Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- La universidad garantiza la revisión imparcial de los exámenes de euskera
El rector Bengoetxea informó ayer de que 1.778 estudiantes han solicitado este año la revisión de su examen de euskera de la PAU. Son el 14% de los que se presentaron. La transparencia de la universidad debe elogiarse. Poner los datos sobre la mesa es el modo de favorecer el debate adulto en una sociedad abierta. Lo curioso es que la transparencia no tenga efectos retroactivos. Por alguna razón, el rector Bengoetxea no dio ayer el dato de las revisiones solicitadas en años anteriores. La cifra -tal vez solo encontrable tras una compleja investigación sociométrica consistente en pulsar el botón de un ordenador- habría resultado de alguna utilidad para ir entendiendo si este año en la prueba de euskera de la Selectividad ha ocurrido algo raro.
El rector pide calma y recuerda que hay un proceso en marcha del que garantiza la imparcialidad y la neutralidad, que son lo mismo. La que le metió prisa fue la portavoz del Gobierno vasco exigiendo rigor, transparencia y celeridad. El rector contestó a eso que la Selectividad la organizan al 50% con el Gobierno vasco. Ese fue un buen momento para echarse a temblar. En cualquier caso, el resultado de las revisiones se conocerá el lunes y suponemos que será entonces cuando se resuelva el misterio, que no parece tener que ver exactamente con unos alumnos quejándose de la exigencia de un examen, sino con unos alumnos recibiendo calificaciones subterráneas en un examen que creían haber superado sin problemas.
Se trata en su mayoría de alumnos de colegios concertados de modelo A y están siendo convenientemente señalados por ello por la policía de la moral. Una lluvia de ceros cayó sobre los que, siendo de distintos centros, coincidieron al tener apellidos entre la I y la S en dos aulas de la facultad de Sarriko. La anomalía estadística no parece poder explicarse aludiendo al nivel de los estudiantes, pero se repite estos días el argumento: ¿cómo no van a sacar un cero si son del modelo A? El razonamiento es fascinante. Entre otras cosas, porque da a entender que el modelo D sí funciona. Aunque los datos del Gobierno vasco indiquen que el 42% de los alumnos que cursan 2° de ESO en modelo D no puede entender o expresar «ideas de cierta complejidad» en euskera, la lengua en la que estudian. Y así vamos tirando. Después de que algunos de los estudiantes que protestan por las notas de la PAU hayan salido explicándose en la tele, hemos aprendido algo más: el euskera es un tesoro que hay que preservar defendiéndolo de los ataques y humillando públicamente a los que lo hablan mal.
Trump
Versalles digital
El acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán no se firmó finalmente en Suiza, sino en Versalles. Eso habrá tranquilizado al mundo. Al fin y al cabo, ¿cuándo ha salido mal un tratado que firmado en Versalles? Sirva para ahuyentar malos presagios que, en realidad, solo Donald Trump firmó el miércoles en el Palacio de Luis XIV. Lo hizo sin ningún representante iraní en la sala, pero con Macron al lado. Mientras Trump trazaba con el rotulador gordo esa firma suya que anticipa la inestabilidad bursátil, el presidente francés le jaleaba como a un cantaor. Solo que, en lugar de «arsa» y «vámonos», le decía «buen trabajo». Después supimos que el acuerdo, un memorando de catorce puntos, fue suscrito por Irán sin necesidad de que las partes se encontrasen. «Firma digital», se explicó, y fue difícil no imaginar el revuelo en el cuartel general de los ayatolás y al primer ministro Sharif buscando su DNI electrónico mientras trataba de recordar cómo funciona lo de la clave móvil. No ofrecerle a su rival ni siquiera la foto de una firma en condiciones, con sus banderas, sus apretones de manos y sus convenciones diplomáticas, parece la última muestra de control del régimen de Irán. Así comienza un plazo de sesenta días para negociar un acuerdo definitivo. Hace menos de un año, Trump firmó el plan de paz para Gaza organizando en Egipto un sarao que recordaba a Miss Universo, solo que cambiando a las misses por líderes mundiales. Lo de Irán ha sido distinto. «¡Lo acabo de firmar!», les gritó a los periodistas en medio de la noche de Versalles, antes de subirse al coche.