José Luis González Quirós-El Español
  • Sánchez ha deducido acertadamente que si no hay votos suficientes, es de necios ir a una votación. Así que no va casi nunca al Congreso.

El filósofo Julián Marías dijo en cierta ocasión que le parecía extraño que lo de «words, words, words…» se le hubiese ocurrido a un inglés y no a un español, porque España es el país en que las palabras tienen más importancia. Casi nunca se dice lo que pasa, sino que pasa lo que se dice.

No creo que de haber conocido a Pedro Sánchez hubiese cambiado de opinión. Porque Sánchez es un auténtico maestro en hacer como que hace cosas cuando sólo usa palabras.

La última invención de nuestro verboso presidente ha sido protestar porque su amiga Von der Leyen haya empleado la palabra «rearme» para referirse a lo que Europa necesita. A Sánchez no le gusta el término, acaso le parezca belicista, y preferiría hablar de «tecnologías de doble uso» y de eufemismos similares. Algo que le hiciera más hueco a su declarada intención de incrementar el gasto conforme a la norma europea sin pasar por el Congreso, que seguramente tendrá que ocuparse de cuestiones de mayor enjundia.

De paso, le sería más fácil colar el gasto que ya hacemos, por ejemplo, en ciberseguridad, cambio climático o en tiritas, y pasar la frontera de Bruselas con menos apuros.

Sánchez no es el inventor de este noble deporte del escaqueo verbal, pero sí es un consumado maestro. Se podría decir que aprendió con el inspirador Zapatero, inventor de aquello de la «alianza de civilizaciones». El «contador de nubes» tuvo ministros muy en la misma onda, como aquella inolvidable señora Trujillo que creó el portal Kelifinder, que regalaba zapatillas deportivas para que los jóvenes las usasen buscando «soluciones habitacionales».

Es difícil imaginar un remedio más atractivo y barato para una política sin el menor contenido, sobre todo positivo. No en vano se decía de Zapatero que nunca se podría encontrar en él una mala palabra… pero tampoco una buena acción.

Si recordamos bien, Sánchez empezó una nueva etapa en la política española sacándole todo el jugo posible a un truismo. Aquel famoso «no es no», antecedente gramatical de otra ocasión histórica, la memorable ley del ‘sí es sí’, que ha deparado tantas horas de gloria al sector más progresista del Gobierno.

Sector que ahora anda, por cierto, algo corrido y muy escamado por los aires belicistas que adopta Sánchez, cuando lo que necesitaríamos es salir de la OTAN, según su experto criterio.

«Sánchez es un auténtico maestro en hacer como que hace cosas, cuando sólo usa palabras»

El prestigio de la palabra de Sánchez no está sólo en su enorme inventiva. Es también un genio en la concisión.

Resulta inolvidable su declaración ante los efectos de la DANA valenciana: «Si necesitan ayuda que la pidan». Pero ya se ve que ni eso sabe hacer el tal Mazón. Tal declaración apenas admite comparación ni en lo que se refiere a su rotundidad o brillantez ni en su capacidad para dar por cerrada cualquier interpretación de malas intenciones.

Sólo puede emparejarse con otra de las estelares apariciones de Sánchez. Ese emotivo momento que nadie de buen corazón olvidará jamás cuando dijo aquello de «hemos vencido al virus», suscitando de nuevo en el alma de los españoles la confianza en que la vida volvía de nuevo a renacer.

Tampoco habría que olvidar la agilidad con la que fue capaz de resolver el marrón saharaui con el que España venía lidiando durante décadas, y que Sánchez liquidó mediante una simple carta. Aunque si no queremos dejarnos llevar de una admiración arrobada, tal vez habría que anotar que, en tal ocasión, no anduvo fino a la hora de negociar las ventajas de semejante maniobra.

Seguro que pensaba que ya era hora de que los españoles empezásemos a ser generosos con el reino alauí que tantas muestras de amistad y deferencia ha tenido con nosotros.

En realidad, la habilidad verbal de Sánchez debería verse como una consecuencia lógica de su creatividad política. No convendría olvidar la celeridad con la que supo ver la existencia de una mayoría progresista en el Congreso.

Así que, cuando cualquier dirigente estaría sonado ante un resultado bastante adverso, él supo encontrar la fórmula adecuada y la condensó en un vibrante «somos más», que dejó al pobre Feijóo bastante turulato.

«Sánchez ha descubierto que se puede gobernar sin el Congreso, lo que permite ir más deprisa y evitarse disgustos innecesarios»

Luego ha sabido dirigir esa mayoría con mano maestra, sin perder la serenidad cuando algún dirigente un poco atrabiliario le ha querido amargar la fiesta con un voto infiel, irreflexivo y botarate.

Sánchez, que siempre piensa bien, ha deducido acertadamente que si no hay votos suficientes, es de necios ir a una votación. Así que no va casi nunca al Congreso, no sea que una zancadilla inoportuna le haga perder su compostura varonil y asertiva.

Ya puestos, ha descubierto que se puede gobernar sin el Congreso, lo que permite ir más deprisa y evitarse disgustos innecesarios. Además de que su figura se coloca muy por encima de los que se pasean por ese viejo patio madrileño sin saber qué es lo que quieren.

Como Sánchez sí lo sabe, y sabe decirlo con propiedad y muy clarito, no quiere perder más tiempo del necesario en divagaciones. Para eso ya tiene a voceros muy apropiados: la señora Montero si se trata de abundar en verbosidades, y el señor Patxi López cuando se precisen laconismos. Sin olvidar las inolvidables y brillantes intervenciones del pasmo vallisoletano.

Le quedan dos años de legislatura, y podemos estar seguros de que no le faltarán palabras hasta firmar otra convocatoria de elecciones. Aunque algunos malpensados del norte de Europa opinen que le ha sobrado caradura para presumir de que la economía española va como un tiro y, al tiempo, hacerse el pobre una vez más, sugiriendo que los más ricos paguen lo que les toca en el festín que se avecina.

Es lo que tiene ser un buen mago de la palabra, que siempre hay gente que te coge tirria.

*** José Luis González Quirós es filósofo y analista político. Su último libro es La virtud de la política (Unión Editorial).