José Alejandro Vara-Vozpópuli
- El gritito de ‘no a la guerra’ se estrena con fracaso. El líder socialista no moviliza ni al conserje de Ferraz
“Tenemos que estar preparados para una guerra que será larga”, sentenció Sánchez días atrás desde su plasma. “La guerra está casi terminada” acaba de decir Trump. ¿A quién creer? Urdir patrañas es una de las disciplinas en la que destacan ambos demagogos. El español, sumido en un rosario de urnas adversas, anhela que el conflicto se alargue al menos un añito. Que llegue hasta la víspera de las elecciones generales. El estadounidense detecta ya algunos bandazos económicos que no previó. También tiene comicios este año y los números rojos espantan a la clientela.
Los 800 asesores de Moncloa, huérfanos de ideas y esclavos de la pavada, han recurrido al viejo libreto de Aznar, las Azores y hasta el bobales de Bush que ahora inundan las intervenciones de las cacatúas militantes. Pura verborrea de baratillo. El pinchazo de las manifestaciones de este 8M ha sido un serio aviso. De haber faltado una manifestante más no habría cabido. Muchas ministras y pocas feministas canturreando el oxidado estribillo. La izquierda inmóvil y declinante. No hay guerra que la levante.
Aznar no llegó tan lejos
En Bruselas, mientras tanto, Ursula Von der Leyen se alinea en las antípodas de su amigo Pedro, a quien tanto quería. “No debe derramarse ni una lágrima por el régimen iraní que asesina y reprime a su pueblo”. La lideresa europea, al fin, lo tiene claro. Nadie cree en las lágrimas de las plañideras sanchistas. Se han equivocado de guerra. Irán no es Gaza. Allí no hay miles de niños famélicos que inundaban los noticieros de medio mundo. No hay más genocidio ni exterminio que el que practican los clérigos malditos que llevan cuarenta años persiguiendo, encarcelando y exterminando a su gente. Hacia allí no se dirige una flotilla de pacotilla como la Greta y sus zombis sino la flota de Macron, travestido de almirante, en la que navega una fragata española, lo mejor de nuestra Armada, que, para más inri, se llama Cristóbal Colón. Ni siquiera Aznar llegó tan lejos en Irak, que remitió un barquito de utillería por el qué dirán.
Nadie cree en sus lágrimas del ‘no a la guerra’, ni en sus gritos, ni en sus invocaciones. Ese eslogan atrasa. Los malvados de ahora llevan turbante y tienen sus business en Europa, como Jamenei junior, el sucesor de la dinastía criminal, con su hotelazo en Mallorca y sus residencias en Londres e incontables cuentas en suiza, al decir de la oposición. El ‘no a la guerra’ ya no cotiza en la bolsa electoral. Lo que le enerva a la gente es que, diez días después del estallido bélico, el Gobierno español no haya anunciado aún medidas para paliar el desastre que ya llega.
Y aún no ha empezado el castigo que Trump nos tiene prometido en respuesta a las bravatas del chulángano español. Que no será un pellizquito de monta, un tirar de la oreja al ridículo Albares, sino algo más expeditivo, dado el nivel de cabreo que exhibe el cermeño de la Casa Blanca. En amplios sectores del empresario español se advierte una sensación creciente de esa inquietud previa a la desesperación. «Esto no es como lo de Ucrania. No nos afecta en forma tan directa. Estamos preparando un plan integral como respuesta al problema», balbuceó Sara Aagesen, ministra de molinillos y musa de Bergman, en su prescindible interpretación en el Consejo de ministros. Nada de nada. Ni rastro de un paquete de ayudas urgentes a los sectores más golpeados, o rebajas fiscales, o recorte del IVA. La gasolina a dos euros de los que el 55 por ciento va al cajón del negociado de MJ Montero en forma de impuestos. «Estamos monitorizando», recitan como papagayos los miembros de un Ejecutivo incapaz de enviar un mensaje de aliento a una población que se ha echado a temblar. El Ejecutivo sanchista y la familia del presidente solo ejecutan con solvencia el saqueo y el latrocinio, tal y como como se atestigua día a día en los tribunales.
El test electoral del domingo
El primer test al que se somete la estrategia de ‘Trump es malo y su guerra es peor’ tiene lugar este domingo. La demoscopia anuncia que el gritito de marras no funciona, que el PSOE retrocede. Menos que en Extremadura o Aragón, pero sigue hacia atrás. “Bastante será si no nos hundirnos”, susurran los postulantes de Carlos Martínez, el candidato socialista proclamado el número uno al nepotismo en la región. La hermana, la cuñada y ¡una prima! ayudadas con dineros públicos. «El socialismo vino a robar, desde el primer día», decía aquel ministro de la UCD no si exageración. Y siguen. La derecha avanza en forma incontenible y se hunden las almas negras de Frankenstein. Podemos desaparece. Sumar ni existe. Y Vox, que ya estaba alto en la región, sigue su ascenso. La derecha superará los 45 escaños o más en tanto que ese Martínez, alcalde de Soria desde hace 20 años gracias, quizás, a su parecido físico con el rubio de los Pecos, se quedará a verlas venir, con un par de escaños menos que sus 28 actuales.
El eslogan pacifista del Ala Oeste se estrellará en la Vieja Castilla, donde están por asuntos torpes y prosaicos como la agricultura, la vivienda, la despoblación, el maldito AVE de Puente que pasa de largo y la asfixia financiara al que la somete el Gobierno. También se estrellará en Andalucía. En las generales, si el autócrata del progreso las permite, el trompazo del superhéroe de la paz será planetario. (Carcajadas en Washington y aplausos en Bruselas). Y España, a todo esto, sufriendo esa ‘anemia de bolsillo maligna y recalcitrante» provocada por una banda de forajidos que se aferra a la panocha capilar de Trump como una tabla de salvación que, en nada, hará aguas.