Irene González-Vozpópuli
- No es por los niños, es por controlarnos a todos para silenciar la verdad
Pedro Sánchez, el que rezuma odio a los españoles que muestran su desprecio, anunció en Dubái, en el World Governments Summit, que prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años para “protegerles de discurso de odio”, que es como llaman a las críticas al poder en el único lugar donde podemos encontrar y expresar la verdad sin mucha censura del Gobierno, las redes sociales y en concreto “X” de Elon Musk. Para ello será necesario que todo usuario esté identificado con sus datos. La protección de los menores no le importa a un régimen en el que las redes de abuso a menores tuteladas en centros públicos están a la orden del día sin que se haga nada para acabar con ello. No es por los niños, es por controlarnos a todos para silenciar la verdad. Si no fuese por las redes sociales no sabríamos por ejemplo que la Agencia tributaria ha sido nuevamente hackeada esta semana y han robado datos de 47 millones de personas sin que nadie sea responsable de quedar expuestos a chantajes o estafas por la venta de nuestros datos.
El elemento más inquietante del paquete es la creación de un sistema de rastreo, cuantificación y trazabilidad que genere una «Huella de Odio y Polarización». La huella de carbono quedaba obsoleta ante la depauperización de la población, sin coche y sin dinero para volar lejos de vacaciones, han decidido centrarse en lo importante, perseguir y acosar a quienes sean críticos con el poder y digan la verdad. Una huella del odio en un futuro carné de ciudadanía digital por puntos unida al euro digital podría determinar si accedes a una hipoteca, un trabajo o si directamente eres arrestado como un delincuente en nombre de proteger a los niños y luchar contra el fascismo.
Reino Unido, un estercolero
Un ejemplo reciente fue Graham Linehan, un guionista de comedia irlandés, que fue detenido en septiembre del 2025 al aterrizar en Londres en el aeropuerto de Heathrow por cinco agentes armados de la policía que estaban esperando para arrestarle por haber escrito meses atrás tres tuits en la red social X por utilizar lenguaje no apropiado para la tecnodictadura como “un hombre identificado como trans» en «un espacio solo para mujeres”. Le acusaron de un delito de odio por incitación a la violencia. El caso no generó ningún revuelo en eso que aún se llama prensa. No era un caso aislado, sino una detención más en el Reino Unido de Pakistán donde no se persiguen redes de abuso de menores en décadas, pero sólo en el año 2024 se produjeron 13.000 arrestos por “delitos de odio en redes sociales”. Alrededor del 90% fueron por publicar un meme crítico con la ideología de género o la inmigración masiva, las dos armas del terrorismo globalista contra nuestra existencia que encima nos hacen financiarlas.
Si Reino Unido es un estercolero irrecuperable por la élite globalista, el papel que han reservado para España no es muy halagüeño. Un patio trasero de experimentos sociales de abuso, control, expolio y reemplazo de la población nativa, que presenta niveles de mansedumbre y apatía asombrosos. Ahí es donde juega un papel fundamental el siervo más fiel de las élites, Pedro Sánchez, un personaje tremendamente útil para los enemigos de la Humanidad. El papel de ese lacayo es el de un delegado comercial de los intereses de terceros, ajenos y contrarios a los de la nación española, destinado al puesto de la Presidencia del Gobierno de España.
Defender la verdad
La clave para que España pueda convertirse en un patio trasero de experimentos sociales de la tecnocracia sin limitaciones es crear una ficción de un país “descontrolado”, dirigido por un dictador bananero como Pedro Sánchez, al que se presenta en esta simulación como un outsider, un verso suelto, un lobo solitario fuera del establishment globalista que lucha contra los gigantes tecnológicos por “salvar a los niños” del fascismo cuando él es siervo de la tecnocasta de la dictadura globalista que quiere imponer el euro digital, por ejemplo. Un falso David contra Goliat que defiende una medida ya implantada en la Francia de Macron. Para que Sánchez sea útil a sus jefes y engañarnos debe ser presentado como su opositor para que seamos sumisos y aceptemos el control que precede al expolio. En el Foro de Davos, Larry Fink hizo alarde de esta retórica ilustrativa cuando llegó a definir a la élite global allí reunida como los modernos Robin Hood gracias a la tecnología, cuando la realidad es que el globalismo es un sistema de extracción de rentas a los pobres para dárselo a los ricos. El Mal es mentiroso y siempre trata de ocultarse como Bien. Sánchez puede ser su Bolívar moderno.
Sólo así puede entenderse que quien ha despreciado la soberanía nacional, alimentaria o energética ahora defienda el control total de la conversación pública bajo una “soberanía digital”. La amenaza para la democracia es acceder a nuestros datos y rastrear nuestras opiniones para ser posteriormente perseguidos por ellas bajo la excusa de controla la polarización. Que haya división radical (polarización) con el mal, la mentira y la destrucción de mi país mi futuro y mi libertad es necesario y moral, y esto para los mayores traidores siervos del mal es precisamente lo que será mi huella del odio, defender la verdad.