Editorial-El Español

Los últimos datos demoscópicos confirman que la sensación de abatimiento que en los últimos días se ha instalado en el Partido Socialista tiene una base fáctica.

La ilusión de una remontada electoral, sobre la que el presidente del Gobierno pretendía cimentar su relato de resistencia de cara a las elecciones del 29-N, se ha disipado por completo.

En su lugar, el temor a un fin de ciclo inminente y a la pérdida irreversible del poder atenaza hoy al PSOE.

El primer sondeo de SocioMétrica para EL ESPAÑOL tras la tragedia ferroviaria de Urda constata este cambio de tendencia.

La reacción del Gobierno a la catástrofe que ha costado la vida a 69 personas ha terminado de hundir las expectativas electorales de Pedro Sánchez.

El recurso al victimismo político, la precipitada búsqueda de un chivo expiatorio para descargar las propias responsabilidades y la negativa tajante a asumir dimisiones en el Ministerio de Transportes no han sido bien recibidos por los ciudadanos.

La resistencia del presidente a cesar al peor ministro de Transportes de la historia de la democracia ha arrebatado al PSOE cualquier opción de revalidar la Moncloa.

El sondeo de SocioMétrica no deja margen a la incertidumbre: si hoy se convocaran elecciones, existe un 100% de probabilidades de que el bloque de la derecha alcance la mayoría absoluta. En el 96% de las simulaciones el Partido Popular se sitúa como la fuerza más votada.

La encuesta otorga al PSOE 106 escaños, quince menos de los obtenidos en julio de 2023 y dos por debajo de la medición previa al accidente.

En el bloque de la oposición, el PP de Alberto Núñez Feijóo alcanzaría los 137 diputados, que sumados a los dos representantes de UPN en Navarra elevan su cómputo a 139.

Por su parte, Vox consolida su avance hasta los 64 escaños.

Los socios de investidura de Sánchez sufrirán un severo castigo en las urnas. Y, en concreto, el llamado Frente Amplio, que se desplomaría hasta quedarse en apenas 5 escaños, muy lejos de los 31 diputados que cosechó Sumar en la anterior legislatura.

Este retroceso obedece a una deliberada estrategia de radicalización concebida para concentrar el voto útil de la izquierda en las siglas del PSOE. Una maniobra que, a la vista está, reporta más pérdidas que ganancias.

Porque si bien Sánchez ha logrado absorber a cerca de medio millón de antiguos votantes de Sumar, ese beneficio queda neutralizado por una sangría hacia el centro y la derecha que duplica con creces lo captado a su izquierda. El PSOE pierde 865.000 sufragios en beneficio de PP y Vox, alimentando una brecha en la que la oposición recibe casi cinco votantes por cada uno que cede.

Pedro Sánchez está dispuesto a defender su búnker de Ferraz a costa de la hecatombe de la izquierda. Pero ese ejercicio de resistencia personal tiene el efecto colateral de dejar al espacio progresista desmantelado.

Sin aliados viables con los que puedan dar los números, afortunadamente no queda ya ninguna posibilidad de que el presidente sume una mayoría absoluta que le permita mantenerse en el Gobierno.