PEDRO GARCÍA CUARTANGO-ABC

  • Andreotti dijo que el poder desgasta al que no lo tiene. Pero lo que vimos ayer es que también desgasta al que lo tiene

Todo puede dar un vuelco en un minuto en el Congreso. No sólo cualquier previsión corre el riesgo de resultar equivocada, sino que además los políticos se empeñan en corregirse a sí mismos. Es el caso de Miriam Nogueras, la portavoz de Junts, que realizó un contundente alegato contra los decretos del Gobierno. Todos los medios, sin una sola excepción, interpretaron que el voto de Junts a las tres iniciativas del Gobierno sería negativo. Pero no fue eso lo que sucedió: los siete diputados de Puigdemont se ausentaron en el momento de la votación.

Como nada pasa por casualidad, la pregunta es de puro sentido común: ¿por qué ese giro inesperado y sorprendente de la posición de Junts? Sólo hay una respuesta posible: porque el PSOE cedió en el último momento al chantaje de Puigdemont y se comprometió a asumir sus exigencias, entre ellas, la vinculada a la cuestión prejudicial que afecta a la amnistía.

A pesar de que el Gobierno logró salvar parcialmente los muebles, el desarrollo de la jornada parlamentaria sirvió para demostrar quién manda en el Congreso, que es un prófugo de la Justicia que decide sobre cuestiones que afectan a toda la población. A Puigdemont le da igual que se pongan en peligro las rebajas fiscales, las ayudas al transporte y la revalorización de las pensiones porque él está a otra cosa, a lo suyo.

Más importante que el resultado de las votaciones de ayer es la impresión de desgobierno en la Cámara, la falta de coherencia en la mayoría gubernamental y la sensación de que la legislatura puede ser muy corta si Sánchez no cede al chantaje permanente.

Andreotti dijo que el poder desgasta al que no lo tiene. Pero lo que vimos ayer es que también desgasta al que lo tiene. Será una tarea hercúlea poder conciliar los intereses de una coalición en la que el único nexo de unión es evitar que gobierne la derecha. En lo demás no hay ningún tipo de acuerdo. Con amigos así, es preferible tener enemigos. Por lo menos, el PSOE ya sabe lo que puede esperar del PP y de Vox. Pero sus aliados son capaces de apuñalarle por la espalda, incluyendo a un Podemos con sed indisimulada de venganza.

Ciertamente el presidente ha acreditado su virtuosismo en el arte de sobrevivir y sus recursos en las situaciones más extremas. Pero necesitaría ser más hábil que Houdini para escapar de las cadenas que le han puesto unos socios tan poco fiables. Si creía poder ganar tiempo o engañarles, ya hemos comprobado que no. Tendrá que sudar sangre para sacar adelante todas sus iniciativas y siempre a cambio de pagar un alto precio.

Lo que ha cambiado es que ahora Sánchez depende de los siete escaños de Junts, lo cual es un disparate y un sinsentido en un partido que lleva las siglas de socialista, obrero y español. Malos tiempos para la lírica.