Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Sumar amaga con hacer en el Consejo de Ministros lo que Senegal en la final de la Copa África
El Consejo de Ministros de ayer fue extraordinario. Porque se celebró en viernes y porque los ministros de la parte minoritaria del Gobierno de coalición se plantaron. Al parecer, Sumar se negó a entrar si el PSOE no incluía sus medidas sobre vivienda en el decreto para paliar los efectos económicos de la guerra en Irán. La negociación duró dos horas y olió a teatrillo. Del Consejo de Ministros terminaron saliendo dos decretos. El previsto por Moncloa (rebajas fiscales, ayudas a sectores afectados…) y otro con las medidas de Sumar (prórrogas de alquiler, moratorias de desahucios…), que parecen imposibles de aprobar en el Congreso. La necesidad de que la sociedad se movilice para conseguirlo la transmitió después el ministro Urtasun, apuntando a la innovación politológica: las manifestaciones contra la oposición para que el Gobierno tenga mayoría.
«Bienvenidos a Europa, bienvenidos a una cultura de democracia, de negociación», les dijo después Pedro Sánchez a los periodistas para explicarles lo de que cinco de sus ministros estuviesen a punto de írsele al vestuario, como Senegal en la Copa África, antes del anuncio de un plan que mueve 5.000 millones. «Esta es la política del siglo XXI», añadió antes de aceptar las preguntas de cuatro periodistas, y ni siquiera todas ellas. Ayer hubo preguntas que el presidente despreció como «salseo» y otras que aplazó porque no eran oportunas. ¿La razón? La guerra. El presidente rehúye ahora la fiscalización y la realidad parlamentaria por motivos bélicos. Solo le importa la guerra. «Superhéroe de la paz», le llamó el otro día la ministra Redondo. El truco es manifiesto y se nota porque todas las apelaciones de Sánchez a la guerra no subrayan la importancia del conflicto sino la suya propia ante el conflicto. Ayer volvió a mostrarse molesto al tener que explicar que no hay tiempo para presentar los Presupuestos en el Congreso habiendo como hay una guerra de la que ocuparse. Para los TikToks y el HODIO, que deben de ir en el orden de importancia detrás de la guerra pero antes de los Presupuestos, sí hay tiempo. «Es que estoy muy enfadado con la situación que está viviendo el mundo», dijo ayer la última versión de Pedro Sánchez, que es confesional y ética, grave, ecuménica, pacificadora, increíble, divertidísima.
Sube de nivel
Los años ochenta popularizaron el subgénero cinematográfico de los héroes de acción. Era un género que se caracterizaba porque contenía un número insostenible de explosiones y unos argumentos simples e inalterables. Por lo general, unos malvados le hacían algo terrible al héroe por el lado afectivo-familiar. Y el héroe, que tendía a ser una máquina de matar, pero estaba prejubilado del homicidio y había encontrado la serenidad, frecuentemente en una granja, se vengaba regresando a la violencia y cazando uno por uno a los malvados de maneras muy creativas. Y explosivas. Ayer murió Chuck Norris, que ocupó una segunda línea en la élite de los héroes de acción, por detrás de Stallone y Schwarzenegger, pero alcanzó después una gran popularidad televisiva como ‘ranger’ de Texas. En la tele el argumento cambiaba un poco. Al ser el héroe esta vez un agente de la ley, la ficción era más bien una apología del abuso policial. Norris, que antes de actor fue campeón de kárate, ha muerto con ochenta y seis años. Su último gran éxito fue triunfar en el universo del ‘meme’ como paradigma de la dureza y la peligrosidad. Hace solo diez días aún estaba pegando puñetazos en su Instagram. Y parodiando su propia leyenda. «No envejezco», decía. «Subo de nivel».