- Y, la última, Sánchez ni se inmutó cuando Picardo, el dirigente gibraltareño residente en Sotogrande, manifestó ante él que Franco levantó la verja de Gibraltar. Fue Gran Bretaña en 1909. Pero tampoco saben Historia. Sánchez sí construyó un muro entre los españoles
Anoto tres opiniones sobre el ingenio: «La diligencia es una gran ayuda para el que posee un mediocre ingenio», de Séneca; «Tu ingenio siempre te lleva más allá de los límites», de Dumas; «En España podrá faltar el pan, pero el ingenio y el buen humor no se acaban», de Valle-Inclán. Al fondo, las dos palabras de Rajoy que esta realidad disparatada convirtió en inducida tormenta en un vaso de agua: «Sin franceses», refiriéndose a la selección gala del Mundial, tras elogiarla. No veo racismo y sí el interés de los plumillas sumisos para agradar al jefe.
Séneca anticipa la diligencia demostrada por Sánchez y Albares en disculparse ante el primer ministro francés, «avergonzados» por las dos palabras de Rajoy. Por ser transfronterizas, siento la hipocresía del presidente y la del ministro de Exteriores, pero no las de Elma, Puente, Torres, Iglesias o Rufián; no podemos pedirles más. Dumas coincide con la ingeniosa referencia de Rajoy. Valle-Inclán se adelanta a esta España agobiada por impuestos y con la cesta de la compra por las nubes. Irrumpió Rajoy con ese ingenio nacional inacabable, según el autor de Tirano Banderas, de 1926, hace justo cien años. Compárese al dictadorzuelo valleinclanesco con Sánchez y a su esperpento con nuestra realidad. Salen las cuentas.
Traté desde el inicio de la Transición a los presidentes de Gobierno que merecían atención. A Suárez antes, en mis tiempos de TVE, y después. Calvo-Sotelo falleció cuando hablábamos de preparar un libro como el que había escrito con Osorio. A González le dediqué el primer fascículo de Los líderes que coordiné; luego coincidimos como conferenciantes en Brasil en un encuentro organizado por la Complutense. A Aznar le traté de cerca y antes había sido amigo y compañero de su padre en RTVE. A Zapatero creo que no le llegué a saludar; traté con sus sucesivos ministros de Cultura, el más preparado y eficaz, y no solo en aquella etapa, César Antonio Molina, cesado de mala manera por el luego coleccionista de joyas. Con Rajoy mantengo relación desde su presidencia de la Diputación de Pontevedra. A Sánchez no he tenido el gusto; los hados son sabios y generosos.
De todos los presidentes, Rajoy es el singularmente dado al humor desde el ingenio con cierta puntilla de mala leche, seguido de cerca por Calvo-Sotelo. No compartí que Rajoy no derogara la ley de Memoria Histórica, para mí, histérica. Alejandro Muñoz Alonso y yo fuimos ponentes en el Senado; se nos anunció que sería derogada. No fue así. Aseguraría que le convenció alguien muy cercano. Se conformó con su cerrojazo económico. Fue un grave error. Zapatero dejó un pufo impresionante, incluso falseando cifras en el traspaso de poderes, y Rajoy se dedicó a encauzar la economía e impedir que fuésemos intervenidos por la UE, como estaba previsto.
En la trampa montada por Sánchez y sus mariachis, desbordando la humorada de Rajoy, cayeron periodistas que admiro, considerados «de la fachosfera» por el Gobierno. Acaso desconocerían el texto que justificó la tormenta. Se siguió el juego de Sánchez, que busca nieblas para encubrir las noticias procesales que saltan cada día. Muchos confunden, intencionadamente o no, el ingenio, la humorada, con el juicio profundo y, como no llegan a más, utilizan su mediocridad como arma arrojadiza. El ridículo no impide nuevas bravatas.
Recordemos el trallazo verbal de Sánchez a Rajoy hace nueve años cuando el entonces presidente fue testigo en el caso Gürtel: «Su imagen declarando en la Audiencia Nacional quedará para siempre en la retina de los españoles, una imagen que resume seis años de un gobierno irresponsable ante la corrupción. Señor Rajoy, presente su dimisión ante el Rey. Un presidente debe ser un referente moral y usted no lo es». Ahora Sánchez desoye al Congreso, no se somete a una cuestión de confianza, y considera inocentes a quienes condenan los tribunales. Menudo referente moral. Y, la última, Sánchez ni se inmutó cuando Picardo, el dirigente gibraltareño residente en Sotogrande, manifestó ante él que Franco levantó la verja de Gibraltar. Fue Gran Bretaña en 1909. Pero tampoco saben Historia. Sánchez sí construyó un muro entre los españoles.
Rajoy acudió a su ingenio una vez más y comprenderlo no está al alcance de impostados mediocres. Tampoco de cursis con galones.