Alejandro Espinosa Solana
Autor del libro ‘Hacia una Europa Islamizada’
A mediados de Agosto, un artículo de opinión defendía el islam entre nosotros y acusaba a un partido político de su instrumentalización como estrategia política y electoral. Su autor, Zakariae Cheddadi, de origen marroquí y adscrito a la UPV, se esforzaba en separar el islam como religión de otros factores sociales como la inmigración y la integración. Concluía que, ante aquel planteamiento de la derecha radical, poco se podía hacer por una convivencia pacífica, corriéndose el riesgo de reforzar los radicalismos.
Este discurso ya lo hemos escuchado muchas veces en otros países europeos con mayor tradición de acogida de inmigrantes musulmanes. Argelinos y marroquíes en Francia; marroquíes y turcos en Bélgica y Países Bajos; paquistaníes y bangladesíes en Reino Unido; turcos en Alemania; ciudadanos de Oriente Medio y somalíes en Suecia y países nórdicos, … En ninguno de esos países ha funcionado la integración de los musulmanes durante el último medio siglo, ni su religión resulta -en la práctica- conciliadora, si no expansiva e impositiva.
Es el falaz discurso de los Hermanos Musulmanes, una organización pan-islamista y salafista infiltrada en nuestras instituciones y declarada ilegal en el propio país en el que se fundó en 1928, Egipto. También en Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Austria, … e investigada en EE.UU. Su modus operandi es presentarse como musulmanes moderados ante los poderes públicos, aunque, de facto, realizan una doble labor proselitista (da’wa) para radicalizar a sus fieles contra Occidente (difundiendo ideas como nuestro supuesto racismo, discriminación e islamofobia), y de blanqueamiento hacia no pocos incautos occidentales bien intencionados. Hamas es el brazo ejecutor de los HMs en Gaza.
En Mayo de este año, un informe encargado por el gobierno francés a sus servicios secretos advertía una vez más de la “creciente amenaza” de los HMs para la “cohesión nacional”, y su objetivo de “islamizar Francia”. Pero como señalo en mi libro, muchos otros servicios secretos europeos se han pronunciado en este sentido: el Servicio General de Inteligencia y Seguridad holandés (AIVD), la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (Alemania), la Seguridad del Estado belga, la Agencia de Contingencias Civiles (MSB) del Ministerio de Defensa sueco, etc.
Varios expertos como Florence Bergueaud-Blacker (que ha tenido que ser protegida por la policía francesa), Lorenzo Vidino y Sergio Altuna, Ronald Sandee, … inciden en sus planes de infiltración, radicalismo e islamización de nuestras sociedades. En esta organización impera el secretismo, de manera que ningún musulmán confiesa su membresía.
El autor del artículo alude a nuestra convivencia, pero nada dice sobre la voluntaria segregación en guetos de muchos musulmanes, no solo aquí, sino en toda Europa, a pesar de acusarnos luego de discriminarles. De su inexistente mezcla interracial con los autóctonos o con quienes no sean musulmanes, al contrario que otros inmigrantes. De la delincuencia de muchos magrebíes marginales e inadaptados, con la excusa de que aquélla no es el islam, del que dice “es una de las religiones que más hincapié hace en la prohibición de comportamientos desviados”. De la difusión del fundamentalismo salafista en mezquitas, escuelas coránicas, organizaciones y asociaciones islámicas religiosas, culturales, supuestamente caritativas o integradoras, … Del creciente riesgo yihadista en toda Europa (en España ya hemos alcanzado en Agosto el número de detenciones de todo 2024, un 40% marroquíes o sus descendientes ya españoles, y cada vez más jóvenes). De que al menos un cuarto de la población musulmana europea desea la implantación de la sharía en detrimento de nuestras leyes e instituciones … La convivencia a la que Cheddadi alude no ha funcionado en ningún país europeo, si no que nuestra coexistencia empeora. Todo sirve a un fin: la paulatina desestabilización social y económica de nuestro continente, su debilitamiento y ocupación para el islam.
Recurre el autor a nuestra libertad de culto en defensa de su islam, olvidando que aquélla no existe en ningún país de mayoría musulmana, donde el proselitismo del que ellos disfrutan aquí libremente y la apostasía están prohibidos y castigados en sus códigos penales. Las decrecientes poblaciones de cristianos en Líbano, Siria, Alto Karabaj, Nigeria, … son perseguidas y masacradas, como analiza anualmente la ONG Manos Unidas. Parecida persecución ocurre con minorías como judíos y homosexuales.
Argumenta Cheddadi que la ablación y los crímenes de honor que esgrime Vox no son habituales. En efecto: en 2022 la policía catalana atendió al menos a 12 niñas a quienes se había practicado o se quería practicar la mutilación genital, el doble que en 2021. En Mayo de 2022 transcendió cómo unos padres enviaron de vacaciones a sus hijas a Pakistán, donde fueron asesinadas por rechazar su matrimonio forzado. En Cataluña se han llevado a cabo más de 200 matrimonios forzosos en los últimos años, muchas veces de niñas.
Habla el autor de construir un ‘islam europeo’, algo que ha sido imposible de conseguir por todos los gobiernos del continente pese a sus denodados esfuerzos durante décadas: Francia, Bélgica, Alemania, … Dice rechazar el frentismo: “ellos” y “nosotros”, justo lo que los magrebíes franceses sienten hacia el propio país y sociedad en la que han nacido, cuya sanidad y educación gratuita disfrutan, y cuyo pasaporte privilegiado ostentan. Termina, como muchas veces he visto, con una velada amenaza: si seguimos cuestionando el islam o a los musulmanes en nuestro país, corremos el riesgo de reforzar los radicalismos.
En España, las principales organizaciones musulmanas (CIE, UCIDE, FEERI, …) están infiltradas por los HMs y por intereses de países extranjeros. Algunas hasta han sido investigadas por financiación del terrorismo yihadista, y sus líderes, detenidos. Marruecos posee más de 100 mezquitas en nuestro país, que funcionan como antenas del estado alauí en nuestro territorio. La instrumentalización de su diáspora, de la inmigración y de los desahuciados de su sociedad que acaban en nuestras costas, sus ansias expansionistas, su espionaje a gobiernos europeos y en el P.E., el tráfico de drogas a través del Estrecho, … van socavando nuestro orden y paz sociales, y deteriorando gravemente nuestro país.