Manuel Montero-El Debate
- La entrega de unos socialistas olvidadizos no solo blanquea a los secuaces del terror, acabará haciendo lehendakari al señalado por la izquierda abertzale
Era al revés, nunca entendimos nada. No eran lobos con piel de cordero, como parecía cuando se decían alegres y combativos y helaban la sangre en las venas con hermosas palabras -normalización, proceso de paz, nuevos tiempos-, que sonaban simpáticas, pero tenían la insidia de que alentaban al terror. Han resultado lo contrario, acaso corderos con piel de lobo, que tenían que contener su natural bondad disfrazándose de Jack el Destripador o de verdugo de Auschwitz. Todo sin querer, por motivos estratégicos. Se hacían los malos, para esconder su corazón de oro. Un sacrificio por la patria. Y por los trabajadores.
Eso se deduce de la exquisita sensibilidad que se les ha levantado en la era posterrorista. Su actuación pública consiste hoy en un derroche de solidaridades y de ternura, quién lo iba a decir de quienes anteayer jaleaban a los suyos cuando asesinaban.
Ahora ya no. Todo es proteger a pensionistas, vigilar fallos en vacunas, fortalecer el sistema sanitario por «la seguridad» de las personas, querer un SMI propio (y mejor). Pero su solidaridad no es solo de obediencia vasca. Esto se les queda pequeño, ¿Accidente ferroviario en Andalucía? Inmediatamente se conmueven. «Seguimos con consternación las terribles noticias que nos llegan de la tragedia ferroviaria de Andalucía». Consternados, nada menos: afligidos, con el ánimo abatido y pena profunda. Lo dicho, corazones de cordero nunca bien entendidos. No solo eso: «Toda la solidaridad y apoyo de la izquierda abertzale a las víctimas y personas afectadas». ¡Saben solidarizarse con víctimas, conceptos que les parecían ajenos!
Algunos se maliciarán que si las víctimas las hubiesen provocado sus pistoleros no serían víctimas, sino efectos colaterales del conflicto (en el mejor de los casos) o enemigos sin más, merecedores de «la privación del derecho a la vida», por usar el eufemismo más canalla del país. ¿A ellos les indignan los accidentes, no los fallecimientos violentos cuyo origen está en nuestra milenaria historia?
Quizás esta última consideración sobra, pues niega la posibilidad del cambio. Asoka el Grande en el siglo III a. C. se quedó horrorizado por la matanza que había provocado y se convirtió al budismo, promoviendo la no violencia, la tolerancia religiosa y el bienestar social, además de proteger a los animales.
Pues lo mismo, pero en vasco: sin arrepentirse ni revisar el pasado. Antes bien, enalteciéndolo, entendiendo que la principal experiencia histórica de este atribulado pueblo fue la emergencia de ETA, que ahora quieren llevar a los altares. Dicen que han convencido ya al presidente del Gobierno, a quien no repugnan propuestas inconcebibles e indecentes, para que pida a la UE que deje de considerar a ETA una organización terrorista. La barbaridad, que parece un bulo, quizás sea cierta. Ya se verá, pero conviene ponerse en lo peor, dada la trayectoria.
La demanda chusca resulta incomprensible, salvo para conseguir apoyos parlamentarios a cualquier coste, humillándose ante los secuaces de ETA. Supondría que al Gobierno se humilla, se humilla la democracia, se desprecia a las víctimas y a quienes se movilizaban contra el terror. Resulta inconcebible que entre los socialistas vascos, que lo sufrieron, no salten protestas airadas por el bulo o la tropelía histórico-política. ¿Han degenerado en un partido adocenado, sin valores? ¿Todo por el poder?
Aquí no vale un exabrupto socialista vociferando que ETA ya no existe y que ellos sufrieron su acoso, como si esto les autorizara a blanquearlos. Primero, porque de ser cierta esta indulgencia plenaria tendría un efecto retroactivo en la imagen de la que quieren convertir en organización ‘exterrorista’, una asociación ¿benéfico-patriótica?, que mataba por nuestro bien. Dirán que ya no existe y por tanto qué más da, pero esto quitaría sentido a la ‘recalificación’, que sería de la nada. En realidad, se sugiere que no fue terrorista, asumiendo de golpe todas las tesis terroristas y cambiándonos el pasado.
¿Tendrán las víctimas que asumir culpas, pues en esta lógica lo fueron con razón, por exigirlo la necesidad histórica de liberar al pueblo vasco? Como quedan terroristas sin detener y sin responder de sus crímenes esta iniciativa desanimaría a cualquier juez extranjero a perseguirlos, tras comprobar que los veletas españoles son capaces de descriminalizar criminales. No hay ya debate sobre el relato. ‘Txeroki’ en vías de excarcelación es el relato y la realidad al mismo tiempo.
Resumiendo; la entrega de unos socialistas olvidadizos no solo blanquea a los secuaces del terror (¿del exterror?). Los beatifica. Acabará canonizándolos, haciendo lehendakari al señalado por la izquierda abertzale. Les convendría a sus fieles, tan bondadosos, comprar ya las antorchas para los desfiles nocturnos que, según manda la tradición totalitaria, celebrarán el acontecimiento; a lo mejor acuden cuadrillas socialistas con teas ardiendo.