Ignacio Camacho-ABC

  • El Gobierno no va a caer por esta catástrofe. Pero ningún chivo expiatorio ocultará el alcance de sus responsabilidades

Pueden abandonar toda esperanza aquellos que crean que el Gobierno no sale de ésta. No va a caer por la tragedia. No cayó por el apagón, no cayó por la dana –Mazón sí, aunque tarde y defenestrado desde la calle Génova–, no cayó por el récord de muertos de la pandemia. No va a caer por dos razones: porque no existe mayoría parlamentaria alternativa para desalojarlo a la fuerza y porque no tiene vergüenza. Quizá también por una tercera, que consiste en que la estrategia de la polarización ha logrado que muchos de sus partidarios estén dispuestos a digerir la corrupción, la negligencia, la ocultación, la incompetencia y lo que sea con tal de impedir que gobiernen las derechas. Como mucho podría rodar la cabeza de Óscar Puente, y sólo si las evidencias le aprietan y las cosas se ponen muy feas. A estas alturas ya deberíamos haber asimilado que el sanchismo político y sociológico es un estado mental carente de cualquier tipo de conciencia ética.

Por eso, lejos de plantearse siquiera una petición de disculpas, Moncloa va a comenzar la contraofensiva ahora que ha terminado la tregua del luto impuesta de facto por Moreno Bonilla. La primera fase fue, a finales de semana, el intento de culpar al 112 de Ayuso, cómo no, de la tardanza en el socorro de las víctimas del Alvia inexplicablemente ‘perdido’ en las pantallas del control central de las líneas. El siguiente paso será cargar culpas sobre las empresas encargadas del mantenimiento de la vía, pese a que Adif dio el visto bueno a la reparación que dejó intactos algunos raíles de fabricación antigua. Y raro será que el soldador del tramo afectado no acabe como cabeza de turco ante la justicia. Oiremos hablar de Angrois, del Yak-42, del Prestige, de cualquier siniestro anterior que sirva para apostrofar a la oposición con reprobaciones retroactivas; si en algo son buenos los socialistas es en la fabricación de relatos para contrarrestar la crítica.

Aun así esta vez les resultará difícil eludir responsabilidades. Entre otras razones porque son ellos quienes han establecido la costumbre de señalar culpables preventivos en cada catástrofe. Su mayor ‘chance’ puede estar en los lentos tiempos judiciales, que les darán margen para agarrarse a las dudas razonables y ganar tiempo con el que rebajar la tensión de una opinión pública justificadamente ansiosa de catarsis. Pero el veredicto popular está ya emitido en base a los indicios que apuntan al Ejecutivo de Sánchez. Al ministerio donde Ábalos amañaba contratos y colocaba amantes, y donde su sucesor se ha ocupado más de las redes sociales que de las ferroviarias mientras desdeñaba los avisos de los maquinistas del AVE o gastaba cientos de millones en regalar abonos clientelares. No, no van a caer y ya veremos si al menos dimite alguien; lo que tampoco podrán lograr es dar la vuelta al clima de legítima indignación que se respira en la calle.