Teodoro León Gross-ABC

  • Se cree un rey del tablero sin entender que es un peón útil momentáneamente

Xi ha situado a España y a China, juntos, «en el lado correcto de la Historia». Sánchez se lo tiene merecido. Ahora aparece en la foto de la mano de la dictadura china en el mismo lado, cínicamente identificado por el mandatario chino, copiándole su expresión favorita, como «el lado correcto de la historia». En el caso de régimen asiático, es bien conocido que ese lado tan correcto incluye la persecución y exterminio progresivo de la etnia uigur, sojuzgar iniciativas territoriales autónomas, la represión de la homosexualidad con detenciones arbitrarias, ocultación del uso de la pena de muerte, detención de artistas críticos con el régimen, inexistencia de libertad de expresión, control digital… y ese paisaje, como lo describe Amnistía Internacional, al parecer es «el lado correcto de la historia» que ha unido a Xi Jinping y Sánchez. O llamémosle Sanching. Incluso Puigdemont, que no es el mayor defensor del Estado de derecho, se ha escandalizado.

Es lógico el entusiasmo del régimen chino con Sánchez. Para aquella dictadura, es fácil establecer buenos acuerdos comerciales, pero no tanto encontrar dirigentes occidentales dispuestos a servirles de coartada moral. Y Sánchez es ese tipo sin escrúpulos que se hace el escandalizado con cada bravata del bocazas de la Casa Blanca, y le busca la boca, pero que se rinde desmayadamente a Xi, persuadido de estar cambiando la geopolítica hacia un mundo mejor. Hay que ser miope, más allá de tener un narcisismo a prueba de Tomahawk. Sánchez se cree un rey del tablero sin entender que es un peón útil momentáneamente. En la UE ya están cansados de que vaya por libre, y se le ha apercibido por incorporar tecnologías chinas que se vinculan con el espionaje. El Gran Hermano de Orwell era una fantasía infantil comparada con China, donde rige la equiparación perfecta e indisociable de Gobierno, Partido Comunista y Estado, sin separación de poderes ni otras vainas democráticas.

Hubo un tiempo en que los dirigentes europeos, siquiera por disimular, reclamaban allí avances en materia de derechos humanos. Eso era cuando China necesitaba al mundo más que el mundo a China. Ahora ni mu. Ha llegado a ser el Estado autoritario casi perfecto, que aligera la sensación de opresión aunque no deja resquicio a la disidencia. A Sánchez eso le basta para mirar hacia otro lado, y casi podría parecer que ha puesto a Bolaños a homenajear a Xi torpedeando la separación de poderes y atacando la independencia judicial, como a otros ministros a manipular la conferencia de prensa en Moncloa para convertirla en oficina de representación de la mujer del presidente. No es raro que Xi afirme que China y España están en el lado correcto de la historia porque «son países de principios que actúan con rectitud moral». Y tanto. No hay más preguntas, señoría.