José Alejandro Vara-Vozpópuli

  • ¿Qué sería Sánchez sin Aznar? El presidente se abraza a la guerra con un argumentario caduco y ridículo

En la festividad de la Anunciación, Pedro Sánchez compareció en el Congreso, su escenario más detestado después de la calle, travestido del arcángel San Gabriel para proclamar que la guerra de Irán puede prolongarse durante años, que será terrible, afectará a nuestra economía, a nuestra seguridad, a nuestra estabilidad y al bienestar de los españoles. Apocalipse now. Pero no se preocupen que ahí está él, un “referente internacional en defensa de la paz”, para desplegar el ‘escudo social’ que nos permitirá “salir más fuertes”.Una vieja letanía, una filfa descarada, un trampantojo fallido. Remató con su eslogan del ‘no a la guerra’, que era el de hace 23 años, al que añadió la frase de “es un orgullo ser español”, una trola en su boca, con la mirada puesta en los andaluces que en unas semanas le castigarán en las urnas. MJ Montero asentía con cara de degolladita.

Un mitin. Después de tres campañas en tres meses y la que está por llegar, Sánchez ya no intenta discursos ni se prodiga en deposiciones argumentadas. Ya solo expele mítines, obtusos y pedestres, bramidos gañán embravecido, con “el rostro más duro que el culo de un bucanero”, diría Conrad. Se ha aferrado a la guerra como Bogart a Ida Lupino en Su último refugio, la postrera tabla de salvación de un delincuente a la deriva. Lejos de exponer a los españoles la realidad de una situación incierta sobre la que apenas alguien sabe algo, y cuyo horizonte se presenta neblinoso, Sánchez optó por pasearse, chulángano y provocador, por la España de Aznar, por aquella escena de los puros que compartió con Bush, por la guerra de Irak y aquel escenario desde principios de siglo que ya solo recuerdan los asesores de la Moncloa, huérfanos de ideas razonables y propuestas necesarias. Por ejemplo, la bajada de impuestos en el país con mayor carga fiscal del entorno europeo. Más de 170.000 millones en cinco años, que se dice pronto y se recauda rápido.

Un cuento de terror

Con una gobierno digno y democrático,  como los que por ahí abundan, esta sesión debería haber perfilado un preciso mapa de la situación que emergió a bombazos hace 28 dias y haber concluido algún mensaje de sincera serenidad para estos tiempos convulsos. Sánchez fue a lo suyo. Aznar-Irán-Bush. Esto es mucho peor que lo de Irak. Trump es muy malo, un tipo enloquecido. La guerra será un desastre a todos los efectos, pero él está allí para salvarnos, pese al apoyo y el silencio de la derechona nacional. Un cansino retorno al pasado adobado con un cuento de terror para que, cuando llegue el momento dramático de llenar el depósito (quien pueda) y pagar en el súper (lo que se pueda) el personal maldiga a la fiera de Washington y a la ultraderecha y se olvide del Gobierno que pasaba por allí, que bastante hace con poner al señor naranja en su sitio. Tan elemental y tan pedestre que espanta por su zafiedad. “España no va a ser cómplice de Trump mientras yo sea presidente del Gobierno”, sentenció con el tono impostado de un actorcillo de rebajas.

Feijóo le bajó las humos al exhibir el afiche con el retrato que los iraníes pegan en los misiles antes de lanzarlos contra Israel. La foto de Sánchez adosada a un proyectil como el rótulo de ‘Little boy’ en la bomba de Hiroshima. «Difícilemnte puedes personificar la paz si la propaganda iraní estampa tu cara en los misiles de guerra». Le advirtió luego de que nunca será Mandela, pese a la abundante coreografía pacifista que despliega estos días, cacareada por los cuantacuentos de sus teles y redes, y le recordó que algunos homólogos europeos le han bautizado como ‘el traidor de Europa’, ante el gesto iracundo del aludido. “No a la guerra y no a Sánchez”, es el eslogan que cantarán los candidatos del PP por tierras andaluzas en las próximas semanas. “No ha tenido un recuerdo para las decenas de miles de personas masacradas por los ayatolás, ni para la mujeres perseguidas y torturadas por no ponerse el velo, ni para los homosexuales perseguidos y ejecutados, usted es un conflicto en la Otan, en Europa, en América y alimenta conflictos en nuestro país, donde alimenta el enfrentamiento y la división”. Una tonadilla que suena familiar y que hasta se hace bola en una situación tan inquietante. Luego le llamó ‘matón’ y le reprochó su actitud ‘dictatorial y peligrosísima’. Honores para Pedro. Le encantan esos piropos.

Los huevos de Abascal

La mañana en el Congreso venía con olor a urnas. El 17 de mayo se celebra la primera vuelta de las generales y esto enciende los ánimos y afila los mensajes. Abascal fue tajante. “Usted no quiere la verdad, quiere la guerra, le vienen bien las pandemias, las borrascas, las inundaciones, las catástrofes. El ruido de la explosiones ocultan sus crímenes”. Y una frase para los anales: “Es usted muy valiente con los huevos de los demás, y se pone chulo y luego los demás pagamos el pato”. Y como guiño a las urnas que llegan, unas bofetadas al PP y el bipartidismo, incluso referencias a Casado, como una improvisada morcilla fuera de programa.  Los socios liliputienses frecuentaron exposiciones dignas de siervos. Verónica Barbero, de Sumar, se afanó en su antisemitismo, tanto que pareció añorar ecos del Holocausto. Rufián se zambulle en una oratoria rastrera y piojosa, de una agresividad ridícula y fanfarrona. El bronceado le sienta tan mal. Este limpiabotas de Sánchez pretende levantar la voz y hasta lanzar reproches asumiendo un perfil de integridad ridícula. Te conocen de sobra, nen. Tildó de ‘pedófilo’ a Trump un par de veces mientras media bancada del PP huía de sus escaños para no abandonarse a la arcada. Miriam Nogueras, con un rictus culposo en su desmedida dentadura, compensó la entrega de votos que ofrecerá al Gobierno para sacar adelante su chapuza del paquete anticrisis, con algunas expresiones de feroz sonoridad: “Este país es un caos, las familias pagan la crisis mientras el Gobierno lanza eslóganes, esto se va a la porra, la gente no aguanta más”. Ellos sí. Junts aguanta lo que haga falta. La caverna xenófoba catalana vive de eso desde que advino el ‘proteccionismo’, ya va para siglo y medio. “Desde entonces, los catalanes somos muy ricos”, decía Pla.

La sesión de la guerra, que exigía seriedad y certezas, derivó en otra gran trola dirigida por el mayor farsante que se ha sentado en la Moncloa. Merecería una invocación como la que le largaron a Marco Polo, luego de que el aventurero italiano narrara su versión de cómo trajo los espaguetis a Italia desde China, la historia aquella de que un marino veneciano, llamado Spaguetti, miembro de su tripulación, mezló agua y harina como le enseñó una lugareña, lo envolvió en unos palitos y lo vertiera en agua hirviendo en forma de hilos. Enorme éxito en Italia. La pasta la inventaron los chinos. “Señor Polo, acabe con eso y cuéntenos otro embuste”, le reclamaba el público. A Sánchez no se le pide que nos mienta, como Joan Crawford a Sterling Hayden en Johnny Guitar, pero al menos que no se empeñe en hilvanar falsedades en un entorno de angustia generalizada. “Qué cara más dura, qué jeta”, le espetó al líder PP, expresiones que evidenciaron el desmoronamiento argumental del superhéroe de la paz global.  En las réplicas, Sánchez rebajó el nivel de su fraseo hasta arrastrarlo al de vecindona de corrala, desbordado de chismes, chascarrillaos, insultos y acusaciones de barra de bar o de un after animado por Paqurrín.  Largas parrafadas y numerosas bromitas y severas acusaciones contra el líder de Vox que no estaba en su escaño, lo que imprimía al monólogo del caudillo del progreso un aire de jaculatoria ridícula y desquiciada. La oratoria de Sánchez ya es tan sólo alimento para cuervos. De ahí lo peligroso.