Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Trump demuestra en sus ruedas de prensa un respeto riguroso a los medios de comunicación. Ahí se da la palabra a todos, afines o adversarios. Exactamente, al revés de lo que ocurre en las ruedas de Prensa de Pedro Sánchez. Para poder preguntar hay que hacer muchos méritos

Sospecho que quienes tienen la paciencia de leerme saben que mi simpatía por Donald Trump es limitada. Yo sigo creyendo en los viejos principios del Partido Republicano, según los enunciaba la ‘Heritage Foundation’, hoy desarraigada: libertad de empresa, gobierno limitado, libertad individual, valores americanos tradicionales y una defensa nacional fuerte. Creo que en ninguno de estos cinco principios ha mantenido Donald Trump una posición unívoca a lo largo de su vida pública. Y me parece muy importante mantener las formas en ese ámbito, algo que Donald Trump desprecia.

Dicho lo cual, creo también que en la última semana la política norteamericana nos ha enseñado mucho bajo Donald Trump. Para bien. El Partido Republicano ha perdido el pasado jueves un voto en el Senado, donde los demócratas han impuesto una resolución que prohíbe al presidente norteamericano autorizar nuevas acciones militares en Venezuela. Los republicanos tienen en la Cámara Alta 53 escaños frente a 45 de los demócratas y dos independientes alineados con la izquierda. De hecho, uno de ellos, Bernie Sanders, compitió con Hillary Clinton por la nominación del Partido Demócrata en las presidenciales de 2016. Pues increíblemente –desde una mentalidad española, los demócratas dieron la vuelta al marcador e impusieron a Trump la prohibición de volver a actuar en Venezuela por 53 a 47. Cinco senadores republicanos votaron contra el presidente. ¿Se imagina alguien a cinco diputados del PSOE sanchista votando hoy contra Pedro Sánchez?

Otra lección no menor que podemos aprender de la democracia norteamericana en la última semana es la del respeto de Trump por los medios de comunicación.

Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos y titular del cargo entre 1801 y 1809, sostenía que «Yo prefiero tener Prensa sin Gobierno que Gobierno sin Prensa». Es decir, ese era el pensamiento de un político abierto a la discrepancia, a las opiniones adversas y a las críticas. Sus frases lapidarias sobre la materia son múltiples. Baste otro ejemplo: «La Prensa es el mejor instrumento para instruir la mente del hombre, y para mejorarle como ser racional, moral y social». Es evidente que Jefferson, que era un progresista en su tiempo, sería hoy considerado un carca por el sanchismo que ha descubierto a estas alturas la conveniencia de limitar la libertad de expresión, que es el término que equivale hoy a lo que Jefferson llamaba ‘Prensa’. Trump demuestra en sus ruedas de prensa un respeto riguroso a los medios de comunicación. Ahí se da la palabra a todos, afines o adversarios. Exactamente, al revés de lo que ocurre en las ruedas de Prensa de Pedro Sánchez. Para poder preguntar hay que hacer muchos méritos.

Creo que en Venezuela Trump se ha saltado las reglas de juego con razón porque esas reglas solo garantizaban la continuidad de la tiranía. Y estamos viendo cómo la fórmula de mantener a Delcy para no tener que invadir no parece un impedimento para el cambio hacia la antítesis del chavismo. Qué se lo pregunten a los prisioneros políticos ya liberados.

Hay quienes dicen que la extracción de los Maduro será en el futuro una justificación para las actuaciones de China en Taiwán o de Rusia en Ucrania. ¿De verdad hay alguien que cree que la legalidad internacional le importa una higa a Putin o a Xi Jinping?

Trump prometió centrar su mandato en política doméstica y ha descubierto lo mucho para lo que está capacitado su país. Ya ha realizado dos grandes operaciones en el exterior. La de Caracas y el bombardeo de las centrales nucleares de Irán en junio, que se presentó como una operación israelí. La cuestión ahora es si Trump seguirá mirando hacia afuera. Al no poder enfrentar una reelección, es una opción tentadora. Y visto lo que hay descarriado por el mundo, puede ser bueno para muchos. Pero no estaría de menos que empezase por entender quiénes son sus aliados. Pretender comerse Groenlandia sería el fin de nuestra alianza atlántica y de la Alianza Atlántica con mayúsculas. Y eso solo puede ser bueno para los regímenes totalitarios.