- España está hoy tan tocada institucionalmente que hasta podría salirse con la suya si plantease algún subterfugio para ir cediendo Ceuta y Melilla
Cuando escribo son ya 67 los cadáveres recogidos en Ceuta tras la cruel apertura de la frontera por parte de Marruecos. Se esperan más. Una tragedia sobrecogedora. Pero nuestro presidente ha vuelto a mostrarse como un desalmado, que no siente ni padece excepto en lo que atañe a su ego. Con una alocada frivolidad ha iniciado el día subiendo con una sonrisa de oreja a oreja una lista con sus canciones de verano. El viernes, en su fugaz visita a Ceuta, reconoció que habíamos sufrido «una violación de la integridad de España». Pero al día siguiente lanza un vídeo de propaganda tontolaba en plan alegre pincha y se larga a la tumbona de La Mareta. ¿Se encuentra este hombre en sus cabales?
El propio Rey ha mandado recado de que está «indignado» (como todos los españoles) y ha pedido al Gobierno que tome medidas para que no se repita lo sucedido. Una desautorización en toda regla a cómo ha gestionado esta gravísima crisis el presidente escapista.
Políticamente, la reacción de Sánchez ha consistido en buscar un enemigo exterior. Ha elegido a los socios europeos, poniéndolos verdes en una carta mientras trata con mimo y palabras de gratitud a Marruecos, evidente culpable de todo. El escándalo internacional es tal que 22 países de la UE le han respondido con otra misiva recriminándole su descontrol en las fronteras.
Todo este disparate ocurre sin una sola protesta en las calles de España contra un Gobierno que ha dejado desprotegida a una ciudad que es tan española como Lugo, Getafe o Bilbao (eso sí: dos millones en la calle para festejar el Mundial). Los periódicos marroquíes anticipan ya el próximo paso tras el alarde, programado en el día de la Fiesta del Trono de Mohamed VI. Aseguran que Melilla y Ceuta («Sebta») están llamadas a caer de maduras pronto.
España se encuentra tan tocada institucionalmente que me voy a permitir una fábula. Sé que exagero, pero puede resultar ilustrativa: ¿Qué pasaría si Sánchez se descolgase propiciando un acuerdo de cosoberanía para Ceuta y Melilla? Veamos:
Comparecencia institucional en la puerta de la Moncloa. Con rostro trascendente y voz queda y solemne, Sánchez anuncia que «los hechos de Ceuta, ocurridos a pesar de la leal cooperación de nuestro vecino y amigo el Reino de Marruecos, llevan a la inequívoca conclusión de que el bienestar de los ceutíes y las ceutías pasa por iniciar una política de desinflamación, en la línea de las que con tanto éxito ha aplicado en otras situaciones el Gobierno de la coalición progresista que me honro en presidir».
Sánchez mira ahora muy fijamente a la cámara: «Por todo ello, quiero anunciar que el Gobierno de España y el Reino de Marruecos han acordado iniciar conversaciones en busca de un nuevo estatus para Ceuta y Melilla, que permitan evitar situaciones como las vividas. Esta mesa de diálogo tendrá lugar en Ginebra, con la debida discreción y con la garantía de un mediador internacional de prestigio. Las conversaciones podrían conducir a un fructífero acuerdo de cosoberanía sobre las plazas, que mejoraría la vida de su población y reforzaría el futuro armónico y de progreso que deseamos ambos países, vecinos, amigos y aliados».
La oposición protestaría airada. Pero a efectos prácticos sus quejas pasarían sin consecuencia alguna. El Rey se reservaría para mejor ocasión, como con los indultos y la amnistía. Acaso en algún discurso citaría de pasada la importancia de «la integridad territorial de España, piedra angular de nuestra Constitución».
La apertura de negociaciones para la cosoberanía de Ceuta y Melilla recibirá el apoyo del Congreso. Nuestra izquierda, a la que lo de la unidad de España y lo de Ceuta y Melilla le suena a Franco, votaría a favor del insólito paso de Sánchez, y no digamos ya los separatistas, que se frotarían las manos.
Por supuesto habría protestas en Ceuta y Melilla y se convocaría «una gran manifestación» en Madrid, con el PP y Vox cuidándose de marcar distancias entre ellos. Acudirían unas 90.000 personas (15.000 según la Delegación del Gobierno) y TVE le dedicaría cuatro minutos en sus telediarios.
Todo tipo de juristas respetadísimos y los medios con un dedo de frente insistirían en que la maniobra de Sánchez es absolutamente inconstitucional, una locura. Pero Pumpido la visaría en el TC de mayoría sanchista, resaltando que «toda vez que estamos ante una cosoberanía, en puridad se sigue manteniendo una soberanía española».
Las protestas, los artículos de denuncia y las críticas de los tertulianos de derechas durarían unas cuatro semanas. Pero enseguida surgiría otro asunto para distraerse. En tres meses, el Gobierno y sus palmeros comenzarían a destacar «lo mucho que ha mejorado la convivencia en Ceuta y Melilla con las políticas de diálogo y entendimiento, en lugar de aplicar la estaca de la derecha y la ultraderecha».
En diez años se revisaría el acuerdo y Ceuta y Melilla pasarían a ser marroquíes a todos los efectos. Los tertulianos de izquierdas destacarían que «es lógico pasar página de una situación anacrónica» y celebrarían el ahorro que supone desentenderse de las dos plazas españolas, «unos fondos que ahora podrán dedicarse a asuntos más urgentes, como la lucha contra la emergencia climática o los avances en políticas de género».
Y si les parece una coña… confieso que a mí también me lo parecía la posibilidad de indultar y luego amnistiar a los autores del golpe separatista antiespañol de 2017. Si el presidente de las primeras veces sigue ahí, no existe desatino descartable.
¿Y el admirable pueblo español? Pues como siempre, atento a lo importante: el fútbol, las cañas, el finde, los viajes low cost y las series en bucle.