Agustin Valladolid-Vozpópuli

  • Si como parece Vox duplica sus escaños en Aragón, lo primero que debiera hacer Abascal tras el recuento es enviar a Moncloa una caja de bombones

Hay comparaciones que son bastante odiosas y esta podría ser una de ellas. Así que no voy a hacerla, porque además de asimétrica sería injusta. Pero desde un plano de estricto análisis socio electoral, la imagen no solo sirve, sino que refleja con bastante claridad la estrategia elemental de la que se aprovecha Vox. Hace no demasiado era el PNV el que recogía los frutos que caían del árbol que otros movían. Ahora es Pedro Sánchez el que lo agita y Santiago Abascal el que ha extendido la manta bajo el nogal.

Algunos años atrás, Xabier Arzalluz, histórico dirigente del nacionalismo vasco, animaba a esos “otros” (a los que no voy a citar para, insisto, evitar cotejos improcedentes) a “sacudir el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces”, según frase textual reflejada en el acta que redactaron en abril de 1990 dirigentes de HB tras una reunión con el entonces presidente del PNV. En la actualidad, es Abascal quien, como es evidente, recoge los frutos de la sistemática, insensata y cada vez más estéril maniobra que busca favorecer la consolidación de un partido de derecha radical para frenar el ascenso del Partido Popular.

El plan asustaviejas de Sánchez ya hace tiempo que tiene serios efectos secundarios, y la fábula del pastorcito mentiroso, ¡qué viene el lobo de la ultraderecha!, no es solo que haya perdido fuelle, es que ha provocado la fuga de no pocas ovejas. Alrededor de un 5 por ciento de quienes apoyaron al PSOE en julio de 2023 tienen decidido votar en las próximas generales al partido de Abascal, según recientes estudios demoscópicos nada sospechosos. De igual modo, la media de las encuestas publicadas señala que este domingo, en Aragón, el Ohio español, el PSOE se hundirá en un porcentaje similar al incremento de Vox: también en el entorno de un 5 por ciento.

Alimentando al monstruito

El domingo, salvo sorpresa, el PP se va a quedar más o menos como estaba, lejos de la mayoría absoluta, Vox y la Chunta Aragonesista saldrán reforzados -muy reforzado el primero-, y la izquierda no podrá eludir la imagen de gran derrotada de la contienda (el PSOE, pero también Podemos). A partir de esas previsiones, las crónicas de los colegas que han seguido la campaña aragonesa apuntan dos probables consecuencias: 1) Moncloa culpará del batacazo a la “ola ultra global”; y 2) Vox habrá confirmado el plan diseñado por su dirección de cara a la recta final, las elecciones generales. ¿Cómo? No facilitando al PP la formación de los nuevos gobiernos autonómicos. Ni en Extremadura, ni en Aragón, ni en Castilla y León, ni en Andalucía.

Veremos si se cumplen los pronósticos o hay alguna excepción, pero si Vox dobla como parece su representación en las Cortes de Aragón lo primero que debiera hacer Abascal tras el recuento es enviar a Moncloa una caja de bombones. Como poco. Sánchez está hundiendo a su partido, aunque nada relevante pase tras la debacle maña, porque el argumentario del día siguiente, que ya está listo, dirá que ahora es mejor estarse quietecito, para no perjudicar a los compañeros de Castilla y León, que dentro de un mes les toca a ellos. Y pasará lo mismo en marzo, porque después viene Andalucía.

Pedro Sánchez quema las naves y alimenta al monstruito. Él es la gasolina con la que Abascal llena el depósito. Porque más allá de eso no hay casi nada. Solo había que escuchar estos días a su candidato en Aragón, Alejandro Nolasco, para comprobar que lo que Vox plantea es no hacer nada por la mañana y por la tarde pasarlo a limpio. Mucha inmigración ilegal, mucha okupación, mucho bajar impuestos, mucho mejorar los servicios públicos. ¿Qué cómo lo vamos a hacer? Es que no tenemos la menor intención de hacerlo. Al menos de momento.

El ’síndrome Rivera’

No sé si Abascal no tiene ni puta idea de España, opinión al parecer expresada por personas de confianza de Nolasco, pero es que no le hace falta tener idea alguna. La campaña de Vox es la exacerbación del diagnóstico acompañada de soluciones de brocha gorda, de ocurrencias en muchos casos de difícil, si no imposible, viabilidad. Y sin embargo, hasta la fecha, funciona. Llegará el día en el que la gente empiece a hacerse preguntas, pero mientras tanto, mientras Sánchez siga siendo el principal activista de Vox, y la inquina que este despierta en amplios sectores sociales sea el mayor activo del partido de derecha extrema, para qué arriesgar propuestas.

Vox va a salir eufórico del domingo 8 de febrero de 2026. No es para menos: un salto desde los 7 a los 13 o 14 escaños no se ve todos los días. Pero la apuesta, mitad táctica mitad oportunista, de dificultar la estabilidad del gobierno aragonés quizá no sea la mejor de las decisiones. Objetivamente, sobre todo en clave de actividad económica, la región atraviesa por uno de sus mejores momentos. Vox sabrá si le conviene poner palos en la rueda del progreso. Yo más bien creo que de no facilitar la gobernabilidad, de seguir abducido por el “síndrome Rivera”, Abascal puede llevarse la sorpresa de que Aragón sea el principio de un lento declive cuyo punto de no retorno llegará el día en el que el árbol se seque y no quede una sola nuez que recoger.