El descalabro sufrido por el PSOE en las elecciones andaluzas de este domingo señala un nuevo hito en el retroceso del poder territorial del partido. Y ese progresivo desmantelamiento de la implantación autonómica de las siglas socialistas es consecuencia directa de la estrategia centralista y personalista marcada por Pedro Sánchez.
Desde que Sánchez asumió la Secretaría General de la organización, el mapa de poder institucional del PSOE ha menguado de forma sostenida.
El punto de inflexión de este proceso se produjo en los comicios autonómicos y municipales de mayo de 2023, donde el partido perdió el poder en la mayoría de comunidades y capitales de provincia que gobernaba.
La sangría no se ha detenido desde entonces, y en las últimas cuatro citas electorales (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía), el PSOE ha encadenado cuatro derrotas consecutivas, algunas de ellas estrepitosas.
La continuada laminación de las bases socialistas en las comunidades autónomas testimonia que el liderazgo de Pedro Sánchez ejerce un efecto erosionante sobre sus candidatos territoriales.
Y esa influencia perjudicial se multiplica con la política de Ferraz de intervenir las federaciones regionales, impidiendo el arraigo de liderazgos locales al enviar a miembros del Gobierno central como «paracaidistas» electorales.
Es la misma fórmula ensayada con la vicepresidenta María Jesús Montero en Andalucía, cuyo resultado de 28 escaños representa el suelo histórico de la formación en la región.
Se ha acabado produciendo así una marcada divergencia entre los intereses personales de Pedro Sánchez, volcados en retener la presidencia del Gobierno, y las necesidades del PSOE autonómico y municipal.
La estrategia nacional, supeditada a la supervivencia en la Moncloa a costa de pactos asimétricos, opera como un factor de desgaste directo para las marcas locales en la mayor parte de España. Y son justamente las fuerzas «soberanistas» las que recogen gran parte de la transferencia del voto de un PSOE que las ha alentado con su marco plurinacional.
Tras los batacazos autonómicos acumulados, según informa EL ESPAÑOL, el nerviosismo ha cundido entre los alcaldes del PSOE, quienes lamentan abiertamente que «las siglas están denostadas y la situación es crítica».
Varios regidores municipales han comenzado a manifestar su rechazo a la opción por la que se inclina actualmente el presidente del Gobierno: convocar un «superdomingo» electoral en mayo del año que viene para hacer coincidir las elecciones generales con las autonómicas y municipales.
Según informa este periódico, los cargos municipales del PSOE exigen que sea el presidente, y no ellos, quien se la juegue en un proceso electoral previo y separado, para evitar verse arrastrados por la impopularidad de su secretario general en una campaña nacionalizada.
Los regidores tienen presente el precedente de 2023, cuando el presidente instrumentalizó el hundimiento de sus siglas en mayo para adelantar las generales a julio, buscando su propio rédito ante el avance de la derecha a costa del sacrificio previo de sus barones regionales.
Siguiendo la estela de la alcaldesa de Palencia, las voces críticas contrarias a que el PSOE local siga viendo mermar su poder para que Sánchez retenga la Moncloa empiezan a aflorar públicamente. Tras el recuento andaluz, Miriam Andrés lamentó que «no llegamos ni al 23%… nos quedaremos sin poder territorial, el cercano, el que pisa tierra y mira a los ojos».
Y el comportamiento del electorado valida este diagnóstico.
Los únicos cuadros del PSOE que siguen obteniendo resultados competitivos o retienen gobiernos son aquellos que han significado una clara autonomía o un distanciamiento respecto a las directrices de Sánchez, como Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha o Carlos Martínez en Castilla y León.
Precisamente, Martínez reclamó este lunes un cambio de rumbo interno al advertir que «el problema no es haber perdido en Andalucía, es la desconexión que tenemos con la sociedad. Y ahí tenemos que hacer una reflexión autocrítica en el ámbito interno».
Sin embargo, la Ejecutiva Federal del PSOE reunida este lunes en Madrid no ha asumido ninguna rectificación. El aparato nacional ha optado por descargar la responsabilidad de forma exclusiva en la federación andaluza y ha calificado los apoyos perdidos como recuperables.
Sánchez se muestra decidido a no enmendar su estrategia y a doblar la apuesta. Y en una línea similar actuó su candidata andaluza, quien evitó la autocrítica, se congratuló de haber privado al PP de la mayoría absoluta y fue captada por los medios tratando de escabullirse de la prensa por la puerta trasera de la sede de San Vicente.
Se trata de una ironía política ilustrativa: mientras Pedro Sánchez opta por una huida hacia adelante para preservar su posición en Madrid a costa de sus siglas, su candidata en Andalucía opta por una huida física por la puerta de atrás.
Es el reflejo de una organización cuya dirección nacional sobrevive vaciando su propio poder territorial.