Ana Sánchez-ÁBC

  • El presidente intenta que el odio a Trump sustituya al miedo a Vox; si la jugada funciona, no descarten elecciones
Pedro Sánchez lleva tiempo buscando un eje político que sustituya al miedo a Vox como movilizador del votante socialista. Las encuestas y las últimas elecciones autonómicas están dejando claro que el lema «viene la ultraderecha» ya no le funciona, y Gaza no ha sido capaz de tomarle el relevo.

Al Sánchez de hoy le resulta indiferente convertir a España en un paria entre sus aliados, así que vio el cielo abierto con el ataque de Estados Unidos a Irán. Desde entonces está intentando que el odio a Donald Trump le sirva para marcarse ‘un Carney’. Es decir, replicar el vuelco electoral que protagonizó el actual primer ministro de Canadá impulsado por el regreso del republicano.

El Partido Liberal de Mark Carney llegó a estar hasta 20 puntos por detrás de los conservadores en la carrera electoral, pero el regreso del republicano irrumpió de lleno en la campaña y centró el debate público. El perfil técnico del hoy primer ministro -exgobernador de dos bancos centrales- le hizo emerger como el candidato más capacitado para hacer frente a las amenazas de Trump y le llevó al poder en 2025.

Al inicio del 2026, su intención de voto se resentía. Los conservadores le empataban o sacaban una ligera ventaja, pero Carney volvió a obrar el milagro gracias a Trump. Su aplaudido discurso en el Foro de Davos, en el que defendió la soberanía nacional y la autonomía de Canadá frente a las presiones externas, logró invertir la tendencia y ponerle unos puntos por delante de la oposición.

Después, el ‘sorpasso’ se ha consolidado con varios discursos de política interior en los que Carney apostó por reducir barreras comerciales como parte del plan para disminuir la dependencia de la Casa Blanca. La ventaja que había logrado en Davos se duplicó y hay encuestas que le sitúan 12 puntos por delante de los conservadores.

Las proezas electorales existen y es innegable que Carney no habría logrado las suyas sin Trump. Por tanto, si el canadiense pudo, ¿podrá también Pedro Sánchez?

En Moncloa creen que la posibilidad existe, pero hay tres diferencias que hacen pensar que es muy pequeña.

La primera es que Carney gobierna con un perfil muy técnico, mientras el socialista se guía por el argumentario. La segunda es que el canadiense no se había dedicado a dividir a su país, por lo que ha sido escuchado de manera mucho más transversal que Sánchez, cuyo ‘no a la guerra’ ha vuelto a alimentar la polarización.

La tercera es que Carney ha presentado un plan creíble para fortalecer la economía y la unidad interna frente a las medidas de Trump. Sánchez no sale de las consignas y lleva años haciendo cesiones a sus socios que son contrarias a la unidad interna.

Por tanto, parece difícil que el odio a Trump sustituya al miedo a Vox, pero si el socialista lo consigue, no descarten elecciones.