Gabriel Albiac-El Debate
  • Y Sheinbaum dio con Isabel Díaz Ayuso. Chica de aire encantador… Pero, ya se sabe, el diablo puede disfrazar sus fealdades tras todos cuantos encantos le convengan

Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Claudia Sheinbaum se ha declarado en guerra. Motivos, desde luego, no le faltan.

México ocupa hoy el tercer puesto en el índice mundial de criminalidad organizada. Su tasa anual de homicidios supera regularmente los treinta mil. Zonas enteras del país son, de facto, narco-repúblicas, en las cuales la potestad del Estado no existe. La cuota anual de mujeres asesinadas supera las tres mil. La corrupción policial y política es un pozo sin fondo. México –los «Estados Unidos de México», que preside la señora Sheinbaum, para ser institucionalmente exactos– es un Estado fallido. Sí, motivos le sobran a la presidente para declarar la guerra. Una guerra contra corrupción y crimen masivos, que años llevan ya amenazando con reducir el inmenso país a un tristísimo narcoestado.

Pero hacer la guerra a los cárteles puede salir muy caro. Incluso para una presidenta Es de lógica, pues, que Sheinbaum se haya buscado –como ya lo hiciera antes su ilustre predecesor– un enemigo perdido en la noche de los tiempos, con el cual descargarse de la impunidad que es concedida a los enemigos presentes del pueblo mexicano. 478 años en la tumba hacen bastante inofensivo aun al ser más legendariamente diabólico. Atizarle duro en la calavera a Hernán Cortés entraña pocos riesgos para un político mexicano. Mentarle la madre a un jefecillo narco de tercera fila puede ser sentencia de muerte para el más elevado de sus gobernantes.

Pero es conveniente actualizar la leyenda, para que la presencia demoníaca no se desdibuje. No le basta a la presidente de nombre intachablemente indígena con recalentar los viejos bodrios acerca de angelicales indígenas a los que, indefensos, masacran desalmados mercenarios venidos de la perversa España sin otra intención que la de devastar aquel Jardín de Edén que era su tierra. Los cuentos de terror conmocionan la primera vez. A fuerza de repetirlos, aburren mortalmente. Hay que reencarnar al diablo en alguna figura con rostro presente. Que cargue con todo el bagaje de sangre y cieno que en el cadáver de casi ya medio milenio perdió mucha prestancia.

Y Sheinbaum dio con Isabel Díaz Ayuso. Chica de aire encantador… Pero, ya se sabe, el diablo puede disfrazar sus fealdades tras todos cuantos encantos le convengan. Así, esta genocida Ayuso, reencarnación mejorada del abominable Cortés de aterradora memoria, que –explica la didáctica presidente– «llegó a invadir los territorios que había en esta tierra con una terrible discriminación, violencia, esclavismo, exterminio». Además, claro está, de prohibir, en 1527, la humanitaria tradición del sacrificio humano, de cuya magistral artesanía obtenían los aztecas la extracción de un buen puñado de corazones ante el altar de sus benévolos dioses: unos veinte mil al año, solo en la Gran Pirámide de Tenochtitlán. No sé yo si la perversa Díaz Ayuso soportaría tal ritmo.

«Y hay mexicanos que todavía piensan que México inició cuando llegaron los españoles», se queja amargamente la sufriente indígena Sheinbaum. Mexicanos, sí, sí los hay que piensan eso. Y, con ellos, la pequeña muchedumbre de quienes, no siendo del todo analfabetos, saben que en el territorio al que arribaron los españoles habitaban tribus en diverso grado enfrentadas; que el concepto de nación no era siquiera imaginable; y que, sí, sea del gusto o no de la señora presidente, México fue una nación que se inició con los españoles. Y que, al poco de ese inicio, gestó en aquella «Nueva España» un virreinato rico, próspero y culto. Tanto como para instaurar, en 1551, la segunda universidad de América; la primera la fundaron los dominicos españoles, por mandato pontificio de 1538, en Santo Domingo.

Todo engaños, por supuesto. Bien lo sabe la honorable presidente. Fantasías de la extrema derecha que gobierna en la capital de España. «¡Imagínense ustedes –se escalofría Sheinbaum– que hay mexicanas y mexicanos que traen a una española recientemente, presidente de la Comunidad de Madrid y reconoce a Hernán Cortés!» Sí, imagínenselo. Y tiemblen. Después de haber reído.