• No habrá ley, ni pacto, ni negociación que borre del mapa de la Historia a Gregorio Ordóñez ni a las 852 víctimas políticas de ETA

Ana Iribar-El Correo

Viuda de Gregorio Ordóñez

Me pregunto qué escribir cuando se cumplen treinta y un años del atentado contra Gregorio Ordóñez y las palabras vienen solas. Podría describir el poso que dejan la profunda tristeza, el vacío infinito, la ausencia después de su muerte. Sé que ese poso me despertará más temprano de lo habitual cada mañana, me espera en el sofá después de comer, asoma cuando se despide Javier antes de salir de casa. Regresa cada año, puntual a su cita, cuando escucho los tambores de la fiesta donostiarra que anuncian la sombra del disparo cobarde contra la nuca inocente de Gregorio. Pienso en las familias de otras víctimas de ETA, sé que la misma angustia silenciosa recorrerá el pasillo de sus casas, les acompañará al comprar el pan, al saludar a un vecino, al subirse al autobús para ir a trabajar, al apagar la luz por la noche en casa.

Podría reivindicar la condición de víctima de ETA de Gregorio Ordóñez, asesinado por la organización terrorista ETA el 23 de enero de 1995. Una grasienta maquinaria que utiliza el terror para conseguir sus objetivos políticos durante más de cuatro décadas. Que persigue, planifica y negocia su salida en la política, se desprende de las armas -no sé si de todos sus zulos- y se sube al tren de la democracia española que maldice, de la que reniega pues no reconoce más instituciones, más pueblo ni más nación que la vasca. Es el personaje innombrable, el Voldemort de los programas electorales de Bildu, hasta Otegi oculta sus siglas, que es como negarse a sí mismo.

Podría denunciar la inquietante equiparación de todas las víctimas de vulneraciones de derechos humanos. Las víctimas no podemos ser entendidas de forma corporativa porque, ¿a quién pediremos cuentas si los culpables de los delitos cometidos quedan diluidos en el espejismo colectivo del pasado? Mi historia está fatalmente ligada a la trayectoria criminal de la organización terrorista ETA. ¿Quién se acuerda ya de exigir a Sortu que condene y repudie a ETA y a sus militantes, cuando muchos de ellos siguen figurando en sus listas electorales? El proyecto político totalitario y la sombra de la acción criminal de ETA siguen activos bajo las siglas de Bildu. ETA exhibe sin pudor a sus ‘gudaris’ en 374 actos públicos denunciados por Covite en 2025. Soplan vientos a su favor desde el Gobierno, en la escenificación impúdica de una cordialidad exasperante. Solo tienen que esperar a que el tiempo haga su trabajo y borre su historial criminal de la memoria colectiva. Pero yo no puedo olvidar quiénes son, no quiero olvidar quiénes fueron. Debemos exigirles responsabilidades, no basta una vez más con mirar para otro lado. Las cuentas no están saldadas.

Podría escribir sobre la gestión política de la memoria colectiva. Expresamente dirigida desde elGobierno de mi país para generar división y para contentar a quienes sobreviven hoy en la sociedad y la política por haber ejercido la violencia. Al entramado terrorista empieza a interesarle el día en que anuncia el fin de la violencia armada, y no es casual. ETA necesita que la verdad factual no prospere para construir una memoria paralela, una argamasa donde se confundan todas las violencias, en torno el sempiterno ‘conflicto vasco’ que se reproduce en el programa de Bildu. El propio lehendakari dijo entonces que había llegado el momento de pasar página. En esto de la memoria cada cual arrima el ascua a su sardina. Bildu ha sabido aprovecharlo. Saben cómo transfigurarse en víctimas -para el nacionalismo vasco, el pueblo vasco siempre lo ha sido, una gigantesca víctima- y cómo difuminar su historial delictivo, en una suerte de ‘sfumato’, hasta hacer desaparecer del cuadro de la política la palabra ‘terrorista’. Lo que no pueden borrar del cuadro es a las víctimas de ETA. Ni el Gobierno, ni Bildu. No habrá ley, ni pacto, ni negociación que borre del mapa de la Historia a Gregorio Ordóñez ni a las 852 víctimas políticas de la organización terrorista ETA. Ni a ellas ni a los miles de vascos que tuvieron que vivir con escolta durante años en Euskadi por defender la Constitución del 78 y la libertad de todos nosotros.

En un día como hoy, debo escribir especialmente para dar las gracias. A todos los ciudadanos que cada año recordáis a Gregorio, que le echáis de menos. A las nuevas generaciones del Partido Popular por convocar la Escuela Gregorio Ordóñez. A la Fundación Faes por la creación del Instituto Gregorio Ordóñez para alojar el archivo documental de Gregorio, para que podamos recordarle, recuperarle, escucharle, para quienes quieran conocer el valor de la auténtica política. Gregorio solo la entendía como el mejor de los experimentos para mejorar la vida de todos. Disfrutó trabajando cada día con entusiasmo y honestidad por y para sus conciudadanos, siempre pensando en las generaciones futuras, siempre beligerante contra ETA y sus tentáculos. Siempre fiel a su conciencia y a las siglas que representaba. Recordemos su historia un año más y la de tantas víctimas inocentes.