- En ningún caso veremos a un Sánchez devenido en un dirigente con sentido de Estado, emulando a sus colegas francés y alemán, Bayrou y Merz respectivamente, que frente al populismo y la demagogia que se estila por nuestros predios han decidido poner las cartas sobre la mesa y decirles a franceses y alemanes que se ha acabado la fiesta
Intento no confundir mis deseos con la realidad pero creo que la realidad terminará imponiéndose al deseo de Sánchez de resistir lo que queda de legislatura sin aprobar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado (PGE). De no aprobarlos llevará la incertidumbre política generada hasta la primavera o inicio del próximo verano y convocará elecciones, probablemente coincidentes con las autonómicas andaluzas, cosa sobre la que ya está advertido Juanma Moreno.
Ya se sabe que la desvergüenza y el cinismo de Sánchez son ilimitados, como prueba el hecho de que en la oposición sostenía que «un gobierno sin Presupuestos no gobierna nada» y «gobernar no consiste en vivir en la Moncloa» que es precisamente lo que está haciendo él desde que arrancó esta legislatura sin unas cuentas públicas nuevas. El personaje, es sabido, tiene además suficiente cuajo para decir una cosa y la contraria sin ruborizarse. A Rajoy le exigía presentar y aprobar Presupuestos porque «un gobierno sin Presupuestos es como un coche sin gasolina». Razón no le faltaba entonces utilizando una metáfora que puede aplicarse a sí mismo pero que su falta de coherencia y escrúpulos se lo impiden a pesar de que la falta de PGE impacta negativamente en la obtención de fondos europeos. Antes, incluso, él se ponía como ejemplo de político clásico incapaz de gobernar sin unos Presupuestos para justificar un adelanto electoral. Cambios de opinión, diría ahora, para excusar su incoherencia y falta de honestidad que pondrá a prueba en este otoño político.
Antes de que Sánchez gobernara, la Ley de Presupuestos Generales del Estado era la más importante que se debatía en el Parlamento año tras año y presentarla no era una opción sino una obligación constitucional que él ha incumplido en los últimos dos años. Tenía y tiene una obligación constitucional que ha infringido con independencia de que esos Presupuestos fueran aprobados o no por el Congreso. La pregunta es si a la tercera va la vencida y Sánchez lleva a la Cámara unas cuentas nuevas antes de que concluya 2025 y si tiene el apoyo de sus socios para aprobarlas bajo condiciones leoninas.
Hay quienes sostienen, en ese sentido, que es mejor prorrogar los actuales PGE antes que unos nuevos que serían el fruto del chantaje y la rapiña de independentistas, nacionalistas y podemitas, dada la facilidad de Sánchez para satisfacer sus intereses personales y de poder y ceder siempre ante las exigencias de quienes le mantienen en la Moncloa. Sus socios le van a poner a prueba otra vez y en el caso de que no ceda a sus pretensiones y condiciones es posible que les amenace con el adelanto electoral. Una baza política que Sánchez jugaría con el argumento de estar siendo víctima de una oposición que no arrima el hombro y de unos socios que anteponen sus cuitas territoriales y partidistas a los ciudadanos hasta acabar con su gobierno de progreso. Son hipótesis previsibles en un dirigente político que se conduce por tacticismos y estrategias personalistas.
En ningún caso veremos a un Sánchez devenido en un dirigente con sentido de Estado, emulando a sus colegas francés y alemán, Bayrou y Merz respectivamente, que frente al populismo y la demagogia que se estila por nuestros predios han decidido poner las cartas sobre la mesa y decirles a franceses y alemanes que se ha acabado la fiesta, que los estados de bienestar son insostenibles en las condiciones actuales de gasto y deuda pública desaforada y que toca adelgazar el presupuesto en pensiones, subvenciones y otras prestaciones. A Bayrou le costará el cargo su intención de ahorrar 44.000 millones de euros y suprimir dos días festivos en Francia, y Merz pagará en popularidad su intención de poner coto al alarmante endeudamiento de Alemania consecuente con el hecho de que uno de cada tres euros que se genera en el país vaya a gasto social. Ambos dirigentes políticos se han conducido con responsabilidad y sentido de la realidad por más contraproducentes que resulten a sus intereses políticos. Todo lo contrario que hace Sánchez.