Editorial-El Correo

  • La reconstrucción de puentes en el bloque de investidura y el ‘no a la guerra’ dan algo de aire a su legislatura hasta las elecciones andaluzas

Pedro Sánchez atraviesa la Semana Santa sin el Vía Crucis que le ha acompañado en los pasajes más trascendentales de la legislatura. La reconstrucción de puentes en el volátil bloque de investidura y el ‘no a la guerra’ al que se van sumando los principales líderes europeos han insuflado aire al presidente del Gobierno, a pesar de la presión de la oposición. La aprobación del escudo social propuesto por el Ejecutivo para capear el impacto de la crisis de Irán en la economía española ha supuesto la recuperación de amplios consensos, en un momento de virulencia entre los partidos incentivada por la concatenación de elecciones. El holgado apoyo ofrecido por los socios y la calculada abstención del PP han servido a Sánchez para sacar adelante sin los agobios de ocasiones precedentes un importante paquete de ayudas. Tras un ciclo de penurias y desplantes, Junts ha vuelto al redil del acuerdo, aunque está por ver hasta cuándo.

Sánchez se rearma y buscará proyectar su imagen en la convención organizada en Barcelona los próximos 17 y 18 de abril con referentes internacionales del socialismo como el brasileño Lula y el colombiano Petro, con el fin de realzar las políticas progresistas en tiempos de incertidumbre. Incluso, el estratégico movimiento impulsado por el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, al adelantar las elecciones al 17 de mayo ha sido aprovechado por Sánchez para darle un arreón a su desgastado Gabinete. El ascenso de Carlos Cuerpo como vicepresidente primero en sustitución de María Jesús Montero, enviada al reto andaluz con unas indisimuladas pobres expectativas, traslada dos potentes mensajes, pese al talante moderado del nuevo ‘número dos’ del Gobierno: la gestión económica pasará a la primera línea para lo que reste de legislatura, mientras Sánchez intensifica la operación de achique de espacios del entorno Sumar que representa Yolanda Díaz.

Las siglas a la izquierda del PSOE han reaccionado a remolque del retroceso electoral en Extremadura, Aragón y Castilla y León. El descalabro de Podemos le ha empujado a dar un volantazo a su estrategia de rechazar la confluencia con fuerzas supuestamente afines, en un gesto casi de ninguneo en el caso de la relación con Díaz. Del desdén, ha pasado a última hora a un intento desesperado por integrarse en la coalición que lidera IU en Andalucía, junto a Sumar. Un movimiento del que se queda aparentemente colgado Gabriel Rufián, dinamizador de esas alianzas.