Pablo Sebastián-Vozpópuli

  • La espera de la caída del sanchismo se nos está haciendo muy larga pero su hundimiento llegará, cual catarsis, con gran estrépito político, económico y judicial

Pocos y desganados aplausos recibió Donald Trump tras su discurso triunfal y falsario de Davos, plagado de amenazas y descalificaciones contra Europa -incluso en lo personal contra Macron- en el que como una única novedad afirmó que ‘no utilizará la fuerza contra Groenlandia’. Quizás porque Trump ya sabia que el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, estaba cerrando un compromiso con Dinamarca para que este país le cediera a los EE.UU. ‘la soberanía’ de la base militar americana de Pituffike en Groenlandia y algunos terrenos para algunas otras bases, pero nunca la soberanía plena de la isla.

Una presunta -aún por confirmar- y original salida de compromiso de USA con Dinamarca que le permitiría a Trump construir su ansiada ‘cúpula dorada’ antimisiles y que, en medio del aparente entusiasmo, le ha llevado a anunciar que ya no impondrá nuevos aranceles el 1 de febrero a la UE, dando por zanjada la crisis abierta entre Washington y Bruselas.

Así como entre los EE.UU. y Dinamarca. Estamos ante la enésima voltereta del inagotable Trump que ahora tiene entre manos un nuevo juguete con su pretendido ‘Consejo de la Paz’, con el que aspira a organizar una nueva ONU trumpista presidida por él mismo. Aunque su gran asignatura pendiente es la guerra de Ucrania de la que ayer volvió a hablar con Zelenski, aunque ahora dice que esa guerra solo concierne a la UE y la OTAN.
Ojo al Mundial de fútbol

Trump es, y actúa, como un niño caprichoso y megalómano al que le resulta difícil negarle algo sin que no te responda con algún tipo de agresión. Por lo que no sería de extrañar que Trump haya rectificado frente a la UE, además de por el posible acuerdo limitado con Dinamarca, por otra cuestión nada baladí como sería el riesgo y temor de que las naciones europeas decidieran -como se ha dicho en redes sociales- boicotear el Campeonato Mundial de Fútbol de EEUU que se inicia en junio, si el presidente americano insiste en agredir a Europa. Y ese sí que sería, por extraño que parezca, un asunto preocupante para Trump porque el presidente norteamericano, con la ayuda de su amigo/lacayo Ganni Infantino, presidente de la FIFA, pretendía acaparar desde Washington el protagonismo del Campeonato Mundial de Fútbol ante sus cientos de millones de telespectadores.

En todo caso, prudencia y máximo cuidado porque Trump puede cambiar de opinión por enésima vez. Aunque sus últimas agresiones han servido para unir más entre ellos y frente a Trump a los miembros de la UE y de la OTAN, como lo vimos en los firmes y duros discursos en Davos del presidente galo Enmanuel Macron y del primer ministro canadiense Mark Carney. Los que ya saben que con Trump no caben ‘apaciguamientos’ ni bajar la guardia ante sus invectivas sino el hacerle frente con firmeza y decisión.

Catástrofe mortal, ferroviaria y política

No es necesario ni hace falta pedir la dimisión de un cadáver político como es el ministro Oscar Puente porque su presencia en el Gobierno contamina a todo el Consejo de Ministros y al presidente Pedro Sánchez, que lo puso al frente de ese funesto Ministerio de Transportes. En el que dejó su huellla otro de los pupilos preferidos del presidente, José Luis Ábalos que ahora,  procesado por corrupción, ya va camino del banquillo del Tribunal Supremo en compañía de Koldo Garcia. Y muy pronto también de Santos Cerdán.

Llevamos dos años de continuas incidencias en la red ferroviaria nacional, bajo el mando político de Oscar Puente. Y, finalmente, la acumulación de los problemas y la falta de un ‘buen mantenimiento’ (y de buenas soldaduras en las vías) nos ha llevado a la mortífera catástrofe de Adamuz. A la que se le han añadido otros accidentes en Cataluña y Cartagena. Y en la que, y a buen seguro a lo largo de los últimos años, han incidido el exceso de trenes, recorridos y de la velocidad. Todo eso que que ahora será sometido a revisión.

A ser posible dentro de una auditoría general del sistema vigente de la ‘alta velocidad’ que, a lo mejor, no debería ser tan alta pero si mucho más segura. Un problema nacional que le ha estallado en las manos a un Pedro Sánchez al que se le acumulan deserciones de aliados nacionalistas y de la extrema izquierda todos al grito de ¡sálvese quien pueda!, y en la espera de que, en cualquier momento, llegue a La Moncloa el camión de las mudanzas de los enseres de la familia Sánchez/Gómez, con el colchón incluido.

Aunque Sánchez todavía cree que resistirá unos meses más, con: su esposa Begoña y su hermano David en ‘capilla’ judicial; su fiscal Álvaro Garcia Ortiz condenado; su hombre en Cataluña, Salvador Illa, enfermo; sus socios de la extrema izquierda (Sumar, Podemos e IU) a palos entre ellos; y con su gran ‘conseguidor’ José Luis Rodríguez Zapatero investigado en Madrid, Caracas y Washington por presuntos casos de corrupción.

Ultimátum a los socios

Sánchez, si le llegara la camisa al cuello, podría levantar la voz y lanzarles un ultimátum a sus socios para pedirles que le aprueben los Presupuestos de 2026, o que se preparen para un duro e inmediato adelanto electoral. Y, a partir de ese momento, a revisar todo lo que lograron con Sánchez frente a un nuevo Gobierno de PP y Vox. Pero Sánchez no tiene resuello ni es capaz de subir la voz en su gobierno ni en el patio trasero de las alianzas fallidas con unos políticos ‘apandadores’. Los que, a buen seguro, a su paso por el comedor de La Moncloa, se han llevado hasta la cubertería de plata del patrimonio nacional.

La espera de la caída del sanchismo se nos está haciendo muy larga pero su hundimiento llegará, cual catarsis, con gran estrépito político, económico y judicial. Y con una crisis del PSOE probablemente terminal y similar a la autodestrucción de los partidos socialistas de Francia e Italia. Es verdad que hay que esperar pero, mientras tanto, ayudar y acompañar a las familias de las víctimas de la catástrofe ferroviaria valorando los heroicos y ejemplares comportamientos de anónimos ciudadanos y de los servidores públicos que con gran eficacia y devoción asistieron a los heridos, víctimas y familiares con una actuación generosa y ejemplar.