Editorial-El Correo

Las dos derrotas sufridas ayer por el Gobierno, con Junts como ejecutor decisivo, en el decreto ley que pretendía prorrogar el escudo antidesahucios y en la convalidación de la norma para impedir subidas abusivas de los precios en situaciones de emergencia desnudan más si cabe la evidencia que el presidente y su Ejecutivo se resisten a asumir: que la legislatura se construyó sobre una mayoría de intereses que nació a trompicones y se deshilacha pleno a pleno. Hace muchos meses que el eje argumental de este cuatrienio no es tanto lo que presenta la coalición gubernamental y las potenciales bondades de sus iniciativas como si va a ser capaz de sacarlas adelante al carecer ya de la hegemonía que invistió a Sánchez; es lo que demuestra el reiterado incumplimiento del mandato constitucional de presentar unos Presupuestos porque no quiere perderlos. La manifiesta voluntad de Puigdemont y los suyos de martirizar al Gobierno no les exime de la rendición de cuentas por lo que aprueban y lo que no. Pero es Sánchez el interpelado cuando su programa social -invocado como justificación para seguir en La Moncloa- hace aguas por la agujereada mayoría que ya no atesora.