Francisco Rosell-El Debate
  • Los demarrajes de Puente se corresponderían con su rol de liebre de Sánchez para esta huida hacia delante para que, caso de fracasar, saltar de ser su doméstico a liderar el PSOE en la oposición. Para este jifero, un «win-win» (ganar-ganar) por el que cosecharía ganancias al margen del desenlace final de su apuesta.

Antes de sufrir estos «tiempo interesantes» –esa maldición china– con los que el sanchismo compromete la integridad territorial de España con Ceuta como cabeza de puente de su sumisión al sultán alauita. lo que abochorna tanto como espeluzna, hubo épocas de verano en las que, en el ferragosto, la actualidad se sumergía en una larga siesta informativa que empujaba a las redacciones de los periódicos de papel a tirar de imaginación para cubrir sus páginas. Dos recursos habituales eran los de hinchar el perro –no literalmente como el loco sevillano de «El Quijote– engordando noticias para rellenar con prosopopeya su falta de enjundia y lanzar alguna serpiente de verano como las supuestas apariciones del monstruo del lago Ness. Lejos de este azaroso presente que lleva a exclamar, como hiciera el barón de Montesquieu: «¡Dichosos los pueblos cuyos anales son aburridos!».

Sin embargo, como esta hiperbólica España da para todo, entre sobresalto y sobresalto en medio de tanto soponcio, se ha colado de rondón con la estridencia del canto de la chicharra el debate sobre el sentido último de las andanadas del ministro de la Guerra de Sánchez, aunque cobre nómina de la cartera de Transportes que no circulan y de la Inmovilidad Insostenible, contra el Rey. Cuando en cualquier otro país con 47 muertos a cuestas tras la catástrofe ferroviaria de Adamuz, ya debiera haber finiquitado su carrera dimitiendo o dimitiéndolo como obró «ipso facto» su colega griego, el camorrista juega a ser la liebre del galgo de Paiporta, pero también a ser lebrel en vez del lebrel dimitido de sus obligaciones en La Mareta.

Después de reclutarlo Sánchez como matón para que acuchillase a Feijóo en su fallida investidura como vencedor de las elecciones en julio de 2023 y recompensarlo con la cartera ministerial de los latrocinios y puteríos del pútrido Ábalos para que siguiera ladrando –desentendido de su labor departamental– como pitbull del «Puto Amo», ahora Puente roe los zancajos al Rey en un hecho inédito por un ministro del Gobierno, a la sazón, de Su Majestad. Sin embargo, sin ser tan listo como cree ni tan tonto como aparenta ejerciendo de memo, Puente maneja sus cartas al no estar dispuesto a arrojarse desde el ídem. Como blasonaba Iván Redondo, hoy novicio armero, qué debía hacer un jefe de gabinete por su presidente hasta que este lo defenestró cuando menos lo sospechaba.

Por eso, ante la concatenación de arremetidas contra un Rey que no puede cesarlo como debiera haber hecho por él quien preside el Consejo de Ministros, todo colige que Sánchez avala que su ministro-matón calificara de «absoluta ignominia» que Felipe VI se dejara fotografiar devolviéndole el saludo a un yonqui de la notoriedad como el activista Javier Negre en la toma de posesión de Abelardo de la Espriella como presidente colombiano. Lejos de matizar, le faltó tiempo para atizarle nuevamente acusando, en entrevista de Europa Press, a la Corona de «haber cruzado una línea roja» después de retuitear un perfil anómico de la red social X reclamando una República.

Aunque Puente esgrima su derecho a la libertad de expresión y niegue secundar ninguna consigna, su cobardía confirma el adagio latino «excusatio non petita, accusatio manifesta». Algo, por lo demás, que refrenda Sánchez con su dejar hacer, mientras expedientaba a las voces críticas dentro de su partido-secta, más allá del carraspeo del ministro Bolaños desde su refugio de Mojácar, pero que podría obedecer a un pequeño resfriado veraniego.

Esta embestida contra el monarca va más allá de devolver a su sitio a Felipe VI, luego de comunicar el soberano al presidente Vivas su deseo de visitar Ceuta tras recibirle en Miravent, algo que debiera haber hecho al no figurar en la Constitución nada que le impida hacer un acto obligado como en su día obró contra la tentativa separatista catalana del 1-O de 2017, o de desviar la atención sobre la nefanda gestión gubernamental tras la invasión de los 72.000 hijos de Mohamed VI. En todo caso, demasiada pólvora para tales empeños.

Por el contrario, se proyectaría contraponer al «horizonte penal» al que se enfrenta Sánchez siguiendo los pasos de su mujer y de su hermano ya condenado, así como de quienes lo encumbraron en Ferraz y en La Moncloa con el mantenedor de su moción de censura «Frankenstein» pechando 24 años de prisión, un «horizonte plebiscitario» apuntando a una república plurinacional. Ello pondría colofón a la lógica binaria impulsada desde su carta de abril de 2024 en la que sugirió su marcha tras ser imputada su cónyuge por el ‘Begoñagate’, y que tiene su raíz en la latinoamericanización del PSOE cuando, perdiendo los pocos restos de socialdemocracia que le quedaban tras el mandato de Zapatero, asumió aquel programa de Podemos que le producía insomnio para pervivir en La Moncloa, al igual que operó con secesionistas y bilduetarras,

Bajo esa misma premisa, no hay que descartar que, cuando vuelva de su inmersión vacacional vestido de buzo para enajenarse de una realidad áspera que le genera alipori, recobre el momento epistolar de 2024 bajo el pendón de la plurinacionalidad y la manipulación de censo electoral. A este propósito, concurriría a la futura convocatoria electoral como candidato de un partido que está dejando en las raspas, sino de un frente plurinacional en pos de ese eventual proceso deconstituyente republicano. Para este menester, precisa de la excepcionalidad como los pescadores de anguilas que, en aguas quietas no atrapan nada, pero si remueven el cieno su pesca es buena; del mismo modo, que sólo en tiempos turbulentos se llenan los bolsillos, según Aristófanes.

De cara a ese «horizonte plebiscitario», al que apela con reiteración su exjefe de Gabinete, Iván Redondo, los demarrajes de Puente se corresponderían con su rol de liebre de Sánchez para esta huida hacia delante para que, caso de fracasar, saltar de ser su doméstico a liderar el PSOE en la oposición. Para este jifero, un «win-win» (ganar-ganar) por el que cosecharía ganancias al margen del desenlace final de su apuesta.

En apariencia, aunque ningún presidente admite delfinarios para no ser mirado como un «pato cojo» que está de salida, Sánchez alimenta la idea de que pudiera ser su exministro de Sanidad con el Covid-19 y hoy presidente catalán, Salvador Illa, al que todos los años invita a La Mareta. Empero, ello tiene los mismos visos que cuando el «caballo cansado» González quiso designar sucesor a su vicepresidente Narcís Serra acabando aquello como el rosario de la aurora. Puente lo sabe y se radicaliza ante unas bases que hoy apedrearían a González como los partidarios de Largo Caballero tirotearon a los de Prieto en el mitin de Écija de mayo de 1936.

Al fin y al cabo, un canalla como Puente posee todos los atributos, parafraseando a Aristófanes sobre los demagogos, para ser –con su voz horrible y chillona, su naturaleza intratable y perversa, y su lenguaje de mercado–, el apropiado sustituto de Sánchez como este a su vez ha acabado siéndolo de Zapatero dentro de la degradación de un PSOE que pudre hoy España como aquella República sin republicanos que devino en una Guerra Civil. En este sentido, la historia de España no hace gala de lo dicho por Oscar Wilde, en consonancia con Montesquieu, de «feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento».