- De todos sus abusos, el peor es blanquear a la banda terrorista que hizo llorar a los españoles desde 1968 a 2010, con más de 370 asesinatos todavía sin resolver
En España se ha llevado a cabo un tenaz proyecto de ingeniería social, impulsado desde el Gobierno, que supone una anomalía única en el Occidente avanzado.
El promotor de ese rodillo es el PSOE, que sarcásticamente lleva todavía en su apellido el adjetivo de «español». El plan de ingeniería social incluye cuatro grandes aberraciones, que es increíble que hayan podido consumarse: 1.- La persecución al dictado de partidos nacionalista regionales de la lengua mayoritaria y que une a todos los españoles, el castellano, hasta el extremo de que ha sido marginado en la educación y hasta prohibido so pena de multa en la rotulación de los comercios (un escarnio contra el que nada hizo un Gobierno del PP con mayoría absoluta). 2.- La voladura de los pactos no escritos de la democracia española, aceptando en la mayoría gubernamental al partido de ETA y a los dos que dieron en 2017 un golpe separatista en Cataluña. 3.- La promoción de una agenda de «nuevos derechos», que aspira a derogar la moral cristiana, aun a costa de pisotear la dignidad inherente a todo ser humano y hasta el más elemental sentido común. 4.- Una relectura doctrinaria de la historia del siglo XX español, imponiendo, también so pena de sanción, una visión sesgada y maniquea de la II República, la Guerra Civil y el franquismo, en la que la izquierda es siempre angélica y la derecha, vil y criminal. Se ha mutilado la libertad de cátedra y se ha buscado dividir a los españoles a costa de un pasado ya lejano, mientras se impone una amnesia oficial sobre algo tan reciente y lacerante como el terrorismo separatista.
ETA, de la que los chavales empiezan a saber ya poco, porque es lo que se pretende, constituyó la mayor pesadilla de España entre junio de 1968 y marzo de 2010, décadas en las que mató a 856 personas, entre ellas 20 niños y 59 mujeres. Sus atentados hirieron a 2.600 personas, muchas con dolorosas secuelas perennes. El mapa del terror lo completan 90 secuestros –entre ellos los 532 días de tortura de Ortega Lara– y una red de chantaje mafioso que llamaron «impuesto revolucionario».
El terrorismo de ETA dejó además una huella indeleble en la demografía y la política vascas, pues provocó el éxodo de 180.000 personas que no eran nacionalistas, lo que equivale al 9 % de la población de la región en 1977. Los partidos nacionalistas gozaron así de una prima indudable gracias a ETA, pues a sus militantes no los mataban. La actitud del PNV –el árbol y las nueces– resultó moralmente vomitiva.
Toda España padeció la violencia etarra, que mató en 24 provincias. El 60 % de sus víctimas fueron agentes de seguridad y militares, pero también asesinó a políticos de UCD, PP, PSOE y UPN, jueces, fiscales o simples particulares que se cruzaron con el terror sangriento. Centenares de españoles vivieron escoltados durante décadas, con la amenaza del tiro en la nuca o la bomba lapa amargando sus existencias. Entre aquellos terroristas figuraba Arnaldo Otegui, el actual líder de Bildu, un partido salido del laboratorio de siglas de ETA, y entre los que hacían apología de los asesinos estaba su hoy portavoz en el Congreso, la periodista Aizpurua, que tiene la macabra osadía de sermonearnos con una pose de supuesta superioridad.
Sánchez ha hecho muchas cosas repugnantes. Pero la más execrable es su blanqueamiento de ETA, a la que ahora quiere retirar de la relación europea de organizaciones terroristas al dictado de Otegui, cuando todavía quedan más de 370 asesinatos sin resolver. Sánchez ha incorporado al partido de ETA a su mayoría gubernamental, cuando había prometido con firmeza que no lo haría jamás. Sánchez ha sacado a la calle antes de tiempo a algunos de los sicarios más sádicos de ETA. Sánchez escupe sobre las lápidas de las víctimas, incluidas las de su propio partido, que sufrió doce asesinatos.
El PSOE es el partido que en 2008 expresaba su «infinita repulsa e inmenso dolor» ante el asesinato de su compañero Isaías Carrasco y advertía que «no vamos a aceptar el totalitarismo de las balas y la extorsión». «Acabarán en la cárcel y los tribunales y nunca doblegarán la voluntad de la democracia española», zanjó muy solemne el ministro Rubalcaba. Pachi López, el líder de los socialistas vascos, portó el féretro de Carrasco con los ojos anegados de lágrimas.
Ese mismo PSOE es el partido que ahora calla mientras Sánchez apura hasta las heces su alianza con ETA. Tan escandaloso silencio supone la mayor miseria moral del Partido Socialista Obrero Español, que por lo que se ve está integrado por guiñoles sin escrúpulos, capaces de tragar con lo que sea por sus carguitos.
¿Cómo puede alguien con un mínimo de conciencia votar todavía a Sánchez y al PSOE? Pues porque aquí ha habido 30 años de ingeniería social en vena.