Cristian Campos-El Español
  • Al final del camino al paraíso verde hay siempre un iluminado al que le parecen más dignos de respeto los pollos que los seres humanos. Por eso tratan a los humanos como si fueran pollos y a los pollos como si fueran humanos.

El ayuntamiento de Ámsterdam, liderado por Femke Halsema, del partido GroenLinks (izquierda verde), ha prohibido la publicidad de carne en la ciudad.

Bueno, voy a ser preciso. Ha prohibido los «anuncios de productos de origen animal intensivos en CO2 en espacios públicos municipales».

O sea, que sí: ha prohibido los anuncios de carne.

A Femke Halsema le preocupa el cambio climático, como a cualquier ecologista bien informado. Y cree que la publicidad de Burger King es una parte importante de ese problema.

Halsema cree que los humanos, seres genéticamente herbívoros, como las vacas, los koalas o las capibaras, comen carne desde hace decenas de miles de años sugestionados por la publicidad de la industria cárnica, de la que las pinturas de la cueva de Altamira son un magnífico y prematuro ejemplo.

Así que vetar esa publicidad ayudará a que los polos no se deshielen.

Que Halsema sea vegetariana, con lo que ello conlleva (y dentro de unos cuantos párrafos explicaré qué es lo que conlleva), no tiene nada que ver con su decisión. Es sabido que la extrema izquierda europea, sobre todo en su rama verde, distingue bien sus neurosis personales de sus responsabilidades públicas.

La alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema.

La alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema. Reuters

El veto a la publicidad de la carne en Ámsterdam tiene por tanto un objetivo secundario añadido al de salvar el planeta: conseguir que en 2050 gran parte de los ciudadanos de Ámsterdam sigan una dieta mayoritariamente vegetal.

Esto no me lo he inventado yo. Lo han dicho ellos.

Ámsterdam es esa ciudad famosa por exhibir a sus prostitutas en escaparates.

Ahora podrán ver prostitutas, pero no cubos de pollo del Kentucky Fried Chicken.

Al final del camino al paraíso verde hay siempre un iluminado al que le parecen más dignos de respeto los pollos que los seres humanos. Por eso tratan a los humanos como si fueran pollos y a los pollos como si fueran humanos.

Así que la cosa está así. En escrupuloso respeto a la libertad individual, la extrema izquierda europea defiende que una mujer se entierre en vida en un burka, que un menor con disforia de género mutile sus genitales y ate su vida entera a fármacos que destruirán su organismo, que el Estado ejecute legalmente a cualquiera que alegue una depresión o que una prostituta ofrezca sus servicios en un escaparate.

Pero considera que un anuncio de McDonald’s es un elemento corruptor de la moral pública que debe ser prohibido para evitar tentaciones pecaminosas. Como la de comerse un solomillo de buey.

Por supuesto, esto lo veremos pronto en España. No hay tontería que no resuene como campanazos de la catedral de Toledo en la cabeza de Yolanda DíazIone Belarra y Pedro Sánchez.

Si tiene el potencial de encabronar a los ciudadanos, este gobierno lo tirará p’alante. Sin duda alguna.

Y decenas de miles de españoles lo celebrarán en las redes sociales y en los medios de comunicación.

«Es posible llevar una dieta sana sin carne», respondía uno a la decisión del ayuntamiento de Ámsterdam en la red social X.

«Mejor, la carne está muy cara», decía otro.

«La carne no aporta nada que no aporten los complementos vitamínicos», añadía un tercero.

«Se han quedado a medias: deberían prohibir su consumo», decía una que no se conforma con menos que una dictadura veganoestalinista.

Hay más esclavos vocacionales que botellines. Pero con estos bueyes hemos de arar.

Veamos.

La carne proporciona de forma concentrada y altamente biodisponible (es decir, barata de conseguir, porque las vacas, los cerdos y los pollos tienen tanta afición a reproducirse como los seres humanos) varios nutrientes críticos cuya deficiencia, bien documentada por cientos de estudios, produce daño neurológico y deterioro cognitivo, a veces irreversible.

Sólo un dato. La vitamina B12 no existe en ningún alimento vegetal y es esencial para la síntesis de mielina (el aislante de las neuronas) y para la síntesis de ADN neuronal.

La literatura médica recoge decenas de casos clínicos de bebés amamantados por madres veganas que desarrollaron atrofia cerebral, retraso psicomotor, hipotonía, convulsiones y apneas centrales.

En 1997, en Alemania, un bebé de catorce meses hijo de madre vegana ingresó en coma con atrofia cerebral severa. Tras inyectarle B12 recuperó la consciencia en horas, pero sufrió un daño nervioso residual.

Y lo mismo ocurre con el ácido graso DHA, el hierro, la creatina, la taurina, la carnosina, el zinc, el yodo y la colina. Todos ellos presentes en la carne y ausentes por completo, o presentes sólo en cantidades muy pequeñas e insuficientes, en los vegetales.

Por supuesto, existen los complementos vitamínicos. Pero me pregunto qué sentido tiene depender de la química (y de la malvada y muy capitalista industria farmacéutica) para complementar una dieta cuyo efecto más notorio es que te vuelve más tonto. Literalmente.

Cuando se conoció el caso del bebé alemán, algunos hablaron de privar de patria potestad a quienes arriesgan, por fanatismo ideológico, el desarrollo cognitivo de sus hijos, primates omnívoros como todos los demás de su misma especie, de la misma manera que se haría con quien les golpeara repetidamente en la cabeza con una cuchara de madera convencido de que eso les activará las neuronas.

No me parece una mala idea.