Tonia Etxarri-El Correo
No ha podido estirar más la temporada estival hasta finales de agosto. Ceuta obliga. Pedro Sánchez vuelve hoy arrastrando los pies. Antes de presidir el Consejo de Ministros con la ocupación de la ciudad autónoma como monotema en el orden del día, ha convocado por fin al Consejo de Seguridad. Se resistía a activar el máximo foro interministerial para dar respuesta a una emergencia que está afectando a la convivencia y a la seguridad del Estado y que ha tardado en reconocer. Y, al fin, casi un mes más tarde de la avalancha de 80.000 inmigrantes, se ha rendido a la evidencia y decretará el mando único para Ceuta, como le venía reclamando el presidente Vivas desde el minuto uno de la crisis.
El presidente del Gobierno, después de haber calificado el asalto de casi tantos miles de inmigrantes como vecinos tiene Ceuta, de «un ataque y una violación de la integridad territorial de España» y de haber agradecido al Gobierno de Marruecos por su colaboración, se sumergió en las aguas del desentendimiento dejando que la situación se fuera pudriendo. Hasta hoy. Ha transcurrido casi un mes.
Se ha perdido mucho tiempo en este mes en el que los ministros han ido dando palos de ciego. La titular de Sanidad, Mónica García, por ejemplo, ha pasado de negar el colapso sanitario que han ido denunciando los médicos y enfermeras ceutíes a coordinarse con las comunidades autónomas para enviar 45.000 vacunas a Ceuta. Primero negar, luego insultar para acabar poniendo parches y salir del apuro.
Está siendo un retorno político muy agitado. La crisis de Ceuta, que está marcando ya el inicio del curso parlamentario, ha eclipsado los apuros judiciales del entorno de Pedro Sánchez. Así es que hay que hablar de la ciudad, que está sufriendo lo que no está escrito desde el 30 de julio. Por mucho que se empeñe el ministro Óscar Puente en distraer la atención pública postulándose como un posible sucesor de su amo… ¡para dentro de cuatro años!
La gestión del colapso de Ceuta es la historia de un fracaso. No hace falta ser un lince para comprobar que, después de la avalancha de finales de julio, las autoridades marroquíes aprovechan la mínima oportunidad para sacar pecho y reclamar Ceuta y Melilla como ciudades de su propiedad. Cuatro años después del giro histórico de Sánchez sobre el Sáhara Occidental, Rabat sigue provocando con sus pulsos en territorio español. ¿La inacción del Gobierno ha sido fruto de una incapacidad manifiesta o de una negligencia programada? Si el Gobierno español dice estar tan agradecido a Marruecos mientras maneja un discurso y su contrario (repatriación para la reagrupación familiar en días pares y acogida y reparto por las comunidades autónomas en los impares), no podrá colgarse la medalla de estar defendiendo los intereses de los ceutíes.
Porque la gente no es tonta aunque muchos se hagan los despreocupados. ¿Cómo puede seguir así Ceuta un mes después de la avalancha?
Si se colaron 80.000 almas, ¿quién nos asegura que no van a aparecer 200.000 en la próxima remesa «y se llevan Ceuta por delante», como se pregunta Vivas? No es el cuento del lobo. Son preocupaciones lógicas. El problema de Ceuta será el de España. Y una carga para Europa.