La gravedad de las cuestiones debatidas este jueves en el IV Foro Económico Español en Ceuta deja a Margarita Robles en una posición política insostenible.
Durante el foro organizado por EL ESPAÑOL, el presidente ceutí ha recopilado sus reiteradas denuncias sobre la inacción del Gobierno central.
Juan Jesús Vivas ha recordado que todavía permanecen en la ciudad cerca de 15.000 personas de las que entraron ilegalmente el pasado 30 de julio. Y sus críticas han apuntado directamente a la paralización de las devoluciones y a la falta de transparencia del Ejecutivo.
Más trascendencia ha tenido, si cabe, la intervención del general Miguel Ángel Ballesteros.
Porque el que fuera director del Departamento de Seguridad Nacional hasta noviembre de 2023 en la Administración Sánchez ha pedido la declaración del estado de excepción, a fin de salvaguardar la integridad territorial frente a Marruecos.
La imagen que se desprende de esta jornada es la de un Ejecutivo que ha abdicado de su responsabilidad constitucional primordial: la defensa de la soberanía nacional.
Ante este escenario, la ministra de Defensa no sólo no ha dimitido, como era obligado ante la gravedad de los hechos denunciados en Ceuta. Sino que se ha prestado a seguir dándole cobertura política a quien ha permitido tal dejación de funciones en la frontera.
En la confección de las listas del PSOE por Madrid, Pedro Sánchez ha situado a Margarita Robles como número dos de su candidatura, con Fernando Grande-Marlaska en el quinto puesto.
La presencia de la ministra en la cabecera del cartel electoral sólo puede leerse como un servicio a una operación para prestigiar al presidente con su vitola de candidata moderada.
Según ha podido conocer EL ESPAÑOL, la decisión ha provocado indignación entre las asociaciones militares.
El estamento castrense se ha mostrado consternado ante el hecho de que su superiora vuelva a escoltar a quien ha traficado con la soberanía nacional a cambio de impunidad penal, a quien ha tolerado la corrupción en su entorno, a quien ha auspiciado unas cloacas contra jueces y periodistas, y a quien ha abandonado a Ceuta a su suerte.
El malestar en las Fuerzas Armadas es profundo ante el desprestigio que sufren a ojos de la población, debido al impedimento de los mandos superiores, dependientes del Ministerio de Defensa, para cumplir con sus obligaciones en la crisis de Ceuta.
El apoyo incondicional de Robles a la política de Sánchez por parte de una ministra cuya continuidad ya estaba cuestionada en las Fuerzas Armadas, a causa de su deficiente gestión de los últimos años, no ha hecho sino redoblar ese malestar.
Y es que no cabe otra lectura para la inclusión de Robles en las listas por Madrid sino el de un aval explícito a las políticas de Moncloa.
Con ello, queda al descubierto la falsedad del discurso que la ministra ha mantenido a lo largo de la última legislatura.
Sus apelaciones a la defensa firme de España, de las instituciones y del Ejército chocan ahora con la realidad de su afinidad electoral.
La candidatura certifica que sus gestos pasados de disidencia no han sido más que puro teatro.
Gestos como la disputa abierta que mantuvo con el ministro del Interior sobre los avisos del CNI antes de la invasión de Ceuta, o el sonado episodio en el que fue la única integrante de la bancada azul que se negó a levantarse para aplaudir a Sánchez en el Congreso, quedan reducidos a meras poses para salvar su reputación personal sin ninguna consecuencia práctica.
A la postre, Robles no sólo es una de las tres personas que han aguantado desde el principio en el Consejo de Ministros de Pedro Sánchez.
Al aceptar concurrir a las urnas como su número dos, ha acabado asumiendo como propias conductas y decisiones gubernamentales incompatibles con los valores que siempre ha presumido defender.
Son muchos los ciudadanos que se sentirán defraudados por esta farsa.
Durante años, Robles ha sido sostenidamente la ministra mejor valorada. Todavía en el último sondeo de SocioMétrica para EL ESPAÑOL (enero de 2026), lograba un 4,9 sobre 10, la nota más alta de todo el Gobierno.
La ministra de Defensa siempre ha jugado a desmarcarse de las polémicas que acosaban al Ejecutivo.
Para sortear los choques internos o los peajes abonados a los socios independentistas, Robles recurría sistemáticamente a fórmulas evasivas:
«A mí no me van a encontrar en polémicas», «yo estoy centrada en mi trabajo» o «mi obligación es trabajar por España, alejados del ruido».
Hoy se constata que aquello fue sólo una táctica de confusión.
La ministra más apreciada por su talante institucional, por su aparente independencia y por representar, teóricamente, el contrapunto al deterioro de las Fuerzas de Seguridad que encarna Marlaska, ha terminado compartiendo lista con él, bajo la batuta del presidente responsable de ese mismo deterioro.
Margarita Robles tendrá que responder ante su conciencia por haber dilapidado su capital profesional y su prestigio al haberse asociado con un mandatario tan radioactivo como Pedro Sánchez.
Pero la obligación de este diario es reclamar su dimisión y su retirada de la candidatura por Madrid.