Ana Martín-El Debate

  • El Gobierno de España reta al de Estados Unidos a que revise los acuerdos comerciales, si eso es lo que quiere. A las secuelas que dejó su oposición al 5 % de gasto en Defensa se une esta nueva crisis

Pedro Sánchez buscó a Donald Trump a sabiendas de que iba a encontrarlo, y lo encontró. Y el resultado es una amenaza explícita del presidente norteamericano de que Estados Unidos romperá todos sus acuerdos comerciales con España y una respuesta del presidente español no menos explícita menospreciando esa amenaza y retándolo de nuevo. Que Sánchez se mueve con comodidad en el terreno del enfrentamiento con Trump es algo que ya había demostrado previamente.

No fue sincero el ministro de Asuntos Exteriores cuando este martes auguró en la sala de prensa de la Moncloa que la decisión del Gobierno de prohibir a Estados Unidos el uso de las bases de Rota y Morón para su operación en Irán no iba a traer consecuencias a España. «No, no esperamos en absoluto ninguna consecuencia», señaló José Manuel Albares.

No fue sincero el ministro porque, tratándose de Trump, en el Ejecutivo sabían de sobra que el presidente norteamericano no iba a quedarse de brazos cruzados ante el desaire; que el Gobierno justifica en que España está en su derecho de no permitir la utilización de esa infraestructura para una acción de guerra unilateral que no tiene el respaldo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Y la respuesta llegó pocas horas después de esa rueda de prensa, en la primera comparecencia de Trump desde el sábado. Durante un encuentro con el canciller alemán en la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos cargó con dureza contra el Gobierno de Pedro Sánchez y anunció que ha dado orden a su secretario del Tesoro para romper todos los acuerdos comerciales con España.

También recordó que Sánchez ya fue el único miembro de la OTAN que, en la última cumbre de la organización (en junio en La Haya), se posicionó en contra del acuerdo para aumentar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB: el 3,5 % en capacidad militar y otro 1,5 % en proteger las infraestructuras críticas. No fue solo él. Sentado a su lado, Friedrich Merz asintió y señaló que están tratando de convencer a España porque es «el único» que no está por la labor.

Desde la Moncloa se apresuraron a quitar importancia a la acometida de Trump, dando a entender que forma parte de la «escenografía». Fuentes gubernamentales recordaron que ya pasó con el 5 %: Trump salió de aquella cumbre de la OTAN amenazando con hacer pagar el doble a España a través de los aranceles, y el ministro de Economía le respondió que las negociaciones comerciales con Estados Unidos se llevan a través de la Comisión Europea.

Poco antes de las 19.30 horas, la Secretaría de Estado de Comunicación envió un comunicado en el que, lejos de retractarse, mantenía el pulso: «Con Estados Unidos mantenemos una relación comercial histórica y mutuamente beneficiosa. Si la administración norteamericana quiere revisarla deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional, y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EEUU», según el texto, en el que el Gobierno también dejaba claro que será capaz de parar el golpe, si Trump finalmente se atreve: «Nuestro país cuenta con los recursos necesarios para contener posibles impactos, ayudar a los sectores que pudieran verse afectados, y diversificar cadenas de suministro».

En paralelo, el líder de la oposición colgó un mensaje en X en el que pedía «respeto a nuestra nación» a los aliados, en alusión a Estados Unidos, pero asimismo se mostraba muy crítico con Sánchez: «La política exterior del Gobierno es una constante irresponsabilidad y la frivolidad tiene consecuencias (…). Por intentar ganar unos votos dentro no podemos poner en riesgo nuestra seguridad, nuestra estabilidad y nuestra posición en el mundo», añadía, dando a entender que la motivación de Sánchez no es otra que subir enteros electoralmente erigiéndose en la némesis de Trump.

La cumbre de la OTAN y de la oposición frontal del presidente español a la ofensiva de Israel sobre la franja de Gaza han dejado unas secuelas visibles que, ahora, lo previsible es que aumenten. Desde hace meses, Sánchez permanece relegado al furgón de cola de la política internacional. El pasado 19 de agosto fue excluido de una cumbre con TrumpVolodímir Zelenski y el núcleo duro de Europa celebrada en la Casa Blanca.

A partir de ahí llegaron más, también en la UE. A mediados de febrero, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, dejó a Sánchez al margen de un encuentro previo al Consejo Europeo para hablar de la economía de la eurozona, en el que también participaron el canciller alemán y el presidente de Francia. Y el representante de la cuarta economía de la zona euro no estaba invitado, lo que provocó el enfado de la Moncloa.

Aun así, Sánchez cree que le compensa. Y, además de ser el líder del antitrumpismo mundial, con ello mantiene a sus socios de izquierdas bien alineados a su lado. También a Podemos, aunque lo que los morados pretenden es que el presidente español dé el paso definitivo y se salga de la OTAN; algo que no entra en los planes del Gobierno.