- Lo han afirmado con toda claridad, en varias ocasiones, tanto el CGPJ como las asociaciones de jueces: de las resoluciones judiciales se puede discrepar. Y yo discrepo, aunque adivino que por poco tiempo: lo tengo por tan buen juez que lo veo decretando prisión preventiva a no mucho tardar
No estoy de acuerdo con el juez Calama cuando rechaza ciertas medidas cautelares para Zapatero. Lo adecuado sería (y será, apuesto) la prisión preventiva. Esta discrepancia es normal en democracia. Sé que me distancio de quien tiene gran experiencia en la materia, y mayor conocimiento que el mío. Aun así lo hago con convencimiento, con respeto a su persona y a su autoridad. Todo lo que sigue a la primera frase de este párrafo no haría falta en una sociedad normal. Pero cualquier ocasión es buena para recordar que en un sistema de libertades (ergo con división de poderes, independencia judicial y sometimiento de los poderes públicos a las leyes y a las resoluciones judiciales) se puede discrepar de todo. Es más, al no ser la nuestra una democracia militante, se puede hasta reclamar la ruptura del orden constitucional. No otra cosa hace el independentismo.
Preferiría una democracia militante, me limito a describir lo que hay. Querría que los partidos secesionistas no fueran legales. Ni los comunistas cuando son comunistas de verdad. Hoy me he escandalizado al ver cómo la presidenta del grupo La Izquierda en el Parlamento Europeo, con varios de sus compañeros, levantaba el puño en plena votación. La institución ha condenado tanto al nazismo como al comunismo en diversas resoluciones. Parece que siguen siendo válidas las reflexiones de Martin Amis en ‘Koba el temible’. No toleraríamos un saludo nazi, pero sonreímos con lo del puñito, símbolo de la ideología más mortífera que ha conocido la humanidad.
Volviendo a la democracia, militante o no, acostumbrémonos a la crítica fundada y respetuosa a las resoluciones judiciales. Lo anormal sería atacar personalmente al juez Calama, o acusarle de prevaricación, o atribuir sus decisiones a sesgos ideológicos. Esto último sería fácilmente refutable en este caso. Luego está lo inconcebible: hacer seguimientos a jueces que molestan, siguiendo la práctica de la Cloaca del PSOE, de la Cloaca de la Cloaca. La juez que instruyó el caso del hermanísimo lo sufrió. Lo han afirmado con toda claridad, en varias ocasiones, tanto el CGPJ como las asociaciones de jueces: de las resoluciones judiciales se puede discrepar. Y yo discrepo, aunque adivino que por poco tiempo: lo tengo por tan buen juez que lo veo decretando prisión preventiva a no mucho tardar.
La supuesta dificultad de fugarse que atribuye a Zapatero es falaz. Zapatero tiene más recursos (de todo tipo), contactos y destinos acogedores que nadie para fugarse. La notoriedad no funciona de noche en un vehículo con las lunas tintadas. Por otra parte, si en la caja fuerte de un despacho de segunda escondía joyas millonarias, es lógico suponerle posesiones similares, como mínimo, en su domicilio. Existe el riesgo de que esas pruebas se hayan movido. Tampoco olvidemos que una condena larga es asimismo previsible, lo que aumenta el riesgo de fuga. El juez Calama debió autorizar el registro domiciliario, y solo una deferencia –a mi entender injustificada– a la condición de expresidente lo impidió.