Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

  • Sánchez tiene el mérito de convertir en normal todo aquello que es profundamente anormal

Lea el principio del comentario con atención, porque después le voy a hacer una pregunta para ver si se ha aplicado lo suficiente. Pedro Sánchez (‘Rex tremendae majestatis’) tiene el indudable e indiscutido mérito de convertir en normal todo aquello que es profundamente anormal. Vea la secuencia:

1) La crisis provocada por la guerra en Irán le obliga a adoptar medidas que le disgustan, a él y a cualquiera en su situación. Los precios de la energía se desbocan y los tipos de interés amenazan con echarse a correr detrás de ellos.

2) Por eso, dedica tres semanas a discutir con el combo de partidos que le sostienen para tratar de conseguir su apoyo antes de presentarlo en el Congreso y obtener su aprobación parlamentaria.

3) Como sabe que no tiene mayoría suficiente, ni allí ni en la calle, busca el apoyo de Junts que le exige evitar el recurso al afamado decreto ómnibus, en donde se apelotonan, como en el metro en hora punta, cosas muy razonables junto con otras disparatadas y le dan la excusa perfecta para oponerse a él sin siquiera analizarlas.

4) Junts le exige trocear el decreto, lo cual irrita a Sumar, su socio en el Gobierno, que es consciente de que, separados, no se aprobará la parte del decreto dedicada a la vivienda, que es lo que le interesa para marcar perfil. Después de un gran espectáculo de tira y afloja que retrasó varias horas el Consejo de Ministros, Sánchez cede y lo divide en dos. Al parecer, obtener el apoyo de Junts es más importante que provocar el disgusto de Sumar. Uno, el decreto de vivienda está condenado al fracaso ante la oposición de catalanes y vascos y el otro salió gracias a su apoyo y a pesar de que a Sumar le disgusta.

5) Salió, pero con una condición, de nuevo impuesta por Junts. El decreto con contenido fiscal debería incluir la eliminación del IVA para los autónomos que facturen menos de los 85.000 euros.

6) Nueva cesión de Sánchez, algo que hace tiempo que se convirtió en costumbre, un decreto aprobado y otro a la nevera de donde saldrá seco como la mojama. Es decir, todos contentos.

Ahora viene la pregunta. ¿Quién cree usted que gobierna de verdad España? Como es domingo y no quiero estresarle, le acoto las repuestas: A: ERC y Bildu. B: Paquito el Chocolatero. C: Sumar y Podemos. D: PP y Vox. E: PSOE. F: Junts.

Si ha elegido la opción A, acierta, casi casi, pero no del todo. Si ha preferido la B, se acerca más, pero tampoco es correcta. Si se ha decantado por la C, es que está usted desfasado. Si ha marcado la D, es que no se ha enterado de qué va esto. Si ha elegido la E, la fácil, no sigue la actualidad con la atención que debiera. Por el contrario, si ha marcado la F, ¡bingo! Está usted al día. Enhorabuena.

Pues con este bagaje, y con la financiación autonómica retrasada hasta que pasen las elecciones pero no olvidada, se presentará la señora Montero a pelear por Andalucía. Desde luego, a Hércules se lo ponían más fácil… Y más, después de que Juanma Moreno lo haya visto venir, haya puesto la fecha más conveniente y le haya dado tiempo a firmar un acuerdo con los sindicatos médicos, cuestión sobre la que pretendía apoyarse la candidata ‘mejor preparada de la historia desde Agustina de Aragón’, como reconoce ella misma en un alarde de inmodestia propio de su jefe.

Ahora tenemos nuevo vicepresidente y un nuevo ministro de Hacienda. Dicen que son buenos técnicos, poco dados a la disputa inútil y al enfrentamiento estéril. Es decir, dos extraños ejemplares de ‘Homo ministeriales’ a proteger. Yo empiezo hoy mismo: ¡Ojalá les vaya bien a ambos! Les convendría a ellos y nosotros lo necesitamos. Mucho, pensando en lo que viene.