IGNACIO MARCO-GARDOQUI-EL CORREO
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En el difícil y siempre enrevesado proceso de aprobación de los presupuestos generales, el Gobierno ha decidido dejar lo importante, los números, para el final y se ha lanzado a por los votos, sin que nadie conozca qué votará al final. Lo demás es todo política, una política de riesgo extremo y con un enorme potencial de dividir aún más a la sociedad española. En medio del barullo, lo único claro es el fin: perdurar en la Moncloa, como sea y al precio que sea. La prueba de ello es que, de momento, no negocia las cuentas la ministra de Hacienda como sería lógico, sino los dos vicepresidentes que ocupan los primeros escalafones de esa nutrida categoría administrativa.

¿Sabe alguien cuál es el techo de gasto que es necesario fijar y enviar después a Bruselas dentro de muy pocas semanas? ¿Se han efectuado las previsiones finales de los ingresos públicos? ¿Se conocen las prioridades del gasto, en estos momentos en los que asistimos a su crecimiento descontrolado? De eso no habla nadie, solo se habla de indultos, de cambios en la legislación penal y de acercamiento de presos. Es decir, en el peor momento de la peor crisis económica padecida desde el final de la Guerra Civil, con caídas extremas del PIB y crecimientos terribles del paro y en medio de una pandemia que no cesa y afecta directamente a nuestras vidas y a nuestros comportamientos sociales, el gobierno habla de presos. De los del norte y los del este, que al resto no le toca. Y si fuera necesario, volverá a hablar de Franco, que es siempre muy socorrido.

Por cierto, mañana se inicia el proceso de los indultos a los protagonistas del ‘procés’. Curioso, los afectados han dicho que no lo quieren y han prometido que ‘ho tornarem a fer’. Pues nada, será el primer indulto impuesto y obligatorio de la historia y estará concedido a quien promete insistir en el delito cometido. Si es que tan grave abolladura a la Constitución sigue siendo delito entonces, que esa es otra.

En la peor crisis económica desde la Guerra Civil el debate presupuestario se centra en los presos

La excepción en este alborotado panorama es el PNV que sabe bien lo que quiere y a quien ya le han prometido lo que pide. Si se fija, el PNV tiene pactada la fecha para la Comisión Mixta de Concierto Económico, ese discreto encuentro en el que se arreglan los flujos financieros entre ambos gobiernos. Pedro Azpiazu deberá ir a Madrid con una maleta bien grande para estibar en ella todos los dineros que se va a traer. Mientras tanto, los partidos independentistas catalanes se enzarzan en una interminable disputa para sentarse, o no, en la mesa política destinada a definir… nadie sabe qué exactamente. Es decir, los vascos haciendo de catalanes, mimando el huevo, y los catalanes haciendo de vascos, angustiados con el fuero. ¡Cómo cambia la historia!

Total que los Presupuestos están a la espera de alcanzar los acuerdos políticos, antes de definir sus entrañas económicas. De momento los están perfilando entre Unidas Podemos, ERC y Bildu bajo la mirada de Carmen Calvo. Si lo pensamos bien, ¿Qué puede salir mal?

Menos mal que, lo queramos o no, siempre nos quedará Bruselas. La Comisión Europea está más que preocupada por la situación de la economía de la Unión, en general, y de la española en particular y dudo mucho que le agraden unos presupuestos encarrilados y pactados entre Unidas Podemos, ERC y Bildu. ¿Da igual lo que piense? Ya, claro nosotros somos soberanos y hacemos lo que nos da la gana. ¡Faltaría más! Correcto, pero no olvidemos que el dinero lo tienen ellos y lo necesitamos nosotros, lo cual es una contrariedad muy fastidiosa.

En realidad no debería ser todo tan complicado. Si queremos parecernos a Alemania y vivir como los alemanes, ¿por qué no hacemos como Alemania y le damos la dirección del país a una coalición entre el centro derecha y el centro izquierda que es donde se agrupa la inmensa mayoría del país? ¿Tan difícil es? ¡Que país, en qué momento y nuestros dirigentes, con estos pelos!