Francisco Rosell-El Debate
  • Es evidente que EEUU –no solo Trump, pues ya Biden se le anticipó– le ha puesto la proa a Sánchez, por más que este presuma de absoluta colaboración con los aliados y apele a esa «legalidad internacional» que da cobertura y burka a tiranías feminicidas como las de los ayatolás iraníes

Ni España puede ser expulsada de la OTAN, aunque ella misma se haya puesto en retirada y sea relegada por su proclividad a la dictadura comunista china, ni EE.UU. pondrá fin a su presencia militar en las bases de Rota y Morón, aunque ya deslizara esa hipótesis la secretaria de Estado con Obama, Hillary Clinton, con el Gobierno Zapatero, quien antes quiso ponerse en el mapa como jefe de la oposición no levantándose al paso de la bandera de las barras y estrellas. Sin embargo, hay anuncios que, con solo enunciarlos, obran consecuencias por sí mismos, aunque no se materialicen del todo. Como esas factorías automovilísticas que no se cierran de inmediato, sino poco a poco no encargándoles nuevos modelos.

Algo que, obviamente, no ignora Donald Trump, superviviente la madrugada de este domingo de un tercer magnicidio, al lanzar sus aparentes baladronadas o cuando su Administración bombardea con papeles internos especulando con la posibilidad de suspender la presencia de España en la OTAN por negar permisos de acceso a sus aeronaves de acceso en Morón y Rota en el curso de su actual conflicto con Irán o se lanza alguna especie sobre la marroquinidad de Ceuta y Melilla al formar parte de su territorio como el exSáhara español. De hecho, la Marcha Verde para adueñarse de la excolonia española, aprovechando Hassan II la agonía de Franco, iba encabezada por una gigantesca enseña norteamericana para luego, al cabo de los 40 años, rematar la partida con Sánchez –sin darle vela ni a su Consejo de ministros ni a las Cortes– asumiendo las reivindicaciones del hijo, Mohamed VI, si bien por deletéreas razones aún por desentrañar, al igual que el contenido de teléfono hackeado por los servicios secretos del vecino del sur. Quizá aparezcan como el vídeo secreto de su pucherazo en el comité federal que lo defenestró.

En este sentido, no cabe creerse a pies juntillas las intimidaciones de Trump tras contemplar la España de Sánchez como peón de los países Brics que orbitan alrededor de China, como tampoco hacerse los distraídos como Sánchez y su «nosotros no trabajamos sobre e-mails, sino sobre documentos oficiales y posicionamientos que haga el Gobierno de EEUU». Empero, es evidente que EEUU –no solo Trump, pues ya Biden se le anticipó– le ha puesto la proa a Sánchez, por más que este presuma de absoluta colaboración con los aliados y apele a esa «legalidad internacional» que da cobertura y burka a tiranías feminicidas como las de los ayatolás iraníes Una impostada legalidad internacional que no protege derechos humanos fundamentales y que quebrantó Javier Solana como secretario general de la OTAN para contener la carnicería de la guerra de los Balcanes desatada tras saltar por los aires la antigua Yugoslavia.

De momento, el Departamento de Guerra de Pete Hegseth, del que emanan estos documentos que mortifican a España, ha mudado al cuarto de las escobas a los dos enlaces militares –un teniente coronel y un capitán de navío– que España tiene acreditados en el Pentágono al haberlos desplazado al habitáculo de gobiernos a los que restringe la información confidencial sobre operaciones en marcha. No se puede estar en la OTAN y en la UE siendo –cada día de forma más indisimulada– el caballo de Troya de China.

No en vano, fía sus comunicaciones estratégicas a multinacionales del Partido Comunista chino vetadas en las instituciones occidentales por su alta peligrosidad en cuanto a la seguridad e integridad internas. Es más, en 2019, el Ministerio de Defensa español recomendó la desconexión inmediata de Huawei después de incluirla la Casa Blanca en su lista negra. Luego, pese a la exhortación del Comité de Inteligencia norteamericano de que España jugaba con fuego al adjudicar contratos públicos en materias sensibles a Huawei, departamentos clave como Defensa e Interior, la milicia y la policía, se han entregado con armas y bagaje a su tecnología, esto es, al Estado vigilante 4.0 del Gran Hermano Xi Jinping.

No por ‘casualidad’, pero sí por ‘causalidad’, sucedió el año 2019 en el que Sánchez manejó su primer Presupuesto propio tras la moción de censura contra Rajoy y se constituyó la consultora Acento por José Blanco, hombre fuerte con Zapatero en el Gobierno y en el PSOE, a la que incorporó al exministro del PP, Alfonso Alonso, para darle un aire trasversal, y que se disparó como un cohete. A este fin, confió los intereses de Huawei a dos expertos en puertas giratorias como el matrimonio conformado por Antonio Hernando, hoy secretario de Estado de Comunicaciones, y Anabel Mateos, miembro de la ejecutiva federal socialista, que ha deambulado de la consultora al Gobierno y al PSOE como Pedro por su casa.

Si la Policía belga registró diversas oficinas de Huawei en Bruselas investigando el pago de sobornos a eurodiputados para que hicieran lobby y aquí se sorteó el escollo con una iguala millonaria con Sánchez desatendiendo la requisitoria del Consejo de Europa de reglar los lobbies y conflictos de interés paredaños al tráfico de influencias. No es extraño que, con Begoña Gómez camino del banquillo por ese presunto delito y otros tres más, los escurridizos Blanco y Zarrías, el de los ERE, con la fontanera Leire Díaz en nómina, hayan vendido sus participaciones o clausurado sus negocios más rápido de lo que circulan los trenes de alta velocidad con el ministro Puente.

En este contexto, España aborda una calamitosa «autorregulación» de su inmigración ilegal haciendo el caldo gordo a las mafias sin fronteras y extiende la alfombra roja a su colonización por parte de la dictadura china, a la par que el expansionismo alauita refuerza sus aspiraciones del Gran Marruecos reforzado por los socios a los agravia España. Por mor de ello, se atiranta el denominado ‘Arco del sobresalto’, esto es, el eje Baleares-Estrecho-Canarias como epicentro de la defensa española desde los 60, dada su importancia para sus fronteras, así como para el tráfico marítimo global. De ahí que, a propósito de la última cesión española con Gibraltar, el Ejército británico se agarre a la base militar del Peñón a diferencia de una debilitada España con Marruecos deseoso de plantar sus botas en Ceuta y Melilla, una vez que sus babuchas dominan las ciudades autónomas.

En esa encrucijada, con España habiendo deshecho todos los equilibrios de poder en el norte de África con su dación del Sáhara como nación administradora, ya no podrá echar mano de EEUU –como en la ocupación del islote de Perejil por paramilitares marroquíes en 2002– al haber atado Mohamed VI sus relaciones con el nudo gordiano de los Acuerdos de Abraham de 2020 con EEUU e Israel, y Sánchez haberle dado unas cuantas lazadas más para hacerse el gallito en el palenque de Trump.

Si a Colin Powell le costó Dios y ayuda localizar el dichoso peñascal de Perejil invadido por Marruecos cuando le telefoneó la entonces ministra de Exteriores con Aznar, Ana de Palacio, ni que decir tiene lo que le importará a la administración norteamericana enajenarse de una nación a la deriva como la balsa de piedra de la novela de José Saramago que se desgaja del orbe occidental. ¿Y qué colegir de la aplicación del artículo 5 de la OTAN en salvaguarda de un socio que se sienta amenazado?

Con todo, lo peor es que, con Sánchez señalado por EEUU para gozo de su ombligo y postergado por la Unión Europea, donde ocupa el hueco dejado por el húngaro Orban, no haya adultos en La Moncloa rememorando aquel cuarteto de generales que, según publicó la prensa estadounidense en 2018, servían como funcionarios del gabinete de Donald Trump con el suficiente carácter para enfrentarse a él y para frenar las resoluciones más irracionales del primer presidente empresario de EE.UU. Todo el mundo tiene su talón de Aquiles, pero nadie lo expone de manera desaprensiva como la España del trampista Sánchez.