A él le traen sin cuidado los aficionados y va a lo suyo. Al ser presidente de su país, lo suyo son los intereses de este, una lógica que presidentes como el nuestro han olvidado o han invertido.
Uno no quisiera comportarse como los aficionados alterados, proponer un orden de actuaciones venideras cuando no manejo (¿quién sí?) la información suficiente. Solo puedo aventurar, a ojo de buen cubero, en qué estará pensando el doctor. De acuerdo con su demostrada predilección por la intervención mínima, confiará (su punto más débil) en que los hermanos Rodríguez hayan comprendido las reglas del juego, liberen a los presos políticos, renuncien a la represión y a la violencia, desarticulen posibles golpes y den los pasos que deben para posibilitar unas elecciones libres. Pero eso no te lo hace un Arias Navarro con el «espíritu del 12 de febrero». La referencia del público siempre será el eidos platónico de Transición, la española. ¿Se frustrará el deseo de los españoles de bien, ver a Zapatero en mono naranja? No debería, siendo el enfoque penal. Pero si se frustra, no olviden que cada pueblo deber hacer sus deberes.