Gorka Maneiro-Vozpópuli
- Esas maneras que rechazamos para nuestros hijos son sus habituales formas de hacer política
Por lo que parece, aunque nunca se sabe qué puede pensar quien acostumbra a aparentar lo que no es, miente más que habla, dice una cosa y la contraria y se comporta con la sutileza del estratega político más intrincado y escabroso, a Pedro Sánchez le gusta Óscar Puente, al menos para las funciones que le ha mandado perpetrar desde que lo eligió ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, y que no son precisamente las que tienen que ver con las funciones puramente técnicas de su ministerio, que anda como anda, sino con su labor de atacar a todo el que se atreva a criticar al jefe supremo. Por su parte, por lo que nos muestra el propio Óscar Puente con frecuencia, estridencia y rudeza, él está dispuesto a pelearse con quien sea que ose criticar o poner en aprietos a Sánchez, de quien se ha convertido en principal defensor, valedor… y parece que sucesor hipotético y probable. Es el perro de presa que defiende al dueño en todo momento pero especialmente cuando este está contra las cuerdas y muestra signos de fatiga, porque, por mucho que sea un hombre malvado al que no le tiembla el pulso, necesita la protección de su siervo más bruto, aunque sea solo sea para desviar la atención de lo importante mientras España arde, la invaden o se va por la alcantarilla de la división, la polarización, la corrupción y la insignificancia política.
Mentiras y purgas internas
Si Ábalos fue primero pieza clave de Sánchez en las primarias socialistas de 2017, más tarde el encargado de defender la moción de censura que lo llevó a la presidencia del Gobierno de España y, posteriormente, portavoz parlamentario y ministro de Fomento y de Transportes, Óscar Puente fue el portavoz en 2017 de aquella candidatura de Sánchez a la secretaría general del PSOE, el portavoz socialista que intervino en septiembre de 2023 en la investidura fallida de Feijóo, a quien trató de humillar de forma tosca y chusca como anticipo de lo que vendría, y, a continuación, ministro de Transportes, lo cual demuestra que a Sánchez le gustan los hombretones toscos y rudos como guardaespaldas, dado que ya está él para la sutileza de las medias verdades y las mentiras, las purgas internas, las traiciones a propios y extraños y las construcciones más elevadas, que supongo que será en lo andará ahora que se acercan las elecciones generales y necesita pensar cómo permanecer en la Moncloa.
Puente parece bastante más espabilado que Ábalos o Cerdán, desde luego, lo que es probable que le permita mantenerse a salvo de actuaciones ilegales que pudieran llevarlo a la cárcel. Sin embargo, no solo ha dado muestras durante todos estos años de su incompetencia para el ministerio del que es responsable, sino que ha acumulado innumerables polémicas y un buen número de descalificaciones e insultos impropios de un ministro, siempre dedicados a la diestra de lo que se ha terminado convirtiendo en la izquierda más desastrosa de Europa.
Responsable de Adamuz: 46 muertos
Entre ellas, a Javier Milei, presidente argentino, a quien acusó de ingerir drogas y estupefacientes, o a Vito Quiles, a quien llamó «saco de mierda», entre otras muchas. Además, vilipendió a críticos internos muy valiosos, algunos de los cuales terminaron siendo expulsados del partido. Entre sus penúltimos episodios más esperpénticos que mejor lo califican están sus críticas al rey de España por estrechar la mano a un ciudadano particular que fue a saludarlo. Que digo yo que, por muy malo que sea Negre, nunca será peor que los representantes políticos de lo que fue y en parte sigue siendo ETA, y sin embargo con estos no solo se reunió el PSOE y hasta los ha convertido en socios preferentes de legislatura, sino que el propio Puente calificó no ya como formación legal sino como «partido progresista y democrático». Últimamente, arremetió con exabruptos contra Daniel Gascón, que todavía escribe en El País, lo que define su alergia a todo argumento y a toda crítica, y lo que demuestra que dedica su tiempo a perderlo en lugar de a hacer el trabajo por el que se le paga un sueldo público. En todo caso, si hay algo por lo que se le recordará para siempre es el dramático accidente de Adamuz, de cuyos 46 fallecidos es responsable directo o indirecto, por la omisión de algunas de las responsabilidades que le correspondían como ministro.
Así como los socialistas que ya duermen en la cárcel o están a punto de hacerlo las mataban callando para hacerse con dinero público, dudo de que Puente termine actuando del mismo modo. Él es otra cosa. Él busca el cuerpo a cuerpo como portero de discoteca, la polémica estruendosa, el insulto contra políticos, ciudadanos o periodistas críticos y la bronca barriobajera que provoca vergüenza ajena, lo que termina embarrando la política y las relaciones entre partidos. Y lo hace sin pelos en la lengua, como queriéndole dejar claro a Sánchez que puede contar con él para lo que necesite. Puente hace gala de las malas maneras de toda la vida en las que su físico encaja como un guante; y es que esas maneras que queremos que nuestros hijos nunca pongan en práctica son sus habituales formas de hacer política: no sólo sin escrúpulos estéticos como la gente de la peor ralea, sino sin límites morales, como Pedro Sánchez.
Ahora, por lo que se ve, Puente ha afirmado que no descarta ser el sustituto de Sánchez, seguramente porque ve a su líder políticamente muerto y a él, vivito y coleando, al menos de momento, y sin que nadie lo iguale en brutalidad dialéctica, desparpajo y ganas de seguir soltando exabruptos. La sucesión se produciría una vez que Sánchez perdiese las próximas elecciones y no pudiera formar gobierno, aunque el escudero del presidente no lo haya verbalizado de ese modo y después haya disimulado.
Tras Zapatero, que aún sigue buscando los «argumentos» que «expliquen» la ilegalidad flagrante de no declarar sus joyas, y Sánchez, que incluso empeoró con mala saña lo que su predecesor perpetró, quizás el responsable de dirigir en un futuro los designios del PSOE sea Puente. Y sí, quizás sea el adecuado para ahondar en la bronca, el enfrentamiento y la mala gestión que está llevando al PSOE a la desaparición y a España hacia el precipicio. En todo caso, antes de que eso ocurra debemos quitarnos de encima a Sánchez, cuya cabeza ya está maquinando fórmulas varias para perpetuarse en la Moncloa más allá de 2027. Óscar Puente, su fiel escudero, con su ataque reciente a la Corona, quizá ya ha anticipado alguna.