- Ayer se recuperó el uso de nuestro término narcótico («puntual» es un anestésico), cuando a la portavoz del gobierno le preguntaron por los buques de guerra marroquíes que se nos metieron hasta la cocina mientras por tierra nos invadían los cien mil hijos de Mojamé
Cuando empezó a publicarse la nacionalidad de los violadores, se supo que, con una frecuencia merecedora de atención, muchos de esos canallas no eran españoles. Tiraban más al sur. Entonces las autoridades competentes y los paniaguados soltaban: «Es un hecho puntual». Significaba que no había nada que interpretar, nada que colegir. Incluso poquísimo que lamentar. El asunto no tenía tres dimensiones, como los objetos de la realidad. Ni dos, como algunas entidades matemáticas. Ni siquiera tenía una dimensión, como la línea recta, que no es que invite a grandes comentarios, pero siempre puedes decir: mírala, pasa por ahí. El asunto tenía cero dimensiones porque era un punto. Y con cero dimensiones no esperes conclusiones, ni tampoco prevenciones. ¿Para qué? Del punto solo puedes decir dónde está: un extranjero ha violado en Málaga, o en Orense.
Con todo, tener que decir «puntual» era en sí mismo una incomodidad. Los apurados usuarios se daban cuenta de que, aun carente de dimensiones, los puntos se empeñan en transmitir mensajes de carácter general cuando se acumulan. Enseñas un mapa con cinco mil puntos y los fenómenos que quieres esconder dejan de parecer objetos matemáticos de cero dimensiones (¡bah!) para cobrar la apariencia de una mancha de aceite (¿qué está pasando aquí?). Por eso lo que irritaba a las buenas almas, esas que nos quieren desinformados para que no nos radicalicemos, era previo al dichoso adjetivo: era tener que usarlo, era revelar la nacionalidad de los violadores. El tiempo hizo lo suyo, lo puntual en realidad se reveló una pauta; la gente comprendió que, si no se mencionaba la nacionalidad de esos delincuentes, es que eran extranjeros. Tirando al sur. Es lo que tiene la censura en los regímenes no totalitarios: que te la pasas por el arco del triunfo de una manera u otra.
Ayer se recuperó el uso de nuestro término narcótico («puntual» es un anestésico), cuando a la portavoz del gobierno le preguntaron por los buques de guerra marroquíes que se nos metieron hasta la cocina mientras por tierra nos invadían los cien mil hijos de Mojamé. Solo en 2014 los mejorables miembros de la RAE aceptaron en su diccionario la sexta acepción de puntual: «ocasional, que se produce de manera aislada frente a lo habitual». Hasta entonces, el uso que le daban los encargados de esconder la realidad era incorrecto. A mí, un diccionario que admite «almóndiga» me merece un respeto limitado. Digamos que se va bastardeando para poder fingir que los socialistas hablan correctamente. Como fuere, si se considera ocasional la entrada de buques de guerra extranjeros, y con eso pretenden hurtarnos ulteriores explicaciones, entonces tendremos que recordar otros hechos puntuales en el sentido bastardo y legalizado de no habitual. Voy. Puntual fue el asesinato de Francisco Fernando en Sarajevo. Puntual fue la toma de la Bastilla. Puntual fue el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón. Puntual fue toparse con otro continente un 12 de octubre de 1492. Así pues, no extraigamos conclusiones de ninguno de estos hechos.